Lunes, 18 de diciembre de 2017

Quiero vivir en la plaza de Zerolo

Toda la infancia viviendo en una calle con nombre de descubridor y luego, por mor de los traslados, pasé de Guzmán el Bueno a la Travesía de las Escuelas, que tiene su gracia habida cuenta de que me gano la vida dando clases. No estaba mal aquello porque si miraba por una ventana, veía el instituto a tiro de piedra, y si me asomaba a otra, podía escupirle directamente al patio de la escuela rural. Los pueblos una cosa buena que tienen es que te queda todo cerca. Pero si yo viviera en ese Madrid que me gusta visitar en ocasiones, no duden que nada me llenaría más de orgullo y satisfacción que decir que habito en la plaza de Pedro Zerolo, y me perdonan, que me gusta mucho más que tanto descubridor y tanto héroe histórico. A uno le va la literatura y los políticos atípicos, por eso me gusta Eduardo Madina, porque es un tipo coherente y porque no se ha apartado con rabieta incluida de la línea en la que le ha situado el partido por aquello de que no haga sombra a Pedro Sánchez. Negarle una posición acorde con su importancia en las listas es de una mezquindad rayana en el berrinche infantil, pero ya estamos acostumbrados a que los partidos pongan en primera línea de playa a personajes ajenos o de plano a lameculos que nunca eclipsarán al líder. Yo les recuerdo que Obama no solo no le hizo burla a Clinton, sino que la puso de Secretaria de Estado en un gesto de generosidad que nunca hubieran tenido los políticos españoles. A nosotros, eso del enemigo no nos suena a Gila, sino a revancha pura y dura, y así nos va, porque se nos llena la boca y luego tenemos que guardarnos la lengua en la faltriquera para suplicarle al diablo que pacte con nosotros.

         Si nos molestamos en comprobar como Podemos ha criticado hasta el hastío a Izquierda Unida, eso del pacto de Unidos Podemos suena a risa, pero claro, una cosa es predicar y otra dar trigo. Como la política es el arte de lo posible, deberíamos hacer lo imposible por no denostar al rival no siendo que se convierta en compañero de cama. De todas formas tenemos poca memoria, tanto histórica como histérica, por lo tanto, a nadie se le ocurre volver la vista atrás ni siquiera para reconocer a quien tanto hizo… por eso es un gesto encomiable y necesario no solo dedicarle una plaza a Pedro Zerolo, sino devolvernos su figura con admiración y reconocimiento. Decían aquello de que era de bien nacidos ser agradecidos y en esas deberíamos andar… por eso, vivir en la Plaza Zerolo debe ser un puntazo.

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez