Jueves, 14 de diciembre de 2017

Misericordia y sabiduría

 
 
“El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas”  (Prov 8,22). Esas palabras del libro bíblico de los Proverbios se refieren a la Sabiduría de Dios. Personificada, ella canta sus orígenes y proclama su papel en la creación de los mundos.
En este himno estupendo, la Sabiduría va evocando las obras admirables que salen de las manos de Dios.  Todo ha sido creado con una sabiduría que, en realidad, se identifica con el amor, la providencia y la misericordia de Dios.
En este poema hay una idea que nos llama especialmente la atención. No es la Sabiduría la que dirige a Dios. Ella ha sido también formada por Dios. Es más, ella asiste al comienzo de los mundos no como una maestra. Estaba junto a Dios “como aprendiz”. Y, al mismo tiempo, “gozaba con los hijos de los hombres”. La Sabiduría es puente que nos une a Dios. 
 
ENTREGA Y DONACIÓN
 
La carta de San Pablo a los Romanos nos lleva a pensar que ese puente es Jesucristo. Por él estamos unidos a Dios. Y por medio de él hemos recibido la fe y la esperanza, Pero aún hay algo más, “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5).
He ahí que, de pronto, se abre ante nuestros ojos el misterio de la Trinidad de Dios. El Padre es Dios. El Hijo es Dios. El Espíritu Santo es Dios. No son tres dioses. Es la maravilla de la comunidad de Dios. El Dios de la paz, nos hace justos por medio de Jesucristo y derrama sobre nosotros el amor por medio del Espíritu. La Trinidad es dinamismo, actividad y entrega.
El evangelio que se proclama en esta fiesta de la Santísima Trinidad (Jn 16,12-15) nos lleva una vez más al contexto de la última cena. El mensaje de Jesús nos remite a su origen: “Todo lo que tiene el Padre es mío”. El Espíritu tomará de lo que pertenece a ambos y se lo comunicará a los discípulos. La Trinidad se hace donación y enseñanza, verdad y vida.
 
LA ÚLTIMA LECCIÓN
 
Como buen Maestro, Jesús dice a sus discípulos: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena”. ¿Qué nos dicen estas palabras?
 • En primer lugar, nos enseñan que aceptar el mensaje de Jesús requiere una preparación por parte del oyente. El Señor ha previsto una pedagogía especial para que pueda ser escuchado, aceptado y vivido.
•  En segundo lugar, se nos presenta el Espíritu de la Verdad. Con eso aprendemos que nuestras verdades no siempre son fáciles de creer, de proclamar y de vivir. La fe es un don, pero ese don supone una preparación y exige una respuesta.
• En tercer lugar, se nos anuncia la posibilidad y la alegría de llegar a la verdad plena. Así descubrimos que nuestra vida ha de estar marcada por la esperanza. Vamos haciendo camino, guiados por la luz del Espíritu que nos descubre la sabiduría y la misericordia  de Dios.
- Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y por la eternidad de gloria que nos ha sido prometida. Amén. 
                                                                  José-Román Flecha Andrés
 
 
 
El Papa Francisco ofrece casi todos los días un nuevo titular a los noticiarios. En su audiencia pública del sábado 14 de mayo estaba hablando sobre la virtud de la piedad. Esa misericordia con la que fijamos nuestra atención en las necesidades concretas de la persona. En su discurso incluyó un párrafo que en pocos minutos sería citado en todo el mundo:
“La piedad no se debe confundir con la compasión que sentimos por los animales que viven con nosotros; sucede, de hecho, que a veces se siente esto hacia los animales, y se permanece indiferente hacia el sufrimiento de los hermanos. Cuántas veces vemos gente muy unida a los gatos, a los perros, y después no ayudan con el hambre del vecino, la vecina, ¿eh? No, no. ¿De acuerdo?”
Inmediatamente han surgido voces que critican al Papa por su falta de compasión hacia los animales. Esas críticas son injustas. Por una parte, esa idea se encontraba ya en la encíclica “Laudato si’”, sobre el respeto a la casa común. Allí dice el Papa Francisco:
No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada. Esto pone en riesgo el sentido de la lucha por el ambiente” (LS 91).
Para ilustrar esta idea, el Papa recuerda a San Francisco de Asís, que alaba a Dios por las criaturas y también por aquellos que perdonan por su amor. En realidad “todo está conectado. Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad” (LS 91).
Pero esa conexión ha de verse también desde el otro lado. Por eso, añadía el Papa en la misma encíclica: “También es verdad que la indiferencia o la crueldad ante las demás criaturas de este mundo siempre terminan trasladándose de algún modo al trato que damos a otros seres humanos. El corazón es uno solo, y la misma miseria que lleva a maltratar a un animal no tarda en manifestarse en la relación con las demás personas. Todo ensañamiento con cualquier criatura es contrario a la dignidad humana” (LS 92).
Es bueno reflexionar sobre ese trípode que vincula al ser humano con los animales, con las demás personas y con el Dios del amor y de la vida. La ignorancia de una de esas relaciones tiene inmediatas consecuencias sobre las demás. El relato bíblico del paraíso nos ilustra sobre esa responsabilidad.  La ruptura con uno de esos polos significa y comporta un lamentable desgarrón en la armonía a la que todos somos invitados. 
                                                                                José-Román Flecha Andrés