Viernes, 15 de diciembre de 2017

Tiempo para los amigos

Periodistas liberados en Siria

6/mayo/viernes

    Un día dedicado a los amigos. Me reúno con varios de ellos en comida y cena. ¡ Qué castigo nos manda el Señor!, todo el día de plato en plato y de vaso en vaso. Eso está muy bien, pero el fundamento está en la conversación, en la cercanía y en el cariño que siento  cuando estoy con ellos. La amistad es un don, y tengo necesidad de cultivarla. Ya he escrito aquí sobre la amistad, pero nunca me canso. Ya desde los primeros años en Cañizo, en la escuela, necesitaba de los amigos, para jugar a la peonza, a las pitas, al “indoveo” o al “pico, zorro, zaina” o al fútbol. La vida no tiene sentido sin los amigos, que son la continuación de la familia, otra familia, con la ventaja de que no viene impuesta; los amigos son elegidos. De lo que se trata es acertar, porque hay muchos propios, conocidos y saludados, que se llaman amigos y sólo es gente interesada, personas que buscan oscura compañía, que no tienen interés en aportar más que presencia. La amistad se fragua, cala como la lluvia fina, cuando hablas, cuando haces actividades conjuntas, cuando sientes compromiso, cuando descubres el mundo con ellos, cuando formas parte de su vida, cuando sientes que los necesitas y descubres que te quieren.

   Con los amigos, y en torno a una mesa, con una conversación abierta, cargada de razones y de humor, también de ironía, yo me siento feliz. Con Javier Aguirre, por ejemplo, tengo la sensación que su bonhomía me desborda, que hay gente buena por derecho, que “no es ese vulgo -  a decir de Ovidio - que  estima a los amigos por las ventajas que pueden obtenerse de ellos”. Javier Aguirre es esa persona que todos quisieran tener cerca, porque da seguridad, porque notas su presencia, espiritual y física, porque es un hombre que sabe calcular costos, pero sobre todo porque sabe medir valores. Y encima a mi me lee, y me lo dice, y eso me llena el ego, que tanto me gusta. Demetrio I, rey que fue de Macedonia, decía que “amigos son los que en las prosperidades acuden al ser llamados y en las adversidades lo hacen por iniciativa propia”. Este ejemplo lo he descubierto en Isidro Navas, en Jerónimo Rando y en Enrique Guillén. Primero dan y después te preguntan. ¡ Maravilloso! También me pasa eso con otros, como Javier Montaña, que al hablarte, en un principio, parece que te muerde, ( a mi me ha llegado a calificar de “tecnócrata”, a mi, que soy ácrata ), pero en realidad te besa. Jesús Alberto dice que nunca pensó que con una edad ya lejana a la juventud pudiera encontrar nuevas amistades entrañables. Pero le ha sucedido. Y está encantado, se le nota en la felicidad de la cara cuando estás con él. Y es que la amistad no conoce tiempos. Tampoco es cierto que sea sólo producto de la adolescencia. Es más, los amigos adolescentes se suelen perder por el camino al faltar el asidero de las cuitas en común, propias de una determinada edad. Esos amigos de adolescencia se dispersan, y aunque nunca se olvidan, sólo forman parte de un tiempo pasado que no volverá. La amistad se mantiene cuando se trabaja, cuando se habla, cuando se entrecruzan las ideas, aunque sea por medio de esa modernidad del wasap. Francisco Umbral dejó escrito que “amigos son los que te llaman por teléfono”. Mejor no se podía decir. Cuando el teléfono no suena es que al otro lado hay un indiferente, un dejado, como mínimo un soso. Mi amigo Alejandro Heras Lobato siempre me lo recuerda. “Tu me sigues llamando por teléfono”.También lo voy a ver a Madrid, y reconstruimos los días a base de risas y palabras a pesar de los problemas de próstata y achaques propios de los años que uno lleva encima.

   También hay amigos eternos, de siempre, esos de la niñez del pueblo. Pero sólo con los que has mantenido contacto, relación, has ido hablando, descubriendo la evolución de cada cual como personas, te has movido en otros parámetros. Y no hace falta ni ser filósofos alemanes, ni intelectuales sobrios, ni nada de eso. La amistad es siempre una sabiduría natural compartida, un estado de ánimo, una emoción, una disposición ante el otro. Miguel Caldero y Eduardo Raposo, “Tarito”, son ejemplo de estos amigos que digo. 

   Me encanta que los amigos cocinen, que se entreguen a la mesa, que disfruten y me hagan disfrutar, porque como dice el creador danés Olafur Eliasson, “cocinar es cuidar de los demás, es un gesto de hospitalidad y generosidad que funciona como un pegamento entre humanos”. Epicuro hacía de la amistad el centro de su sistema moral y filosófico. En esa línea entiendo por qué debemos ayudar a los amigos cuando peor lo pasan, como es el caso de  Antonio  Vidriales. Porque es ahora cuando más sufre, cuando las circunstancia se le han vuelto enemigas por la vía económica, siempre cruel y traicionera. Fraguado en el esfuerzo sin límites, Antonio Vidriales es un ejemplo de que la grandeza no está en las cuentas de los bancos, si no en el espíritu noble y los principios sólidos de la formación humanística.

   Algo semejante, con personalidad distinta y circunstancias diferentes, es Federico Villabuena, que al jubilarse se ha alejado del gran poder profesional que tenía, pero mantiene la misma traza, la misma sencillez, porque sigue  aplicando los principios que descubrió, y sintió, de niño en su pueblo, cuando las condiciones de vida eran las propias de los años cincuenta, rayanas a la Edad Media. Nada es peor visto en un pueblo que se fato, o sea, fatuo. La gente de pueblo tiene como un octavo sentido para detectarlo. Por eso nada mejor que la naturalidad, la humildad y el no olvidar que nadie nunca es más que nadie. Incluso la frase de Cervantes, “repara, Sancho, que nadie es más que otro si no hace más que otro”, tiene sus matices, sin quitarle la razón, claro, al “Príncipe de los ingenios”. Esos matices son los que enlazan con el ser humano por el simple hecho de serlo.

 

7/mayo/sábado

 

  Día encapotado. Me preparo pronto para acudir a la 39 Marcha Asprona, cita anual que concentra a miles de vallisoletanos dispuestos a andar casi 20 kilómetros. El objetivo es ayudar a personas con discapacidad intelectual. El éxito está asegurado cada año porque la sociedad suele ser solidaria causas tan loables.

   Me acompañan Jesús Alberto y Javier Montaña. Paso ligero en medio de un reguero interminable de andarines. Conversación permanente en un ambiente festivo. Muchos políticos encabezan la marcha. No está mal, dan buen ejemplo, y eso hay que alabarlo, que no siempre es así. Convenimos en que la jornada genera una sensación de sociedad tranquila, madura, lejos de la impresión general que tenemos de nosotros mismos cuando nos reflejamos en las noticias de televisión. Entonces vemos la España de la bronca y los ladrones, incapaz de entendernos, egoístas, ajenos al común, preocupados sólo por lo que vemos desde el propio campanario. La Marcha de Asprona es un ejemplo cívico, solidario, festivo. A veces acertamos. Llegamos a Laguna de Duero y nos entregan una bolsa de avituallamiento, como a los ciclistas. Hay puntos donde debemos sellar nuestra participación, puestos de aprovisionamiento de agua y cientos de voluntarios entregados para solventar cualquier contratiempo. Perfecta organización. Atravesamos el Pinar de Antequera, cruzamos el Sendero de la Legua y disfrutamos de un paisaje exuberante de verdor, plantas silvestres que van desde el amarillo al violeta y desde el rojo de las incipientes amapolas al blanco exquisito de las margaritas. En la meta, cubierto el trayecto, la organización nos obsequia con una ración de tortilla, elaborada en una sartén inmensa. Para la fiesta pocos pueblos tienen tanta imaginación como nosotros. La tortilla de este año ha sustituido al arroz, una novedad que sirve de comentario, unos a favor y otros en contra. Javier Montaña, que es un tío cojonudo, se siente satisfecho, alegre, aunque no le convence la tortilla. Pero se enfada más cuando tomamos una cerveza en un bar cercano y no tienen para ofrecernos ningún tipo de tapa. Tiene razón: casi 5000 personas en los aledaños del bar de marras y el propietario ni se preocupa cuando le están llevando los clientes a su establecimiento de forma gratuita. Y es que la indolencia forma parte de nuestra forma de ser. Así nos va tantas veces.

   Lo importante, de todas las formas, era la causa de la marcha. Y la hemos cumplido. Nuestro donativo contribuirá a ayudar a personas que lo necesitan. El próximo año, que es la edición 40, espero estar de nuevo con mis compañeros de camino.

    Por la tarde escucho, ¡ qué raro!, una buena noticia : han sido liberados los tres reporteros españoles que llevaban diez meses secuestrados en Siria: José Manuel López, Ángel Sastre y Antonio Pampliega. La diplomacia española ha funcionado. Estamos de enhorabuena. Los compatriotas habían sido capturados por el Frente Al Nusra, filial de Al Qaeda, y se temía lo peor. Hemos visto más de una vez imágenes crueles donde estos bárbaros han decapitado ente una cámara de televisión a periodistas de otros países. Estos se han librado, lo que no quita la tensión, el nerviosismo, la duda ante la muerte que han soportado, ellos y sus familiares.

   La presidenta de la FAPE, Federación de Asociaciones de Periodistas de España, Elsa González, dice que “son tres periodistas en precario con valores de hierro que mantienen los auténticos principios del periodismo”. Sin duda. Igual que otros que también lograron ser rescatados hace algún tiempo, como Marc Marginedas, Javier Espinosa y Ricardo Villanova. Siria está considerado el escenario peor del mundo para los periodistas, seguido de Irak, Libia, Chechenia y Sierra Leona. En Siria, tras cinco años de guerra, han fallecido 270.000 personas, entre ellos 139 reporteros. Los fanáticos del mal llamado Estado Islámico no quieren informadores profesionales. Prefieren hacerlo ellos. Elaboran videos de gran calidad que difunden por Internet, y no siempre es fácil distinguir entre la información y la propaganda. Por eso los periodistas son considerados incómodos y pasan a ser objetivo, presa a batir.

 

   Un incendio de proporciones gigantescas arrasa Alberta, en Canadá. Nada menos que 300.000 hectáreas, o lo que es lo mismo, una extensión semejante a Mallorca. ¿ Cómo es posible que pase eso en una país tan avanzado, uno de los cinco con más renta percapita del mundo? En Estados Unidos suele haber también incendios inmensos, lo que demuestra que los atentados contra la naturaleza no siempre pueden ser controlados por el hombre.

    Todo incendio me recuerda siempre los que había en Cañizo cuando yo era niño. En verano eran habituales. El sol inmisericorde, en plena canícula, sólo necesitaba la ayuda de un cristal para generar un foco traidor. Otras veces era la chispa de una máquina o el cigarro de algún inconciente. Tocaban las campanas a rebato y el pueblo entero corría al lugar con todo tipo de utensilios para detener el fuego. Los trigos y cebadas, secos, y la maleza acumulada, se convertían en una yesca gigantesca. Terminar el verano sin un incendio era un milagro. En cierta ocasión viví una situación terrible. En una pequeña parcela, cerca de la desembocadura del Sequillo en el Valderaduey, donde estaban mis hermanos segando. Se preparó un incendio que nunca supimos  cómo se originó. El caso es que en segundos se empezó a extender como si aquello fuera un inmenso reguero de pólvora. El agua del río cercano, y el hecho de que fuera en una parcela rodeada en tres cuartas partes por un brazo del río, nos libró de quemar medio término. Tenía yo unos quince año, allá por el año 1968. Aquel día las campanas de la iglesia de Cañizo, y de todos los pueblos de alrededor, hubieran sido insuficientes para detener aquel incendio devorador. El agua de los ríos aquel día fue realmente milagrosa.

 

8/mayo/domingo

 

    Los Telediarios de TVE incluyen en su “minutado” dos fiestas populares que me llaman la atención: en Ávila la Coronación Canónica de la Virgen de las Vacas y en Zamora el Cristo de Morales. Me parece  sorprendente, y genial a la vez, que los Mozos de las Vacas “bailen” la imagen de su Virgen al ritmo de pasodobles. Pienso que la España cañí es inmortal. Seguiremos modernizándonos, europeizando, pero las tradiciones más genuinas, en los rincones de esta España variopinta y heterogénea, religiosa y pagana a la vez, seguirán, incluso aumentarán. La fiesta es imprescindible como colofón al trabajo, al día a día, a la rutina de las horas intrascendentes. Los atenienses llegaron a tener 120 fiestas por año; nosotros, aunque Ángela Merkel y compañía se creen que trabajamos poco, no llegamos ni a una quinta parte.

    Al ver imágenes de la romería zamorana el recuerdo me llevó hasta finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, cuando yo acudía a esta fiesta muy popular entre los zamoranos. Estudiaba el Bachillerato en el instituto Claudio Moyano y nunca me faltaban ganas para acudir allí donde hubiera baile y alegría.  En el Cristo de Morales del Vino, en su ermita y en su pradera, además de todo eso abundaba la comida y la bebida, señales inequívocas para el éxito de una fiesta.

   Las generaciones se suceden, a modo de las estaciones del calendario, pero las tradiciones permanecen. De aquellos días guardo dentro emociones entrañables, resumidas en las ganas de vivir y la fuerza de una juventud que parecía indestructible.

 

  11/mayo/miércoles

 

  Estoy con Silvia Murciano que me ha preparado una sorpresa. Un regalo. Poco habitual; la gente nunca te llama para regalarte un jamón porque le caigas bien, sino para pedirte un favor. Si alguna persona con la que tienes media relación un día te sorprende con una llamada de teléfono en plan muy amable y simpático, ponte en lo peor: no te llama para decirte: “como me caes muy bien, eres muy simpático y me has hecho reír mucho, quiero verte porque te voy a regalar un viaje al Caribe”. No, siempre te llaman para pedirte un favor, que encima suele ser uno que no puedes hacer tu directamente, sino que a su vez se lo debes pedir tu a un tercero: “es que como tu tienes buenas relaciones con él seguro que Fulanito te atenderá mejor que si le llamo yo”. Por fortuna las peticiones de ayudas complejas, pegadas a la política, han caído desde que los casos de corrupción inundan el mercado. Hoy ya no se puede llamar a un político poderoso para que ayude al vecino así por las buenas. Eso está en sagrado, que se ha empezado a acabar la España del enchufe público. (¿Será verdad lo que digo?)

   El caso es que come decía Silvia Murciano me cita a tomar café y me regala un dibujo precioso, un ex libris, con su tampón, hecho por su hermana Isabel. La traducción del latín de ex libris, para dejarlo más claro, significa “entre los libros de”, o sea, una marca de propiedad, una estampa o sello que se suele poner en el reverso de la cubierta de un libro. El ex libris que me regaló Silvia Murciano recoge en dibujos los caminos de Tierra de Campos, los míos, dos libros escritos, como si yo fuera escritor, y una concha de peregrino del Camino de Santiago. O sea, tres aspectos que en estos momentos sitúan mi realidad. Silvia Murciano me ha regalado mucho más que un jamón. Muchísimo más.

 

     12/mayo/jueves  

 

     José Delfín Val, periodista y escritor, magnífico cronista oficioso de Valladolid, a decir del alcalde Óscar Puente, me envía su último libro: “Cervantes en Valladolid, Valladolid en Cervantes”. Obra magníficamente editada por el Ayuntamiento de la ciudad, muy oportuna en este 400 aniversario de la muerte del autor del Quijote. José Delfín Val ha trabajado, como en todas sus obras, de forma intensa, ha ejercido de investigador concienzudo, y ha sabido encontrar el nexo de unión, el alma, entre el gran escritor y Valladolid, ciudad donde Miguel de Cervantes Saavedra vivió durantes dos etapas, una de ellas cuando llegó con su familia entre los 4 y los 5 años, y ya de mayor, en los comienzos del año 1600, cuando Valladolid era la capital de las Españas. Gran obra, ilustrada con fotos, dibujos, manuscritos y documentos que certifican la vida de Cervantes en Valladolid. En esta ciudad el genial escritor encontró poca fortuna, hasta llegar incluso a sufrir cárcel tras la muerte de Gaspar de Ezpeleta, caballero navarro afincado en la Capital, donde se encontró con el filo de una espada, y con la muerte, junto a un puente del Esgueva, el humilde afluente del Pisuerga, cercano a la casa donde vivía Cervantes con varias mujeres de su familia, las llamadas, “Cervantas”, de vida un tanto oscura. Nunca se supo quién mató al golfo Ezpeleta, pero Cervantes padeció la duda.

   José Delfín Val es un referente para conocer la vida y los milagros de la historia de Valladolid. Todo desde la rigurosidad, la documentación y la pasión. Además de un  lenguaje cargado de ironía y el humor.