Jueves, 14 de diciembre de 2017

José Manuel Sánchez Chapela, Novela histórica y recorridos cervantinos por Salamanca

El manuscrito de Gaspar de Montiel, que se presenta el próximo martes a las ocho de la tarde en la Biblioteca de la Casa de las Conchas, es un viaje desbordante por la España de finales del siglo XVI y principios del XVII que engancha como una novela de aventuras y nos ofrece una visión de esa España convulsa apasionadamente vivida

José Manuel Sánchez Chapela

Incluso en la distancia, el entusiasmo, el apasionamiento de José Manuel Sánchez Chapela sorprende al interlocutor, como sorprende su prosa desbordada, su apasionado discurso entre el rigor histórico y la vertiginosa velocidad con la que transcurren las páginas de su libro. El manuscrito de Gaspar de Montiel, publicado por ediciones
Áltera que se presenta el próximo martes a las ocho de la tarde en la Biblioteca de la Casa de las Conchas, es un viaje desbordante por la España de finales del siglo XVI y principios del XVII que engancha como una novela de aventuras y nos ofrece una visión de esa España convulsa apasionadamente vivida.

-¿Novela de aventuras, novela de intriga, novela histórica, metaliteratura?

Pues un poco de todo: Es una novela de aventuras, la propia actividad clandestina del protagonista aboca a ello; tiene intriga, está ambientada en el siglo de oro, y, por supuesto, es metaliteratura: la trama esencial gira alrededor del proceso de creación de la más grande obra que vieran los tiempos.

-Si Cervantes ocultó tan bien ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiere acordarse ¿Por qué ha decidido usted que sea Villanueva de los Infantes?

Una corazonada y un enamoramiento. La verdad es que cuando conocí el lugar me fascinó. Decidí que ya no buscaría más. No podía ser otro.

-La novela trata acerca de las verdaderas fuentes en las que se basó el autor de El Quijote. Cervantes para mí es el gran protagonista de la obra, su ausencia es más presente que una intervención directa ¿Tuvo la tentación de hacerle más presente?

No. Al contrario, tuve la tentación de que fuera más etérea, más sutil su presencia, pero la trama exigió su presencia física en algún momento. El protagonista de la obra es Gaspar de Montiel, un supuesto rival de Cervantes.

-Las convulsiones políticas de la época fueron muy complejas ¿El proceso de documentación histórica para escribir su libro también lo fue?

-A mí siempre me ha atraído la historia y sobre algunos de los personajes que salen o de los sucesos que se citan ya había leído bastante. Aun así tuve que documentarme más a fondo, lo cual me proporcionó un placer adicional. Hay que insistir que la novela discurre a finales del S XVI y principios del XVII, cuando España lideraba política, cultural y militarmente un mundo que estaba cambiando rápidamente, por lo tanto los gobernantes se enfrentaban a retos inmensos. Todo cuando se analice e investigue de aquel periodo resulta fascinante y además muchas de las convulsiones que vivieron aquellos compatriotas, nos son muy familiares hoy en día, como se podrá ver en la lectura del libro. 

Un libro en el que la política, la literatura, el enredo, el amor y el teatro se entrecruzan a lo largo de la compleja trayectoria como espía y escribiente de Gaspar de Montiel, un personaje que, en su ajetreado periplo, será consciente de las contradicciones de la época y sobre todo, de su propia ambivalencia hacia Cervantes: le detesta porque debía ser él quien contase la historia del Caballero de la Mancha, pero a la vez le admira como el gran escritor que fue. Hay algo en las apasionadas palabras de José Manuel Sánchez Chapela que recuerdan el discurso biográfico, veloz y apasionado, de su personaje.

-Su protagonista no solo es sobrino de Sancho Panza, sino un escritor que le permite darse un paseo por la literatura del Siglo de Oro, para mí es uno de los valores más importantes de su libro ¿Cómo lo afrontó habida cuenta de nuestro desconocimiento general de la época?

-Quizás es que yo también sea de otra época. Cuando yo estudiaba en el colegio, el Siglo de Oro estaba muy presente, tanto en las clases y libros de historia, como en los de literatura. Hablar de Quevedo, de Lope de Vega, de los Argensola, de Mateo Alemán, de Pérez Montalbán, por supuesto de Cervantes  y de tantos otros, no debería resultar ajeno para nadie de este país. Lo más gratificante fue que tuve que leer cosas de ellos para ambientarme en los léxicos y usos y ese fue otro disfrute adicional. La explosión de talento de aquel periodo (no solo en la literatura) fue algo verdaderamente irrepetible.

-¿Qué busca un lector actual de novela histórica en ese subgénero y qué puede encontrar en su novela?

-Creo que en líneas generales un lector de novela histórica busca dos cosas: En primer lugar disfrutar, pasarlo bien, como con cualquier otro género, y en segundo lugar, aprender. Estos lectores suelen tener un gran interés por la historia y buscan ampliar sus conocimientos. Creo que mi obra puede dar respuesta a los dos objetivos, al menos eso es lo que he pretendido.

-Esta obra es todo un monumento a una época y a una obra literaria ¿se puede decir algo más o algo original acerca de Cervantes y de El Quijote?

-Podríamos decir que está todo dicho sobre ambos, pero no es cierto. Mira, después de publicar la obra y cuando supuestamente debía estar saturado de información de la época y de los personajes, he leído una nueva biografía de Cervantes. Se titula ‘’La figura en el tapiz’’, del profesor Jorge García López. Pues bien, me ha fascinado y he descubierto nuevas y sorprendentes facetas sobre Cervantes y su obra, y de resultas de ello me he vuelto a acercar a Las Novelas Ejemplares (no deben quedar tapadas por el inmenso valor del Quijote) y he disfrutado más que nunca con su ironía, con su sentido del humor, con la profundidad y claridad de sus pensamientos. Todo el mundo recomienda ahora el Quijote (yo también), pero me has pedido algo diferente y aquí está: lean, relean, por favor, El coloquio de los perros, o Rinconete y Cortadillo… No hay placer mayor.

-¿Ha sido complejo imbuirse del espíritu de la época? Una cosa es documentarse y otra escribir desde una primera persona… ¿Cómo lo ha resuelto?

-Llegué a creerme Gaspar de Montiel, y quizás aun sigo creyéndolo. Escribí la obra en poco tiempo, en unos cinco meses, y había momentos en que el personaje me llevaba él a mí; era él el que marcaba la pauta y narraba los hechos.

-Uno de los temas más presentes en el libro es el de la autoría. Verdaderamente ¿A quién le pertenecen las historias? ¿A quién le pertenece la suya cuando recurre a las páginas de Cervantes?

-¿Qué es real, qué es ficción? Las fronteras entre esos conceptos muchas veces están borrosas en la mente del novelista. El libro da una versión, su versión novelesca. Dejemos al lector navegar libremente por los mares de la fantasía.   

-¿Cuál sería la mejor manera de celebrar al genio de Alcalá de Henares y a su personaje?

-La Biblioteca Nacional ha lanzado una gana muestra dentro de los actos de conmemoración bajo el  titulo: de la vida al mito. Creo que lo que más agradaría a tan inmenso autor es que le leyeran, que le leyeran más, que le comprendieran. No creo que él quisiera ser un mito. Un mito es don Quijote, Cervantes fue un escritor, un escritor que luchó muchísimo por salir adelante, por publicar sus obras, por darse a conocer. Hay que enseñar a las nuevas generaciones a entender su estilo, a amar su prosa, su ingenio, a comprender su trascendencia, a disfrutar con sus personajes, a estar orgullosos de él y de su obra. Ese sería el mejor homenaje. Tan gran reto no es solo de los profesores, es de todos, de la sociedad en general.

Leerle, habría que leerle siempre, pero este año, además, habría que homenajearle como se merece. Expresar mi opinión al respecto llevaría más tiempo y sería bastante crítica con algunas omisiones sonadas.

-¿Podemos seguir haciendo relecturas y reescrituras de El Quijote?

-Si hay obras que merecen y justifican relecturas, esas son las de Cervantes. Sus matices son infinitos. Además su producción fue muy amplia; leamos y releamos El Quijote y las  otras obras  (Las Novelas Ejemplares, sus comedias, sus entremeses. En lo que no estoy de acuerdo es con las reescrituras. No me gustan. Yo leí El Quijote en el colegio tal cual fue escrito y no me pasó nada. Yo no osaría enmendarle la plana al Príncipe de los Ingenios.  

-¿Seguirá escribiendo novela histórica?

-Las tres siguientes que he escrito abordan otros campos muy diferentes, aunque mi afición por la historia siempre aparece por algún lado, pero seguro que volveré a este género. El placer de recrear tiempos pasados es una tentación muy fuerte.

-¿Cuál es la aportación de su conocimiento de Salamanca en sus páginas? Usted vive y trabaja en Sevilla pero es un salmantino que debe sentir algo especial al presentar su novela precisamente en La Casa de las Conchas

-En las tres novelas que he acabado Salamanca tiene un gran protagonismo. Debe ser que soy incapaz de crear una historia sin que esta ciudad tenga una gran presencia. En el manuscrito se recrea la construcción de la Catedral Nueva, y debo confesar que aprendí muchas cosas consultando libros en la biblioteca de la Universidad y que volví por unos días a sentirme un estudiante más de sus aulas, como antaño; otro disfrute más que me ha proporcionado la obra. 

         Un estudiante de nuevo por los pasillos de la Salamantica docet buscando el manuscrito en el que sumergirse para relatar un  nuevo misterio. Apasionado de la historia, de la literatura, riguroso en la documentación y dotado de un talento especial para la intriga y la recreación, la voz del autor así como el discurso de Gaspar de Montiel no solo conjuran la distancia que nos separa… también el tiempo. Por eso le imagino diestro con la pluma y capaz de hacerle al lector y al espectador teatral una gloriosa floritura… antes de desaparecer con una sonrisa sabia por las calles apenas iluminadas de la Salamanca cervantina en pos de una nueva aventura o de un amor apenas entrevisto.

Charo Alonso

Escritora