Domingo, 17 de diciembre de 2017

San Juan de Sahagún

San Juan de Sahagún vino a Salamanca a estudiar con más de 30 años, ya había sido canónigo en la catedral de Burgos, ingresó en el convento de los agustinos, en el Colegio de San Bartolomé, y obtuvo rápidamente el título de Bachiller en la Universidad. Reconocido por su hondura en la celebración de la Eucaristía, en la que Dios se le manifestaba, fue prior del convento en dos ocasiones y gran orador; por su elocuencia en sermones y discursos le llamaban para que predicase en otras ciudades de Castilla.

Entre sus milagros se encuentra el del Pozo Amarillo (hizo subir las aguas del pozo para que saliese ileso un niño que había caído en él), el del toro bravo que se había escapado y que él detuvo al pie de la Puerta de los Carros de la catedral Vieja con su ya famoso “¡Tente necio!”, y la pacificación de los bandos enfrentados en la ciudad.

Hizo suya una de las reivindicaciones de los salmantinos; poner fin a las violencias, robos, usurpaciones, agresiones y abusos de los nobles. Su enfrentamiento más sonado fue con el duque de Alba, García Álvarez de Toledo, y su aristocrática clientela, que asaltaban pueblos, robaban el ganado a los campesinos y se apropiaban de propios y comunales. La leyenda afirma que el duque mandó a dos escuderos que le agrediesen por el camino, pero San Juan de Sahagún levantó el libro de oraciones y con él desarmó a los atacantes. En el mismo momento el duque de Alba cayó enfermo y no sanó hasta que el fraile le perdonó.

A la muerte de Enrique IV, Castilla estaba embarcada en una guerra civil por el trono entre Isabel la Católica y su sobrina Juana la Beltraneja, que contaba con la ayuda de los ejércitos portugueses. A los RR. CC. les interesaba sobremanera pacificar Salamanca, donde el bando de San Martín había tomado partido por Juana y el de San Benito por Isabel, dada su proximidad a la frontera portuguesa. La Iglesia, en la persona de fray Juan de Sahagún, muy respetado por los salmantinos, fue la encargada de reunir a las dos partes el 30 de noviembre de 1476 en la llamada Casa de la Concordia, hoy residencia universitaria que se encuentra al final de la calle de San Pablo. En su fachada, junto al arco de medio punto, puede leerse: “Ira odium generat. Concordia nutrit mores”. Sin embargo, solamente firmaron esta Concordia 26 caballeros, casi todos ellos del bando de San Benito, así que no fue efectiva, aunque el problema no fue a más. Hubo que esperar a 1493 para que se celebrara otra nueva Concordia en la que sí se consiguió la paz, porque se reglamentó de forma expresa un reparto de poder entre los linajes.

Según cuentan las comadres en las corralas, una marquesa salmantina, de quien la leyenda únicamente desvela que se llamaba Isabel, mantenía un apasionado romance con un joven noble de nombre Íñigo. La relación sería reprobada desde el púlpito por el respetado fray Juan de Sahagún y derivó en ruptura, pero la marquesa, despechada, consiguió sustituir al galeno que trataba al religioso agustino de unos trastornos digestivos por un asesino pagado por ella, que envenenó al fraile en su celda conventual, muriendo el 11 de junio de 1479. El sicario desapareció de Salamanca sin dejar rastro, aunque las mismas difamadoras señalaban a la marquesa como responsable del asesinato de quien en 1601, tras ser declarado beato, fue proclamado patrono de la ciudad.

El prior que le sucedió, Juan de Sevilla, se encargó de recoger y detallar los milagros que se habían producido por la intercesión de Juan de Sahagún. Canonizaron a San Juan de Sahagún en 1690.

Decía San Alonso de Orozco que “después de la muerte de este Santo religioso, excede de doscientos el número de milagros que fueron vistos ante su sepulcro”. El también fraile agustino reseñaba así cómo la tumba del patrono de Salamanca era lugar de confiada peregrinación, asentada en su fama de hacedor de milagros que Juan de Sahagún adquirió en su vida terrena.