Viernes, 15 de diciembre de 2017

Romerías

Haga clic en OpcionesEn estos días se están realizando multitud de romerías a lo largo de toda España. Es un fenómeno de larga tradición que sigue creciendo en número de acontecimientos y en calidad por la asistencia de personas y las posibilidades de manifestación reflejada con solemnidad en los medios de comunicación. 

De las romerías recientes, la más sobresaliente y famosa es la de la Virgen del Rocío que, siendo mantenida año tras año con todas sus manifestaciones tradicionales, se supera a si misma con el famoso salto de la verja para "robar" a la Virgen a altas horas de la madrugada en la forma más llamativa y yo diría más infantil que se pudiera imaginar, como si de un juego de niños se tratara. 

Por supuesto que las manifestaciones populares de todo tipo, incluidas las típicamente religiosas, son dignas de todo respeto. Pero no está mal considerar lo positivo y lo menos aceptable de todas esas manifestaciones, especialmente religiosas. Desde luego que la religiosidad popular es, no solamente admisible sino especialmente válida y positiva. Pero la religiosidad popular, si no se aprovecha para una buena formación y enfoque positivo y purificador, puede suponer una desviación respecto de la auténtica religiosidad. 

Las romerías en España son abundantes especialmente en estos tiempos de primavera y verano. Entre nosotros podríamos mencionar las romerías de Valdejimena, la de El Cueto, la del Cristo de Cabrera, la de la Peña de Francia, todas con concurrencia abundante y con un registro en medios de comunicación que es digno de resaltar. 

Las manifestaciones religiosas de carácter popular lo que demuestran es una exigencia de ligarse por necesidad con la consideración natural del ser propio religioso del hombre. Pero la manifestación religiosa no es necesariamente una manifestación cristiana auténtica. Generalmente necesita una esmerada y cuidadosa purificación para orientarla hacia la autenticidad de la vida y expresión cristiana. 

El fenómeno de las romerías está emparentado, por otro lado, con el otro fenómeno de las Cofradías, sean de la Semana Santa o de los Santos de cualquier tipo que por doquier abundan y son ampliamente concurridas, tanto por socios o hermanos agregados como por abundantes espectadores que siguen las procesiones con profunda devoción y respeto. 

No es para repiquetear las campanas por los abundantes sentimientos religiosos y la concurrencia de personal. Pero menos es nada y lo que habrá que hacer será ayudar a reflexionar y recibir formación a fondo por parte de los responsables de las procesiones y romerías, para llevarlas o ayudarlas a acercarse a la autenticidad de la expresión religiosa, haciendo que sea coherente con las otras prácticas religiosas eucarísticas o sacramentales, y con la entrega solidaria de carácter social y caritativo que se le puede y debe exigir a todo cristiano consecuente. 

Tendremos oportunidad de reflexionar sobre estas manifestaciones populares, y de tomar las decisiones prácticas convenientes, en la próxima Asamblea Diocesana. Habrá que adaptarse a las posibilidades realistas de quienes se apoyan en este tipo de manifestaciones, teniendo en cuenta que, contando con la escasez de sacerdotes y líderes de las familias religiosas, que nos lleva a echar mano más decisivamente de los laicos responsables que asumen la organización de las cofradías y de las romerías procesionales. 

Sin olvidar que en estos campos no hay ningún problema, sino más bien al contrario, en que se hagan cargo y se responsabilicen de la correcta marcha de estos acontecimientos también las mujeres juntamente con los varones. Para esto no es necesario ordenar a las mujeres como diaconisas, como se está discutiendo ahora sin mucho fundamento ni pertinencia. 

No podemos olvidar que la mayor parte de romerías y buena porte de las cofradías están dedicadas a honrar a la Virgen María, la madre de Dios, aunque en cada lugar reciba una denominación diferente. Esta dimensión señaladamente femenina, avocaría precisamente a que las mujeres se hagan especialmente presentes y tomen puestos de auténtica responsabilidad desde los cargos de dirección inclusive. 

El nombre de romería procede desde luego de la práctica de las peregrinaciones a Roma, cuyos participantes recibirían el nombre de romeros. Y aunque los peregrinos a Jerusalén se denominen propiamente palmeros por las palmas que acostumbran a portar, por lo menos en las procesiones en torno a la ciudad santa, tanto éstas como las peregrinaciones a Santiago de Compostela han pasado a llamarse también romerías y los participantes en ellas pueden recibir igualmente el nombre de romeros. La primavera y el verano están en marcha. Adelante con las procesiones y romerías, y sáqueseles el mejor partido posible de cara a purificar y ennoblecer lo mejor de las expresiones religiosas.