Sábado, 16 de diciembre de 2017

El sueño del Arquitecto

 

En la estética, lo sublime es la calidad de la grandeza, ya sea física, moral, intelectual, metafísica, espiritual o artística.

 

a Fray Martín de Santiago, arquitecto y dominico

 

Con la luz del atardecer se escuchan las melodías

y revolotean sus sones en los pináculos,

éxtasis y razón de un sentimiento,

arquitectura, fe, oración y sueño.

 

Se hace la música pétalo ardiente de la estrella,

lágrima hacia Dios

que es líquida alabanza que surca el firmamento.

Tu  sueño es un regalo en la ciudad que siempre estarás

en el genio de tu omnipotente arquitectura

inmensa y levantada en hermosa alabanza

sobre el perfil de la ciudad de las memorias.

 

Cuando camino por ella

y escucho el sonido de los pájaros agitados

al comenzar el nuevo día

mi sentimiento se funde en los espacios en que vivo.

Y me gusta pensar que las torres son el poema oculto

de la arquitectura

el edificio que contiene el poema de vida de sus moradores,

sus sueños y desvelos.

 

Constructivamente fruto de la tierra

arquitectura ejecutada piedra sobre piedra, hacia lo alto

fruto del sudor del sueño proyectado

de sus inmensos pilares de piedras arrancadas a la tierra

para trabarlas formando sierras de vientos

Pináculos de luz o senderos de grandeza y esperanza

abrazado a la luz de las estancias, a las ventanas abiertas 

por donde el día asoma en su grandeza.

Me sumerjo en la memoria íntima del sueño

incardinado en las piedras elevadas a la altura

de las torres sagradas de la historia.

Alzado de la tierra a la infinitud del cielo

a la memoria y gloria del Creador,

vestido de humildad  y de luz

y de un perenne sentimiento

que perpetua en el cosmos infinito su proyección hacia lo alto

Los pináculos, peines de viento en el azul del cielo,

llamarada de luz hacia poniente

de la humildad de ser piedra angular

y sueño , de estimado blasón de aconteceres,

cuando la tarde luminosa, en la ciudad, se eleva altiva

en el atardecer sagrado abrazado a la belleza que atesora

 

Vestigio de luz mecido por el viento

que mira hacia poniente, abierto de hermosura

piedras labradas a la quietud del día

acaso sueño de una historia íntima.

 

Sublime grandeza de la intensa súplica

de la oración del hombre en alabanza,

Arte de poseer el bien hermoso de un don en celestial destino,

que glorifica  la presencia de Dios aquí en la tierra.

 

Sus ojos acercados a la distancia

anhelantes de nuevas patrias

compusieron en silbido alegre

el compás de su aflicción.

La morada paciente.

El sendero iluminado.

Sus ojos

absorbiendo el espíritu de la distancia

abrigados por el presente, recargado de deseos,

construyeron para la vida,

la posibilidad del germen, refugio del silencio.

quietud que sosiega…