Lunes, 18 de diciembre de 2017

Los Deslugares

  Este extraño neologismo se está abriendo paso desde hace años para describir una realidad nueva y que por eso mismo hasta ahora no tenía palabra con la que ser nombrada. Y no deja de ser curioso que sí exista destiempo, que al fin y al cabo es pariente próximo. Desde hace unos años los sociólogos (el sociólogo francés Michael Foucault, inspirador del mayo del 68, abrió ya hace medio siglo este camino) han venido hablando del no-lugar y de la Heterotopía en el sentido de que la ciudad moderna  se fija más en el espacio que en el tiempo y en su historia; es otra cuestión, pero no ajena del todo a la que en estas líneas quería yo plantear.

Pueden llamarse así, deslugares, algunos espacios actuales contrarios a lo que eran los lugares humanos. El lugar da identidad, te relaciona, es historia viva, tiene personalidad, la recibe y la da; el deslugar es la nada andante, es la ausencia sin asomo de presente ni de futuro; el lugar está habitado y en él el ser humano es la medida de todo y la armonía integral su objetivo, el deslugar puede tener a nadie o a mucha gente pero en todo caso ni son ni están ni se les espera; la realidad se oculta tras velos del momento.

Vivimos ya una época en que el mundo y la sociedad se experimentan menos como vida que se desarrolla a través del tiempo que como una red que comunica puntos y teje su red (su web) como una malla. Es, o como si fuera, una mezcla aleatoria entre GPS y Washap (¡también existe ya desde hace un año WhatsApp web!)

Y creo que algo de todo esto está en el secreto del enorme éxito de una novela como La chica del tren (el libro más vendido en España y en Europa el último año), donde todo es un puro “deslugar”, el tren, el trabajo al que va cada día, el lugar sin referencias donde se desarrolla la acción, la supuesta realidad que ve cada día desde la ventanilla, la chica misma… Quizás estamos todos ya en un “deslugar”.

No hay espacio para más, pero que conste que todos estos recorridos ponen en duda, o casi anulan, la realidad inmediata y que pueden fundar sobre esa duda un saludable apetito de trascendencia. O la trascendencia o la nada. Nunca se sabe.

Una guía turística de algunos  deslugares de Salamanca

  1. 1. El inmenso suelo urbano deshabitado al lado del cementerio (¡buena vecindad para un lugar muerto!) que parece que es pero que no es por no haber llegado a ser lo que era en su ser natural amén. ¡Descanse en paz!
  2. 2. Las zonas de copas a eso de las cuatro de la madrugada donde nadie es de allí y nadie es forastero hasta el punto de que nadie es nadie y se pierde en la madrugada que amenaza con barrer hasta los restos que puedan recordarlo.
  3. 3. El hermoso solar de las antiguas Pistas deportivas o el más pequeño del antiguo Jardín Botánico donde la novedad no pudo con los restos de historia y ha quedado todo momificado por los siglos de los siglos.
  4. 4. El Helmántico todavía llenos de ecos triunfales ya muertos como cualquier Itálica famosa.
  5. 5. Demasiados solares bien situados, cargados de historia y de rostros que la vivieron y huérfanos para siempre, en Placentinos, La Rúa, Consuelo, San Justo, Pan y Carbón, Rosario y hasta en el costado mismo de la Catedral, que no hay sitio donde no pueda asentarse un deslugar para siempre.
  6. 6. La calle Toro, sobre todo su primer tramo, en hora punta comercial donde todo es gente y cada uno es nadie, uno más, que va detrás de algo y donde comprar es ser. O no ser.
  7. 7. Las viviendas municipales sin entregar en la calle Ancha: son un deslugar pequeño pero cargado de mucho sinsentido, no son para lo que fueron y están aún pero ya no son.
  8. 8. El Tormes, ese río fantasma que no pasa por Salamanca, porque nunca lo ha asumido ni abrazado urbanísticamente, como si fuera algo ajeno y lejano, como si no fuera. Basta con no mirar cuando se pasa un puente.
  9. 9. Una esquina cualquiera con una escena de despedida de soltero en la que los participantes buscan anonimato, se disfrazan como pueden y escenifican que no son aquí lo que son allá y que aquí son lo que no son. No son y prefieren no ser, aunque sólo sea por un día.
  10. 10. El cerebro de cualquier ciudadano también puede ser un deslugar. No estamos libres de un desamueblamiento tal que perdamos la memoria y dejemos de ser por culpa de alguna aceptada y resignada deforestación mental, que las hay.
  11. 11. La sede de un partido político (no digo de todos, sino de alguno) que puede estar perfectamente ajena, en despoblado, lejos del mundo habitable, sin lugar. Un deslugar que se dice, vamos.

Ni que decir tiene que rodeado de deslugares el ciudadano tiene a veces dificultades para estar en su lugar, ponerse en su sitio y vivir con buena salud ciudadana en su lugar natural en medio de una ciudad viva. En ello estamos, compañero.