Martes, 12 de diciembre de 2017
Las Villas al día

Un campo de pinos regado de luz

CANTALPINO | De la mano de SALAMANCArtv AL DÍA, la representación teatral ‘Teresa, jardinera de la luz’ emocionó a los cantalpineses
Con "Teresa, jardinera de la luz" se emocionaron los asistentes | Fotos: Alex López / SALAMANCArtv AL DÍA

Que por mayo era por mayo…” empezaba cantando el poeta para introducirnos en las maravillosas bondades que este mes, ecuador de la primavera, nos ofrece. Todo estalla en estos días, de tal forma que en algunos momentos ni la propia Naturaleza soporta esta suerte de desequilibrio vital y se queja con gritos de truenos, miradas desorbitadas de relámpagos y lágrimas de una lluvia que purifica el aire y alimenta una tierra preñada de frutos a punto de ver la luz. Y sabedores de llevar otro tipo de luz, los componentes del grupo Lazarillo de Tormes, de la mano del periódico SALAMANCArtv AL DÍA y como apoyo al proceso de restauración de la iglesia –declarada BIC- llegaron a Cantalpino con su conocida obra “Teresa, la jardinera de la luz”, dispuestos a compartir jornada con sus habitantes, con los que disfrutaron de una paella popular en la plaza del pueblo, antes de representar para ellos su trabajo. San Isidro Labrador, protagonista del festejo, fue anfitrión del día.

            Según su etimología, Cantalpino significa “campo de pinos”, y han sido éstos los que, rodeando el valle donde está situado este pueblo salmantino, le han preservado de los rigores del clima continental, y han permitido que este lugar sea un auténtico vergel hortícola, y muy afamado por su producción de patatas de calidad. Por eso sus habitantes celebran con tanto entusiasmo la fiesta de san Isidro Labrador, pues estas gentes, ante la riqueza que la tierra siempre les ha ofrecido, han sabido aprovecharla para conseguir de ella los frutos que les han permitido tener una holgada subsistencia a lo largo de los tiempos y alimentar así mismo con sus abundantes pastos, el ganado que crían. Miran al cielo a modo de silenciosa oración y homenajean al “santo labrador”, con esa especie de complicidad que acerca a lo divino, el mundo de los hombres, que entienden el reflejo que viene de lo Alto donde podemos mirarnos a modo de espejo. Gentes sencillas, como lo fue El labrador Isidro, comprenden con naturalidad que formamos parte de una naturaleza con la que colaborar para mantener la vida que se nos regala como la tierra donde habitamos. ¿Y qué mejor regalo para estas fiestas que el de recibir la visita de una “jardinera muy especial”?

Semilla iluminada

            “Teresa, la jardinera de la luz” llega en la preciosa tarde del 15 de mayo a Cantalpino, pueblo que se ubica en la comarca del Campo de Peñaranda. Sus pastos, antaño sus viñas, y cultivos de huerta, lo han convertido siempre en una especie de jardín de la comarca, que sabe agradecer al “santo patrón de la tierra” y celebrar con él. Pero cultivar no es una palabra que haga referencia al campo, sino que tiene una acepción mucho más amplia. Si en una persona sembramos las semillas del conocimiento, pronto crecerá y dará los oportunos frutos. La luz del entendimiento cae en nosotros como la lluvia del cielo sobre las semillas plantadas en la tierra. Este sencillo y a la vez singular mensaje, se encierra en la obra teatral “Teresa, la jardinera de la luz”, que los habitantes de Cantalpino han elegido como evento cultural para sus celebraciones de la tierra y el cielo, de lo humano y lo divino. Cuando conocemos a la figura de Teresa de Jesús, su vida y obras, esto se nos revela como esa luz que la acompaña siempre.

            La iglesia parroquial de san Pedro Apóstol pertenece al mismo siglo en el que vivió la carmelita, el XVI. Es una gran y hermosa construcción de tres naves, con una preciosa torre a manera de baluarte defensivo y desafiante que resguarda toda la esencia que el sagrado recinto encierra. Porque al margen de la fe personal de cada uno, es innegable que cualquier iglesia ha visto a lo largo de los tiempos que ha pervivido, cómo la vida de todo aquél que por ella ha pasado impregnaba con la fuerza de su existencia los muros que han sabido abrigar lo bueno y malo que un ser humano encierra, máxime sí busca la fuerza de algo superior con lo que conectar. Es difícil hablar de las excelencias de una obra de teatro, cuyos éxitos hablan del buen reconocimiento obtenido y de la calidad del montaje. Y haber elegido el altar de cualquier iglesia como escenario, ha sido, sin duda uno de sus grandes méritos. En ello fue artífice esencial su productor Javier de Prado, así como en la elección de Denis Rafter como guionista y director de “Teresa, la jardinera de la luz”, cuyo título, también puesto por este prestigioso irlandés del mundo del teatro, preconizaba de alguna manera la profunda huella y gran brillantez que el trabajo iba a suponer. El grupo de actores de Lazarillo de Tormes, que lleva a cabo la puesta en escena de la obra, a pesar de su condición de aficionados, la han dotado de una gran altura profesional.

Mujer con fuerza

            Desde el momento en que suenan las notas de un Kyrie Eleyson, procedentes de una perfecta réplica del órgano del maestro Salinas, y un oscuro dominico entra en la iglesia nervioso y expectante, los espectadores cambian de época, de forma casi inevitable. El lenguaje corporal de éstos se mimetiza con la representación que va creciendo ante sus ojos. Y es por la constatación plausible de que un ser humano, mujer y además religiosa dejó que la fuerza de un Amor Divino inundara su ser y la dotara con una energía capaz de transmitir vida y verdad allá por donde pisó.

            Rafter, con un alto sentido estético de la escena, ha sabido plasmar en pocos pero bellísimos cuadros escénicos, el dinamismo de una vida que aparece ante los ojos del espectador en poco más de una hora, de forma precisa y clarificadora. Sin duda los bellos hábitos de estameña, confeccionados en los telares de un actual convento carmelitano, y que visten las actrices del grupo Lazarillo de Tormes, ayudan a contextualizarnos en la época de Teresa. Vida dura la de las mujeres de entonces, fuera cual fuese su extracción social y para las que Teresa de Jesús fue el referente vivo que impulsó a muchas de ellas a elegir su camino. Muchos fueron los que la carmelita pisó para conseguir que sus monjas tuvieran un convento donde desarrollar el tipo de vida elegido, el de vivir al servicio del amor más grande por ella conocido, el de Dios. Con estas pautas revolucionó la sociedad de su época, sobre todo en el ámbito femenino, tan denostado.

            Sabemos que desde los inicios del nacimiento de “Teresa, la jardinera de la luz”, todos los textos que aparecen en el guión fueron muy trabajados por los componentes de Lazarillo de Tormes. Quizá esto sea lo que haya conseguido la fuerte trabazón de la estructura dramática, que fluye sin embargo con una naturalidad y elegancia, que la convierte en sencilla para quien presencia la representación. Vamos de los diálogos espontáneos de las hermanas hablando de la vida de su madre, a la belleza en el recitado de sus poemas, o la valiente reivindicación epistolar, así como la narración de sus fundaciones, de forma sutil. La profundidad que la vida de esta mujer transmite cae a plomo, al igual que el enviado de la Inquisición cae de su púlpito, cuando al final del montaje, la emoción trasciende el espacio teatral y parece traspasar la vida de cada uno de los presentes como el agua que riega la tierra para que cada ser vivo brote de forma particular e intransferible.

Luchadora

            Las semillas que brotan de Teresa han sido regadas con la luz del cielo que la dotó de los elementos necesarios para tener una dócil y acomodada vida, dada su inteligencia, formación y carácter seductor. Sin embargo se dejó conquistar por la llamada a otro tipo de vida, más duro, más luchador, pero obediente y confiado, que ayudó a crecer a los que en ella se miraron y abrió un camino sin vuelta atrás a través de las huellas del tiempo. Como los surcos arados en la tierra donde cae la simiente que los hombres ponen con la esperanza y el esfuerzo necesarios para que crezcan y sirvan algún día del alimento que preserva la vida, las huellas de esta mujer del XVI, avanzan en los siglos y llegan a nosotros con la luz que ilumina y hace crecer a todo el que quiere ver. Y es que “no sólo de pan vive el hombre…”, y las palabras de Teresa de Jesús venían, sin duda, de lo más Alto.

A favor del templo parroquial

            Y como de lo más alto también viene la lluvia que cala la maravillosa iglesia de san Pedro Apóstol, catalogada como Bien de Interés Cultural, y los habitantes de Cantalpino entienden que el agua de la lluvia es útil para fertilizar sus campos y no para arruinar su bella parroquia, gracias a que “Teresa, la jardinera de la luz”, convocó en ella numeroso público, decidieron hacer entre los asistentes una cuestación que ayudara en la reparación de tan molestas y amenazantes goteras. Cada cosa en su sitio. Gracias a todos, y al hermoso y original Cristo románico de las Encomiendas que sigue manteniendo sus orejas abiertas, pero esta vez para que la preciosa iglesia que lo alberga salga con bien de la batalla de la dejadez humana. La beata Eusebia Palomino, Hija del pueblo y venerada en su iglesia, también lo agradecerá sin duda. ¿Se habrán puesto de acuerdo las dos monjas?

Fotos: Alex López / SALAMANCArtv AL DÍA