Sábado, 16 de diciembre de 2017

Música para cambiar

Hay muchos que utilizan sus profesiones para vivir tranquilamente y otros las aprovechan para ser reivindicativos. Creo que hay que ser realista y por qué no, inconformista y en pequeños actos intentar hacer de este mundo un lugar mejor, quizá no para ahora, sino para las generaciones venideras. Lo contrario sería actuar egoístamente.

En el caso de los artistas existe una controversia acerca de si deben o no aprovechar su popularidad para ponerse en favor o en contra de ciertos actos sociales, políticos o cualquiera de los acontecimientos que se presenten en su contemporaneidad. 

En la historia de la música han existido personalidades que de una u otra manera han apoyado ciertas causas atendiendo a su propio beneficio aunque no comulgaran con dichas ideas, otros las han apoyado por plena convicción, y por último, están los que se han negado a abogar por algo con lo que no estaban de ninguna de las maneras de acuerdo.

Este es el caso del director de orquesta italiano, Arturo Toscanini,  (Parma, Italia, 1867 - Nueva York, 1957), que siguió fiel a sus ideales negándose a dirigir Giovinezza (Himno oficial del Partido Nacional Fascista Italiano) en el primer concierto tras la toma de poder después de la Marcha sobre Roma.

Tras ser amenazado diciéndole que no saldría impune de aquello, éste rompió su batuta y se bajó del pódium seguido por sus músicos. A partir de ese momento fue notorio que Toscanini no sintonizaba con los nuevos tiempos. Nadie más se atrevió a imponerle aquel Himno en los conciertos, motivo por el cual, el Duce (Mussolini) se negó a asistir a cualquier velada dirigida por él, incluso cuando amagó a asistir al estreno póstumo de Turandot, el viejo director amenazó con suspenderlo todo, declarando: que se dirija sola la orquesta. Como nadie se había estudiado la partitura se respetó su voluntad.

Cuando Giuseppe Gallignani fue destituido de la dirección del Conservatorio de Milán por las nuevas autoridades, llevándole al suicidio, Toscanini denunció ante el Ministerio de Cultura el acoso al que había sido sometido su amigo.

Hubo quien le intentó persuadir para que se relajara en las formas ya que él tampoco era un ejemplo de buena conducta debido a cómo trataba a sus músicos, pero Toscanini no dudó en romper relación con todos aquellos que no entendían su forma de actuar.

De nuevo en Bolonia se negó a dirigir Giovinezza e incluso la Marcha Real delante del mismísimo Galeazzo Ciano, yerno del Duce, y miembro del gran consejo fascista.

A pesar de sus numerosos compromisos en EEUU el maestro quiso asistir al concierto que se celebraba en el Teatro Comunal, donde se rendía homenaje a su amigo Giuseppe Martucci, con la representación de la primera edición de Tristán e Isolda.

Le advirtieron que su asistencia podría traerle complicaciones puesto que, en el Teatro La Scala de Milán, habían arrestado a 9 jóvenes que habían osado gritar “viva Toscanini”. El régimen lo consideró una provocación asemejándolo al antiguo “viva VERDI”. Haciendo caso omiso a las advertencias, al llegar al Teatro Comunal, le esperaba un gran número de seguidores del régimen de Mussolini, conocidos como Camisas Negras, los cuales le propinaron una paliza mientras cantaban Giovinezza.

El director, que ya tenía 64 años, no opuso resistencia hasta que alguien se le abalanzó encima y le defendió de sus agresores, era Ottorino Respighi, compositor italiano al que Toscanini no tenía mucha admiración por su posicionamiento ambiguo hacia el Régimen.

Respighi telegrafió al Duce para denunciar lo ocurrido, sin embargo, la respuesta de éste fue retirar el pasaporte a Toscanini y a su familia, negándoles así salir del país hasta que la presión internacional le obligó a dejarles marchar. No regresó hasta después de la segunda mundial.

Hay quien piensa que cualquier persona, tenga relevancia pública o no, debe ser fiel a sus convicciones morales y éticas después de conocer y reflexionar sobre el entorno que le rodea, ya esté a favor o en contra de las situaciones políticas del momento. Pero esto no debe estar reñido con la prudencia para saber manejar diversas situaciones y poder actuar al respecto.