Sábado, 16 de diciembre de 2017

“La maté porque era mía”

A la mujer en casa, nada le pasa” o "la mujer en casa y con la pata quebrada", son refranes populares. Grandes pensadores dijeron “lindezas” parecidas como “la mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso”, Erasmo de Rótterdam o “la mujer no es más que el hombre imperfecto” Averroes, Filósofo y médico hispanoárabe.

Más tarde apareció la publicidad y podíamos escuchar de forma machacona ¿Quieres decir que hasta una mujer lo puede abrir? - La mañana de Navidad ella será feliz con una aspiradora - Serás la mujer que tu marido quiera que seas - El chef hace todo, pero cocinar es para lo que están hechas las esposas. Durante muchos años, estos mensajes publicitarios para vender un frasco de tomate frito, una aspiradora, una laca de uñas o un robot de cocina, reforzaron una educación machista y represiva, en la que lo que se llamaba “cortesía masculina” enmascaraba la falta de reconocimiento social de las mujeres.

Y en esos “polvos” crecieron muchas generaciones engendrando unos “lodos” que demasiadas veces terminan con el asesinato de una mujer y que se cataloga como violencia de género, un término que no comparto, porque la violencia es violencia y el asesinato es asesinato, cosas que nada tienen que ver con el género de las víctimas. ¿Hemos avanzado? Sí, pero desde luego y a la vista de lo que año tras año viene sucediendo en nuestro país, no lo suficiente.

El periodista José María Calleja se preguntaba en una reciente entrevista: Han matado a 800 mujeres en diez años. ¿Y si hubieran matado a 800 jueces o futbolistas? Hay más asesinadas por violencia machista que por ETA, así que debería haber periodistas especializados. Y pone en cuestión las formas con las que los medios de comunicación tratan estas situaciones: No se puede decir que una mujer "ha muerto" cuando ha sido asesinada. Esto supone un dilema para la mayoría de los medios de comunicación. Muchas veces se pueden leer titulares como "Muere una mujer en Valencia acuchillada por su marido". En otras ocasiones, no se trata el tema como un asesinato hasta que no se demuestra en un juicio […] Para informar sobre violencia de género se toman unas prevenciones que no se toman para otros casos".  Calleja opina que "debe haber una parte de las redacciones especializada en violencia machista". Según Calleja el asesinato de una mujer a manos de su pareja no puede ser tratado como un suceso, porque es un problema de toda la sociedad y entre todos debemos ponerle fin

Terminamos el pasado año con 57 mujeres asesinada, este año ya son 19. Acuchilladas, degolladas, tiroteadas, golpeadas hasta morir. Sus edades van desde menos de 20 años a más de 70 años. Españolas, inmigrantes y extranjeras, catalanas o gallegas, asturianas o andaluzas, pero siempre víctimas, víctimas en una sociedad que parece incapaz de protegerlas, que pasa de puntillas sobre las raíces de todo esto. ¿Qué podemos esperar a corto plazo de unos aspirantes a presidir este país que no son capaces de llegar a acuerdos ni para recortar los gastos de la carísima, y repetida, campaña electoral que ya amenaza en el horizonte?

No es un problema de los jueces, ni de la policía, ni de las leyes, ni de los protocolos actuación. No es un problema de recursos humanos, materiales o económicos, es un problema social de enorme importancia aún sin resolver que debe avergonzarnos a todos como sociedad. Un problema que tiene raíces muy profundas que es indispensable cauterizar para recuperar nuestra dignidad como Humanidad. Un problema que afecta a más de la mitad de la población como potenciales víctimas y al resto como potenciales verdugos.

Eduardo Galeano escribió: “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”