Domingo, 17 de diciembre de 2017
La Sierra al día

La Memoria de los Robles y las Piedras

LA ALBERCA | Este sábado tendrá lugar la tradicional romería a Majadas Viejas
Romería de la Virgen de Majadas Viejas en La Alberca

"Existe un páramo, pintado a desmano del camino que desciende desde La Alberca hasta Mogarraz, salpicado de espléndidos robles alfombrados de brezo. En ese lugar, escarpado hacia el sur en suave declive, el polvo se forja al aire de la Sierra con recios berruecos que alumbra la tierra como a borbotones, como las formas rollizas de una mujer hermosa y bien dispuesta. Las sombras escasean, la brisa escancia los aromas de primavera cuando procede y el olor a musgo cuando, estéril, la pradera se adormece en el invierno. En esta majada, vieja majada, adonde los pastores acuden con sus rebaños a mascullar sus sueños de Loa de verano, donde la soledad cae por su propio peso, el denso silencio es rebatido por un melifluo tañer. Porque al fondo, más allá del extraño montón de piedras acumulado a un lado de la rodera, cantos pétreos que llevan en descarga espiritual la atadura de los cuerpos a los cuerpos, allá, asoma la cortés espadaña de una ermita, suavemente erigida sobre antiguos cimientos, como si, desde el inicio de los tiempos, hubiera existido allí, fundida en colores y material con el paisaje, puramente espontánea. Si se detiene el pastor a escuchar, si el rebaño permite el silencio en este lugar de los Dioses, junto a los restos del antiguo pozo, podrá percibir el idioma de las piedras, el idioma de Dios en consecuencia, y también, aguzando un punto más el oído, la sorpresa de aquel piadoso hombre, de Froilán, el ermitaño de Monforte, arrastrando con sudor las rocas en este mismo lugar y posando sus manos en la pequeña figura de madera, chata y de un viejo pulimentado.

-              Madre de Majadas Viejas –dice el pastor recordando las palabras que la tierra pronuncia en perpetuo recuerdo-. Sobre esta piedra edificaremos tu memoria.

Majadas Viejas, a desmano del olvido, exhorta en silencio su propia memoria, que es la memoria de los robles y las piedras, los últimos que abandonarán, cuando sea menester, el recogimiento de la Sierra"

De 'La Montaña Dorada', Raúl Rentero Mateos