Sábado, 16 de diciembre de 2017

Por la boca muere el pez

Y  ya van varios. No recuerdo ningún Subdelegado de Gobierno a lo largo de un buen puñado de años que cuando han llegado a su puesto no hayan señalado entre sus prioridades la problemática del barrio de Buenos Aires. Incluso asegurando que la mayor satisfacción estaría en saber que  el problema de narcotráfico, inseguridad y dificultades en la convivencia se habría solucionado cuando terminaran su tiempo de gestión política.

Sin embargo, al igual que los anteriores, se ha ido el último Subdelegado, y una vez más tenemos que afirmar lamentablemente que el problema del espacio y de los vecinos y vecinas de Buenos Aires sigue enquistado, y porque ha pasado tiempo, continúa con mayor dificultad de solución.

Es verdad que nunca fue un problema solo de la Subdelegación, pero ella tiene un papel prioritario en la búsqueda de caminos que faciliten la convivencia.

No es fácil de entender para cualquier ciudadano que una barriada de apenas un millar de personas pueda “esconder” y  tenga que estar sufriendo semejante situación de presión personal y colectiva como consecuencia de una actividad consentida como el narcotráfico y todo cuanto se deriva de ella, armas, ocupaciones ilegales, violencia en las relaciones, trapicheos, otras ilegalidades en la propiedad y tenencia de las mismas, etc…

Evidentemente, mucho de extraño ha supuesto y supone todo esto para quienes estamos en el día a día. Es muy difícil de entender que en un país como el nuestro y en  un ámbito tan reducido no tengamos los recursos adecuados para defender a un puñado de vecinos y vecinas que lo único que pretenden desde hace más de 30 años es vivir en una convivencia mínima de buenas relaciones.

¿Tendrá que ver que Buenos Aires se ha entendido y se ha consentido,  desde hace años, como “un barrio necesario” para el espléndido, pero asesino, negocio de las drogas? Como si a alguien le “tocara” jugar este papel  “sin remedio” en esta sociedad.

La droga y su negocio no es nada ingenua y evidentemente cumple un papel en esta sociedad capitalista donde sólo se permite “ser libres”  para acceder al consumo y al mercado. Consumo y mercado son negocio; y el narcotráfico es el segundo gran negocio de este sistema que nos envuelve. Buenos Aires es un eslabón más de este mercado y este negocio. ¡Qué duro ser conscientes de que esto es así!

 La mayoría de los Estados se sienten pillados por leyes que hacen difícil desenmascarar este negocio, repito una vez más, asesino. ¿Cómo es posible que jueces, abogados, policías no sean recursos suficientes para poner luz en medio de tanto oscurantismo e intereses? Y, desde luego, en Buenos Aires, no lo están siendo. ¿No será que muchos de los Estados del mundo más desarrollado han caído conscientemente en su propia trampa? ¿Dónde y para qué se han utilizado en muchos casos las drogas y sus consecuencias? ¿En qué momentos y con quién?

Escepticismo e incredulidad; así nos encontramos;  nos lo digan y nos lo repitan como quieran quienes tienen esta responsabilidad Institucional. Hay algo que necesariamente no nos  cuentan bien. Y los vecinos y vecinas no nos meremos nada de esto. Porque, y esto sí que lo saben, quienes más hemos puesto en juego cada día y seguimos poniendo somos las personas que vivimos en estos espacios a los que en muy pocas veces se acercan ustedes, Srs Subdelegados, en este caso; y con ustedes, todas y cada una de las Instituciones. Que nadie se vaya de “rositas”. ¡Ya está bien! ¿No les parece?.

Si  sienten la impotencia de no poder solucionar problemas de este calado, dígannoslo con toda claridad y sinceridad; y desde luego, por lo visto, nadie ha sido capaz de acercarse al umbral de la solución o con esta actitud. Los datos  que nos presentan, por muchos que sean, son demasiado tozudos; no hay nada como ver que la realidad no avanza hacia el cambio. Los vecinos y vecinos más hartos, y pueden hacerlo, se van; los que llevan mucho tiempo en la lucha, se cansan; y un pequeño grupo que permanece nos encontramos con la dura realidad de no creer en lo que ustedes  llaman  esfuerzos importantes.

Mucho van a tener que cambiar las cosas para que recuperemos un poquito de ilusión y esperanza en ver y disfrutar un barrio distinto; pero no olviden que una gran culpa estará siempre sobre sus espaldas. Si quieren seguir hablando, hablen; pero ante todo y sobre todo, hagan; actúen con medidas que los ciudadanos entendamos y veamos que mejoran nuestras vidas.