Domingo, 17 de diciembre de 2017

Por mi culpa, por mi grandísima culpa

Debe ser que estoy en régimen de interinato, pero a mí lo de los gastos y los fastos electorales como que ni fú ni fá. Ya sabemos que la contabilidad es una ciencia muy creativa y que nos gastamos los dineuros en lo más absurdo, tal y como mandar a casa una papeleta que de nada sirve porque cuando voy a votar hay una montonera, como debe ser… pero claro, hay que asegurarse de que el votante vergonzoso salga de casita con el sobre cerrado, por si acaso. Yo no tengo problema en ir a votar otra vez y en que se coaliguen los que quieran con quienes les venga en gana… lo que me preocupa es mi tendencia a pensar que sólo cambiarían los hocicos en los abrevaderos. Es decir, que si entran otros, otros que van a dilapidar para sí, como estos… y vaya por delante que creo firmemente en que hay políticos que son gente de bien, trabajadora, consciente del bien común, que no se lleva nada a casa y que están sufriendo el acoso de la gente porque últimamente se ve más a los que roban que a los que hacen bien su trabajo.

        Lo dicho, que voy a votar y me quedo tan ancha, total, si no han querido o sabido formar un gobierno también están en su derecho. No hay una ley que obligue a nadie a juntarse con quien no quiere. Eso de la culpa me parece una herencia de la época del palio, perdónenme. Yo soy muy mala trabajando en grupo y ni les cuento con cierta gente que no tienen nada de compañeros, sino como bien dijo una de mis íntimas, “son coincidentes laborales míos para mi desgracia”. Que no, que no hay culpa ninguna, que si yo no quiero jugar a la comba con esa, nadie me puede obligar a hacerme su mejor amiga para siempre. El patio del cole además de ser un lugar cruel es un laboratorio perfecto para estudiar al homo erectus en pleno desarrollo. Y las perspectivas no es que sean muy esperanzadoras, por eso que Dios nos coja confesados de tanta culpa y ya.

         La culpa la deberían entonar esos mangantes que entran en la cárcel y dejan los dineuros fuera, pero bien fuera, para recogerlos luego cuando pase el ratito de trena privilegiada. Yo la verdad, ni pan ni agua, que devuelvan lo robado y se acabó, pero claro, volvemos al arte de la contabilidad creativa y a los destinos vacacionales de fondos diversos. En fin, que no hay remedio, a mí que me dejen votar que hasta opino sobre la Pedroche, esa chica tan maja que está tan enamorada… qué vamos a hacer, si el nivel político está a la altura de la alcantarilla, las polémicas nacionales también, así es que mejor no nos metemos en honduras y nos vamos a tomar algo ahora que parece que no llueve.

 Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez