Lunes, 11 de diciembre de 2017

‘Nada es lo que decías’, los versos vividos de Ester Bueno

La presentación de su primer poemario será este viernes, a las 19.00 horas, en la librería Hydria

Ester Bueno Palacios, poeta

Este viernes, a las 19.00 horas, en la librería Hydria (plaza de la Fuente), Ester Bueno presentará su primer poemario, ‘Nada es lo que decías’, editado por Cuadernos del Laberinto. Un acto cuya entrada es libre y en el que intervendrá el profesor de la Universidad de Salamanca, Enrique Cabero.

“La poesía sentida y vivida, como la que aquí nos ofrece Ester Bueno, se diferencia de la poesía de salón en que nace de la experiencia, ya sea ésta individual o social. Se nota que lo que escribe la autora nace de sus propios conflictos, de sus inquietudes, de su actividad dentro y fuera del asfixiante, en ocasiones, mundo cultural”, explica el autor del prólogo, Mario Pérez Antolín, que se dirige a los lectores en estos términos: “Por lo tanto quedará defraudado, al leer este libro, el que busque una lírica formalista o retórica. Ester se decanta, y hace muy bien en mi opinión, por un estilo directo y claro, con el que construye unos poemas emocionantes, bien estructurados y de musicalidad innata”.

La editora, Alicia Arés, reconoce que “pocas veces he encontrado una claridad tan cegadora como ante los versos de Ester Bueno”, a la que define como “luchadora, es mujer justa y alegre, y siente que es necesario que las diferencias afloren, que el mundo se enriquezca con la diversidad. Ella sabe contemplar de dentro afuera, sabe mirar en derredor, sabe que apreciar es mucho más que dar valor. Y así sus poemas nos muestran un escenario complejo que sale de su espacio vital y nos encamina por diversos lugares del mundo, y que pone su centro en un caleidoscopio —de nuevo la luz como elemento vital—. Ester interpreta los sentimientos y nos habla de la esencia, de lo eterno: el amor, la muerte, la transcendencia y la naturaleza”.

Entrevista

"Nada es lo que decías" es su primer poemario publicado. Háblenos de este título tan original. ¿Y cuál es la esencia, la clave de este nuevo libro?

Habitualmente las personas que conoces, desde tu nacimiento, te van haciendo partícipe de sus experiencias y vivencias, de su trayectoria en las partes más íntimas, en el amor, en la amistad, en la derrota y el miedo, en la pasión… Y aunque, si bien es verdad, que sirve el bagaje de otros, casi siempre "nada es lo que te habían dicho", es necesaria la propia voz, son imprescindibles los propios errores. Quizás en el título hay también cierta desesperanza ante las promesas y las expectativas que otros de marcan y que finalmente son también nada.

¿Qué lleva a un escritor a desear publicar, cómo se vence el pudor a mostrarse sin tapujos ante los lectores?

Siempre he escrito, desde que me acuerdo, desde muy niña. Nunca me había planteado la necesidad de que otros leyeran lo que plasmaba en muchos cuadernos que aún conservo. Sin embargo, por una serie de coincidencias, parece que todo me llevaba a publicar, a darme cuenta de que quizás era el momento de mostrar a los demás lo que sentía. El pudor es mucho, las dudas infinitas. Pero cada vez me gusta más leer mis poemas en alto a otras personas, como un ejercicio de desinhibición, de conexión con almas que viven la poesía como un regalo y que son capaces de identificarse con sentimientos que yo he sentido tan intensamente.

¿Pessoa decía que "la vida no basta,y por eso existe la literatura". ¿Cuáles son los motivos por lo que siente usted esa necesidad de escribir?

Escribir es un regalo, un milagro. Sólo el hecho de conocer las letras, de encadenarlas, de hacer frases y de expresar ideas y sentimientos me parece mágico. En nuestra sociedad, donde el analfabetismo, afortunadamente, está prácticamente erradicado, no nos paramos a reflexionar sobre la fortuna que supone el identificar las palabras, el poder comunicarnos a través de un papel escrito, de un ordenador… Yo escribo por necesidad, me salva de mis fantasmas, me hace mejor persona. Me gusta atalantar las palabras, hacerlas tener cadencia y ritmo, simplemente me hace bien.

¿Qué consejos daría a los jóvenes que se inician en el mundo de la escritura?

Creo que hay que leer mucho, leer todo, de todos, a veces no es malo leer "indiscriminadamente" cuando se es muy joven. Dejarse aconsejar en las lecturas. Tener un armario de historias que otros contaron. Pero creo que el escritor, si es escritor, tiene la obligación de vivir, experimentar sin miedo, abrirse al mundo a veces y ser introspectivo en la creación. En mi opinión el escritor ha de ser dueño de su vida y escuchar vidas ajenas para poder hacer algo que conecte con el público.

¿Cuáles son sus poetas fundamentales y cuáles destaca de la poesía actual?

Me resulta dificilísimo elegir. Lorca, Miguel Hernández, Valente, Cernuda me apasiona, Kavafis, Emily Dickinson, Hughes, Infante, Octavio Paz, Dulce María Loynaz, José Hierro me parece excelso, Luis Feria, amo a Juan Gelman, a Tundidor…

¿Cómo valora la rima y la métrica una poeta del siglo XXI?

La poesía, según mi criterio, es libertad, es caos a veces en mi caso. Creo que la poesía actual se encuadra dentro de esa anarquía que casi solo la poesía nos tiene permitido. La métrica para mí es musicalidad, ritmo, sin necesidad de un ábaco, y la rima es peligrosa si no se tiene maestría y una sensibilidad extraordinaria en el significado de las palabras..

Además de la poesía, está preparando una novela "Triple chocolate", qué más proyectos literarios tiene en mente, y qué le ofrece la poesía frente a la narrativa y al revés.

La novela está terminada, en corrección, Ante ella tengo cierto "miedo escénico". He de vencerlo para enviarla a algún premio literario que es mi intención respecto a esta historia que me ha constado bastante cerrar. Aparte del trabajo de corrección de "Triple Chocolate" estoy preparando un nuevo poemario, aún sin título, que pretenderá buscar la dicotomía en numerosos aspectos de la vida. La poesía es libertad, la narrativa es trabajo duro. A mí no me cuesta escribir poesía, me sale, sin más. La narrativa precisa de un tiempo y una dedicación que, por mi trabajo y estilo de vida, me es más difícil de encuadrar.

Es usted una persona muy vinculada con otros países, sobre todo con Holanda. ¿Cómo influye esta apertura en su escritura?

Holanda es para mí inspiración y mi segunda patria. Me gusta la gente y el paisaje, su historia y su forma de vida. La capacidad de los holandeses de escuchar, su tranquilidad al afrontar los problemas o los retos, la permisividad dentro del orden, el respeto por las diferencias, la convivencia entre culturas, todo eso me ha enriquecido mucho como persona y como escritora. Este verano me retiré a Ámsterdam durante un mes para poder terminar "Nada es lo que decías". Ámsterdam me da la libertad que necesito para escribir.

¿Cómo combina su faceta de periodista y de poeta? ¿Influye una sobre la otra?

En el mundo periodístico soy una intrusa, es mi trabajo, la actualidad me interesa y me importa, sobre todo en lo que está relacionado con el bienestar de la gente. Pero la poesía es para mí algo totalmente separado de esa actualidad impaciente. Yo soy poeta a tiempo completo y me gustaría realmente dedicarme únicamente a escribir. La influencia entre uno y otro aspecto es únicamente la sensibilidad con la que abordo cualquier tema de mi trabajo o de mis escritos.

La autora

Nacida en Piedrahíta (Ávila), en 1966, estudió Historia en la Universidad de Salamanca, aunque su vida laboral se ha desarrollado entre la enseñanza del Español a alumnos de muy diferentes países y la dirección de gabinetes de prensa y relaciones con los medios de comunicación. Coordinó y dirigió el periódico «Ciudades », con presencia en todas las capitales de Castilla y León. Ha vivido en Holanda durante un periodo de su vida, donde escribió el primer poemario, Más que esperas y que también inspiraría el ensayo Los pequeños hitos que nos diferencian. En la actualidad colabora como articulista en diferentes medios de comunicación y está inmersa en la escritura de su novela Triple Chocolate.

En Cuadernos del Laberinto ha participado en Antología de poetas contemporáneas ENÉSIMA HOJA, ATLAS POÉTICO. Viajeras del siglo XXI y en AMOR. Poesía amorosa contemporánea

El vivir ha de ser indefectiblemente loco y apasionado, difícil y sereno, ambiguo y relativo. Andamos cuajados de verdades a medias, de soles alumbrados por detrás, con la mano de otros guiando los caminos de lo que anoche fuimos, con la certera esencia de un mañana redondo en la retina y con la confianza de los niños, que abandonan a tientas los lugares más cálidos. Nuestra biografía no es más que lo que sobresale de un mar de amaneceres, noches, tormentas, lluvias, nieves, vientos, retazos desgajados de lo más cotidiano, sonrisas, escarceos, planicies alteradas por impulsos del alma. Y, en todo, es y está la palabra, ensenadas de frases, inmensos estuarios de adjetivos y verbos, de puntos y de comas, de puntos suspensivos, de interrogantes serios y pueriles comillas, rabiosos remolinos de extensas condiciones, larguísimos futuros, perfectos enredados, imperfectos perdidos, presentes no cubiertos. La vida es la palabra, mi vida está en los versos, y no sólo en los míos.

Uno de sus poemas, ‘Todo era otro’

Llegué y la plaza era otra.

La luna colgada en las casas de rosa

no estaba en el alero.

El hombre de Italia, con la nariz funesta,

emigró a otro planeta.

Los niñitos pequeños, de gitanas cabezas,

no llenaban con gritos de loco los balcones.

 

Llegué y el camino era otro.

El barro lo arrobaba con pisadas informes

y el lodo daba paso a lluvia microscópica.

Caían las cascadas con más fuerza que entonces.

Donde leímos juntos, rebosaba de odio.

 

Llegué y la gente era otra.

No encontré encorsetado al viejo camarero.

Ni a las rubias chillonas de la esquina del fondo.

Ni a la pareja anciana que se miraba firme.

 

Llegué y me di cuenta, como lo sabe un sabio, de

que la pérdida horrible de tu vida cerrada,

que la aguja con hilo ensartada en mi pelvis,

que la nube de líos, liada en mi garganta,

que el estaño clorado, estocado en mi frente,

que las mañanas verdes roídas de cansadas,

que los vómitos sordos de panes no cocidos,

que los «ya no me toques» que me salen a veces,

no son más que un río lento de instantes ya vividos.

Fuente Editorial Cuadernos del Laberinto