Domingo, 17 de diciembre de 2017

Miguel de la Quadra Salcedo. In memoriam

  La actualidad me impone el tema de estos artículos semanales con más frecuencia de lo que me gustaría. Sobre todo, cuando se trata de noticias tristes. La pasada semana falleció Miguel de la Quadra Salcedo. Con pocos días de diferencia con Fernando Múgica, se despide otro representante ilustre del periodismo más nómada y aventurero. A Miguel de la Quadra debo, por mera casualidad, haber comenzado a trabajar en Televisión Española. Fue en 1974, cuando TVE le encargó poner en marcha en Bilbao la sede del Centro Regional del Norte. Recién llegado, y sin haber dotado todavía aquel centro de plantilla, la primera vez que necesitó un informador para enviar una noticia al Telediario, Miguel recurrió a la redacción de Radio Nacional de España. Tuve la suerte de encontrarme de turno y descolgar yo el teléfono, lo que me sirvió para iniciar una vinculación profesional con la televisión que duró más de tres años, hasta que me trasladé a La Rioja a colaborar en la instalación de la emisora de RNE.  La foto de abajo en la que aparezco corresponde a esa etapa. 

      

     Deportista de elite, viajero infatigable y valiente reportero de guerra, Miguel de la Quadra Salcedo tenía ante la política la actitud propia de las personas razonables y bien informadas: el escepticismo. Desconfiaba en particular de los revolucionarios, a muchos de los cuales vio transformarse de redentores exaltados en tiranos ruinosos. Tampoco era interesado en cuestión de dinero y rechazó innumerables ofertas publicitarias; sin embargo, en una ocasión tuvo que agenciarse él mismo la financiación de uno de sus proyectos viajeros por medio de la publicidad. Lo cuenta Javier Ocaña, director general de Sidney Comunicación, en el libro de Clemente Ferrer Las estrellas en la publicidad: “En una ocasión, estando –cómo no– en el Amazonas, allá por 1962, rodaba una película y se quedó sin película y sin fondos para comprarla. Cogió unas botellas de cerveza, una pasta de dientes y un bote de Nescafé e hizo unas fotos con estos productos y unos indígenas; se las compró Nestlé Internacional”.

   Murió tranquilo y rodeado de sus familiares, la mejor forma de irse de este mundo cuando tantas veces había echado un pulso a la muerte. Descanse en paz.