Lunes, 18 de diciembre de 2017

Ya tenemos otra...

 

Siendo consciente del entorno social donde la Educación ha sido y es la gran perjudicada en la transición sociopolítica dado que no ha existido un Consenso Nacional y ésta se ha utilizado con fines ideológicos que han condicionado su rol social y la responsabilidad de los Centros Educativos y sus docentes al perjudicar tan importante componente transversal para una Sociedad como es la Educación. Pero han existido algunas excepciones como la buena formación que los médicos españoles reciben en las Facultades de Medicina dado que estos estudios tienen unas exigencias competenciales y profesionales marcadas por la Unión Europea que tienen como misión que los médicos adquieran lo necesario para ejercer la Medicina.

En este contexto académico, algunos dirigentes quieren seguir obteniendo nota o mejor dando la nota, como ocurre ahora en las Islas Baleares donde han decidido crear una nueva facultad, con esta serán 42. ¿Es necesaria una facultad más en España?. En primer lugar, hay que conocer que para dar una buena formación y un adecuado proceso de enseñanza-aprendizaje se necesitan un rodaje entre 10 y 15 cursos. Porque hacer una facultad no es como de hacer una carretera y a pasar por allí. Es necesario tener buenos docentes con experiencia profesional y pedagógica y unos recursos asistenciales complejos que consigan convertir un bachiller en médico. En segundo lugar, esto supone que según datos oficiales se ofertarían unas 7000 plazas para hacer Medicina cuando en la formación MIR se ofertan unas 6.000. Es decir, se crea un importante desequilibrio que viene creciendo en los últimos años por la falta de control sobre el número de ingresos. En tercer lugar, hay que analizar el contexto ocupacional actual de precariedad laboral en muchos especialistas MIR y añadir los desempleados, unos 13.000. Todo esto, en un país, España, que es uno de los países con mayor número de médicos por habitantes y el tercero en número de facultades, excesivas según la OMS y el nº de habitantes, que recomienda 26.

Uno de los argumentos utilizados por sus promotores es que los estudiantes no tendrán que salir a otras Comunidades Autónomas. Con argumentos de tanto peso intelectual se hace muy difícil argumentar el no. Es lo que pienso que le debe haber ocurrido a la Administración. Además, como saben, los universitarios actuales no paran y por si fuera poco disponen de la existencia de programas de intercambios nacionales y europeos, como por ejemplo Erasmus.

Ahora bien, este tema como cualquier otro en un país como el nuestro es complejo por varios condicionantes: cada uno entiende la autonomía universitaria y autonómica como le interesa en cada momento. Es decir, estamos en un país fragmentado y sin cohesión y lealtad institucional; pero con muchos sectores que quieren hacer de formación médica y del Sistema Sanitario un suculento pastel económico. Porque la realidad es que el coste de cada estudiante se estima entre 8.000-9.000 € alumno y año y la media de la financiación es de 6000 €. Es decir, estamos donde siempre, con déficits y recortes; pero aumentando los costes.

Aun así, en mi opinión, se han obtenido eficientes resultados para los españoles y, a pesar de un entorno con déficits intelectuales, competenciales y de valores en sus líderes. Hoy nadie duda de que la excesiva politización se haya convertido en la causa raíz de toda la problemática que tiene la Educación y la Sanidad. En la primera es imprescindible un Consenso Nacional y, en la segunda, una profesionalización de la gestión.

En resumen y, en mi opinión, existe un entorno social desfavorable que es necesario cambiar para volver a valorar de manera consciente y justa la importancia de la Educación para el progreso y desarrollo sostenible y equilibrado de nuestro país. Esta concienciación no se obtiene con prescripción médica ni farmacéutica sino con Educación, formación, esfuerzo, dedicación y paciencia, características que como han observado escasean en todos aquellos a los que votamos hace unos meses y que vuelven, sin autocrítica, a presentarnos su incompetencia.

 

JAMCA