Martes, 12 de diciembre de 2017

Stuart Park: "Nuestros amigos y vecinos no necesitan moralistas, sino personas que transmitan el amor de Dios”

Entrevista de Jaqueline Alencar al escritor inglés Stuart Park, premio Jorge Borrow de Difusión Bíblica, entregado en Salamanca el año pasado
Miguel Elías entregando a Stuart Park su obra ICTHUS

En estos días de primavera tuve el privilegio de recibir un nuevo libro de Stuart Park, escritor y premio Jorge Borrow de Difusión Bíblica. Se trata de In memoriam (Ediciones Camino Viejo, 2016), una nueva versión del  volumen publicado por Andamio en el año 1995. Es un libro para todos los tiempos porque nos habla de temas tan cotidianos para el hombre  como son el dolor y el sufrimiento, una constante a lo largo de la Historia de la humanidad. Me ha encantado recorrer las páginas de In memoriam para repensar sobre el hecho de que la muerte, las catástrofes naturales, las consecuencias de los conflictos bélicos, la corrupción, la injusticia social... son realidades que hacen surgir terribles interrogantes e interpelaciones dirigidas a Dios. Pueden traer duda y olvido. Pero la buena noticia es que Dios entiende y está dispuesto a tender una mano. Park nos retrata el dolor a través de la poesía contenida en el Libro de Job. Con gratitud he podido recordar que es lícito interpelar a Dios. Que es legítimo preguntar, como lo hizo Job. Y como lo hizo Jesucristo cuando en el Gólgota clamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?". Pues todavía le preguntamos: ¿Acaso tienes tú ojos de carne? No hay otro consolador mejor. De ello nos habla Park.

Pregunta.- Saludos, Stuart. Nos acaba de sorprender con un nuevo libro. ¿Cómo surge esta idea de abordar el tema del sufrimiento humano desde una perspectiva bíblica?  Me parece que en 1995 escribió una primera versión de este libro.

Respuesta.- ¡El primer sorprendido he sido yo, Jacqueline, ya que me había propuesto descansar durante un tiempo después de publicar 16 títulos en los últimos 7 años! La primera versión, publicada por Andamio en 1995, como dices, respondió a la iniciativa de un gran hermano y amigo, Juan Solé Herrera, a quien tuve el honor de visitar en su casa en Pozuelo durante los últimos meses de su vida. A pesar del cáncer que le consumía, tuvo siempre un espíritu de fortaleza y fe, y un día me llamó emocionado para proponer lo que él llamaba una «metapsíquica de bolsillo», ya que había encontrado ayuda en mi primer libro, Desde el torbellino, una lectura devocional del libro de Job. Al mismo tiempo, había sido testigo de la pérdida de personas cercanas, y sentí el deseo de ofrecer algo que pudiese ser útil en tales circunstancias. In memoriam responde a la fusión de ambas ideas.

P.- ¿Por qué este título In memoriam? ¿Pensó en alguien al escribirlo?

R.- Han pasado más de 20 años desde aquello, y a mi edad ya empieza a ser habitual encontrarnos con personas que han sufrido pérdida. Lo que motivó esta segunda versión fue un encuentro casual con una persona conocida que perdió a su única hija hace unos cinco años, y al preguntarle cómo estaba, se le llenaron los ojos de lágrimas. Me gustaría darle In memoriam, pensé, y aquí está en versión actualizada.

P.- ¿Quiénes deberían leer este libro? ¿Los consoladores o los que necesitan consuelo?

R.- El libro trata de una experiencia humana universal, el dolor humano, y presenta como respuesta la consolación de Cristo. Creo que el tema es válido para cualquier persona, creyente o no, que sufre pérdida o entra en relación con personas afligidas.

P.- Su libro nos hace recordar que el hombre busca a Dios en los momentos de angustia; pareciera que Él no tiene cabida en su felicidad...

R.- Cito a C.S. Lewis, en su libro Una pena observada, que comenta este fenómeno. Él dice que cuando estamos felices, Dios parece omnipresente, aunque aparentemente no le necesitamos, pero que cuando hay momentos de crisis, a veces parece que no está: «Pero vete hacia Él cuando tu necesidad es desesperada, cuando cualquier otra ayuda te ha resultado vana, ¿y con qué te encuentras? Con una puerta que te cierran en las narices, con un ruido de cerrojos, un cerrojo con doble vuelta en el interior. Y después de esto, el silencio. Más vale no insistir, dejarlo. Cuanto más esperes, mayor énfasis adquirirá el silencio. No hay luces en las ventanas. Debe tratarse de una casa vacía. ¿Estuvo habitada alguna vez? Eso parecía en tiempos». Lewis había perdido a su amada esposa Joy, claro está, y se le entiende.

P.- ¿Pertenece este libro a ese género literario, la Consolatio, tan presente en la cultura clásica, y que usted menciona en el libro, citando a algunos autores como Boecio, Cicerón, Horacio...? O no tiene nada que ver con el mismo.

R.- En efecto, en la cultura clásica surgió un género literario, la Consolatio, que pretendía proporcionar la palabra justa en tiempos de dolor, y ofrecer consejos para cubrir un expediente incómodo y doloroso. Resultan un tanto banales, aunque bienintencionados. Los oímos hoy, también: «Es ley de vida»; «Te acompaño en el sentimiento»; «Sé fuerte»; «Tu familia te necesita», etc. En la era cristiana Boecio, en su Consolación de la filosofía, plantea la vía de la razón para superar tiempos de aflicción (escribió el libro en una celda mientras esperaba su propia ejecución). El libro es impresionante, pero no ofrece la esperanza de Cristo. Su valor para mí consiste en la manera en que plantea la aparente injusticia e indiferencia de Dios, un tema que aparece con fuerza en la propia Escritura.

P.- Al final veo que para desarrollar su ensayo se decanta por otro texto anterior a la obra de Boecio, como es el libro de Job, para darnos un ejemplo del dolor humano pero también de consuelo y esperanza... ¿Continúa vigente el ejemplo de Job para los hombres y mujeres de hoy?

R.- Job es uno de los textos más impresionantes de la literatura universal. Situado en el corazón de la Biblia, registra en un lenguaje rico y sobrecogedor la angustia de un hombre que se siente abandonado por Dios, sin causa, y que espera ansioso su vindicación. Creo que muchos hombres y mujeres han sufrido una sensación similar.

P.- ¿Y qué ejemplo podemos tomar de los amigos de Job en cuanto a consoladores?

R.- Lo más llamativo del libro de Job es que se trata de lo que casi podríamos llamar una anti-consolatio, ya que los amigos de Job, a pesar de su intención de «condolerse de él y de consolarle», no hicieron más que ahondar en su dolor. Eran moralistas, que no entendían el clamor de Job, y se convirtieron en sus acusadores, desempeñando –sin darse cuenta–  el mismo papel que Satanás, el Acusador que buscaba su ruina. Nuestros amigos y vecinos no necesitan moralistas, sino personas que transmiten el amor de Dios en Cristo.

P.- Incluso un hombre conforme al corazón de Dios como Job puede llegar a interpelarle.  El sufrimiento nos abre grandes interrogantes. ¿Piensa que Dios entiende el escepticismo del hombre? ¿Por qué permite que la Historia le señale con el dedo?

R.- Job es un hombre íntegro, como testificó Dios mismo frente a la insidiosa acusación de Satanás: «¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?» No es extraño, pues, que Job, su mente oscurecida por el trauma de su situación, piense que Dios le ha traicionado. Solo al final descubre que el Señor le ha acompañado en su dolor, y que vindica todas sus palabras ante sus acusadores. En este sentido se trata de la experiencia de todo creyente en Cristo, declarado justo por Dios, y guardado en medio de las asechanzas del Enemigo, como dijo Pablo: «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros» (Ro. 8:33-34). Sí, Dios permite que la Historia le señale con el dedo, pero al final hay triunfo y vindicación.

P.- Además de la persona de Job, nos presenta otro ejemplo de sufrimiento con final glorioso como lo es el de Cristo. ¿El relato evangélico que nos dice que Jesucristo como nadie conoce nuestro dolor trae algún consuelo o es pura ficción?

R.- Job, el inocente que sufre, prefigura a Cristo. In memoriam lee la experiencia de Job desde Cristo, lo que nos permite aportar las riquezas de la gracia de quien dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí / Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; / Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; / A pregonar libertad a los cautivos, / Y vista a los ciegos; / A poner en libertad a los oprimidos; / A predicar el año agradable del Señor» (Lc. 4:18-19). Jesús responde a todos los interrogantes de Job, y a los nuestros.

P.- Job y Cristo sufren para traer beneficio a otros. ¿Cómo podemos explicar esta verdad a quien descree de todo que el sufridor puede llegar a decir: ¡Yo sé que mi redentor vive!?

R.- Job sufrió como ejemplo; Cristo como Redentor. Para alcanzar al que es de triste corazón, necesitamos mostrar el mismo talante que Jesús, amigo de pecadores y Buen Pastor. Como decía, el mundo no necesita moralistas, fariseos y acusadores, sino creyentes compasivos, comprensivos y llenos de amor.

P.- ¿Qué tiene que ver con todo esto la Resurrección? ¿Debería darnos vida y confianza ya que es garantía de que la muerte es apenas un paso de una vida a otra vida?

R.- La Resurrección vindicó al Hijo de Dios, condenado por el fariseísmo e hipocresía del mundo. Demostró que lo que hizo y dijo, es verdad. Por su muerte y resurrección Cristo nos ofrece vida eterna, ahora y en la eternidad. Ante la tumba de Lázaro Jesús lloró, antes de soltar las amarras de la muerte y volverle a la vida, un anticipo de su propia resurrección, y la nuestra.

P.- Si le preguntan por qué Dios permite el sufrimiento, las catástrofes, las enfermedades... ¿Cuál sería la respuesta?

R.- Ay, querida Jacqueline, tu pregunta desborda los límites de esta entrevista. Permíteme tan solo citar de nuevo a Pablo como sinopsis de la respuesta cristiana a un gran misterio: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo» (Ro. 8:18-23).

P.- ¿Podemos decir entonces que el dolor físico tiene algún valor y, por lo tanto, deberíamos buscarlo?

R.-  No debemos buscarlo. El dolor físico puede prevenir una enfermedad, o fomentar la comunión, y crear una solidaridad. Pero en sí el dolor no aporta ningún bien.

P.- Si como cristiana esa fe, ese descansar en Dios del que le hablo a los demás, no me sirve de nada cuando tengo que afrontar las dificultades, la muerte... ¿Debería decir que vana es mi fe y  mi predicación?

R.- Creo que la experiencia de cada uno es distinta, y la capacidad de sufrir varía también entre las personas. Pero estoy seguro de que el Señor acompaña a cada uno, y da su gracia en cada situación.

P.- ¿Cómo podemos ser canales de consolación para los demás? ¿Cuál su experiencia personal?

R.- El familiar, el amigo, el vecino, el hermano, necesita la consolación de Cristo en tiempos de dificultad. Tenemos la mente de Cristo, como dijo Pablo, y a veces basta con un abrazo, y a veces el silencio vale más que mil palabras. Sobre todo debemos reflejar el amor de Cristo, el cual «no fue enviado al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él» (Jn. 3:17). Espero que este pequeño libro pueda ser un canal de consolación para alguno. Tal es mi deseo y mi oración.

Que estas pinceladas sobre el libro os animen a leerlo y a compartirlo con un amigo, conocido, o con cualquiera que necesite del mejor Consolador que podemos tener.

 

Texto y foto de Jacqueline Alencar

(Entrevista aparecida en Protestante Digital)