Lunes, 18 de diciembre de 2017

Reflejos y realidades

 

"Tu única obligación
en cualquier periodo vital
consiste en ser fiel a ti mismo..."
( Richard Bach)

Pocas veces nos planteamos lo difícil que es crecer, pocas o ninguna vez nos planteamos cuando crecemos las decisiones que tomamos; simplemente las tomamos. Cada una de ellas, marcara nuestro camino. Las que tomamos libremente y las que no lo fueron tanto, todas se apresuraran a llenar la cesta de la vida  y depende como la podamos descargar  tendremos fuerza o no para llegar al final.

Quizás en situaciones concretas pensamos en nuestros padres  y las estrategias buenas y malas que aplicaron para calmar nuestros berrinches, para sonreír ante la desgracia o simplemente para poder sentar a todos a la mesa y que los estómagos fueran llenos.

 También pensamos a veces, los retos a los que se enfrentaron nuestros progenitores por nosotros y cuando estamos muy iluminados pensamos si esta característica o aquella es resultado de la educación o la personalidad que tenían nuestros padres.

.En realidad, mucho de lo que soy hoy y mucho de lo que serán mis hijos tiene que ver conmigo y con ellos. Cuando tienes un hijo, no solo transmites valores y educación, transmites una parte de ti que se quedará en ellos por siempre.

Tú hijo es un reflejo que en el mejor de los casos, te demostrará todo los puntos positivos pero que en general, hará evidente todas los fallos que temes transmitirle.

Los miedos injustificados, las expectativas que pretendes que tu hijo cumpla ya que piensas que es Simba en a selva

. Que su vida tenga todo, menos los momentos difíciles que todos conocemos, y que nuestros padres y todos nosotros, sus hijos, alguna vez enfrentamos.

Por supuesto que desde el primer día que su pelo enmarañado y “sucio” con sangre placentaria asoma a este mundo de sorpresas, y no todas agradables, la responsabilidad se cuelga en la mochila, y desde ahí la sacamos en todos los momentos de su vida.

En cada acción, en cada decisión tomada existe la duda de hacer lo correcto, pero la decisión es inminente, no puede esperar. Y como si fuéramos la reina en Blancanieves nos miramos al espejo jurando no cometer los mismos errores que en su día cometieron con nosotros. Damos por supuesto que nuestros hijos llegaran más lejos, lograrán sus metas, y serán más felices, ¿o no?

Y comenzamos a cargar su mochila, aun sin estrenar  de expectativas difíciles de cumplir, de metas que no están en su carrera, de miedos de otra película distinta a la que le gusta a él, creamos su propia imagen sin contar siquiera con un cabeceo aprobatorio y nos cegamos para no  ver la que está frente a nosotros.

Pero la vida sigue, la rueda voltea una y otra vez y no nos espera. Aquel niño o este niño tomará su propio camino, sus propias decisiones, se enfrentara a una jungla de peligrosos humanos hambrientos de carnaza, se enfrentara a su propia camada para defender a sus descendientes y parecerá que renuncia a su acacia cuando realmente solo está cambiando de sombra

 “Viaja libre y feliz más allá de los cumpleaños, por encima de la palabra siempre, y nos encontraremos alguna que otra vez, cuando así lo deseemos, en medio de la única celebración que no puede terminar” ( Richard Bach)