Lunes, 18 de diciembre de 2017

Por fin

Con deshonestas insinuaciones de deshonestidad. No pudo elegir modo más apropiado el balón para dejar de rodar por los terrenos de juego de la mayor plutocracia del mundo, del circo donde mayor es la diferencia salarial entre elefantes y payasos: La Liga de Fútbol Profesional. Con la victoria del Fútbol Club Barcelona y los descensos de Rayo Vallecano y Getafe, tres pitidos consecutivos anunciaron la llegada del verano, ese para el que los futbolistas llevan tiempo reservando los libros que les regalaron en las navidades de 1998.

 

Disculpen la ironía. Habrán notado que no me gusta el fútbol; ya no, quiero decir. Quizá solo porque me he hecho mayor y ya no me dice nada la defensa irracional de un escudo. Quizá porque el propio fútbol ha cambiado tanto como yo en estos años, porque tampoco él se reconoce cuando se observa en el espejo convertido en un sucio negocio en el que todo vale. Son muchos los factores que conducen al desencanto. Porque igual que se echan de menos más jugadores de la casa, con pelo en el pecho y en los huevos, también se añoran aquellas tardes de transistor aliñadas por José María García o Pepe Domingo Castaño al ritmo, poco saludable tal vez, de anuncios de Soberano o distintas marcas de puro. Reconozco que por echar de menos, echo de menos hasta aquellos tiempos en los que España no ganaba y nos sentíamos estafados por árbitros y federaciones viendo fantasmas por doquier. No sé si les ocurre lo mismo, pero entonces deseaba que llegaran los grandes campeonatos y que todas las maldiciones fueran puestas sobre la mesa una tras otra. Y es que la promesa siempre fue más seductora que su culminación.

 

Y si echo en falta todo aquello, pienso que sobra todo lo demás: Periscopes donde egos inabarcables abren debates absurdos y carentes de enjundia. Prensa que genera morbo cortando declaraciones aquí y allá, donde más conviene. Gente que consume ese tipo de oferta informativa ignorando el quehacer de aquellos otros medios honrados que no ganan para subsistir. Sobra rigor táctico, sobra escuadra y cartabón. Sobran luces y boato. Sobran servidumbres.

 

Lo peor de todo es que el título de esta columna es mentira; que no se acaba, que nunca lo hace. Que ayer fue la final de la Europa League y quedan la final de Copa, y el posible doblete del Barça, o del Sevilla; la final de Champions, y la undécima del Real o la venganza del Atlético; y la Eurocopa de Francia, y el posible triplete de la selección española, aunque todo indique que encaramos un final de ciclo difícil de asumir, como si lo normal fuera que un país pobre, lleno de parados y envejecido, fuera una potencia en un deporte global como es el fútbol.