Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Mal empezamos

Finalizada la legislatura más corta de este periodo constitucional, parecería que los partidos políticos están enjugándose el sudor tras haber culminado una etapa fructífera para todos los españoles. Posiblemente no hayamos caído en la cuenta de que, con su empeño y tesón, han atacado a fondo los verdaderos problemas que nos llenaban de inquietud, y lo que es todavía mejor, han conseguido enderezarlos todos. Es decir, ya podemos dormir tranquilos porque en los ámbitos nacional e internacional esto es una balsa de aceite. Así:

  • A la hora de afrontar el problema del terrorismo yihadista, todos los partidos políticos ya han suscrito un acuerdo adoptando una postura uniforme, sincera y sin fisuras.
  • Ante el desafío independentista que late en algunas formaciones políticas, los partidos que se declaran constitucionalistas están firmemente dispuestos a emplear todos los medios legales a su alcance para hacer cumplir la Constitución evitando, ante todo, la ruptura de la unidad de España.
  • Para intentar mejorar nuestro puesto en el ranking mundial que valorala educación de nuestros jóvenes, por fin se ha logrado adoptar por unanimidad un sistema susceptible de desarrollar en todas las comunidades, pegado a la realidad y necesidades de la sociedad, sin tergiversaciones históricas ni odios cainitas.
  • Así mismo, dispuestos a solucionar el grave problema del paro, todo el mundo –partidos políticos, empresas, sindicatos, banca, etc.- ha arrimado el hombro para poder alcanzar niveles de desempleo similares a países de nuestro entorno y de nuestras posibilidades; en este capítulo todos los intervinientes se han mostrado solidarios para lograr un equilibrio entre la dignidad y el salario deltrabajador, de una parte, y de otra, la adopción de una política laboral justa para que la empresa ni abuse ni se ahogue.
  • Para completar la fiesta, el Parlamento, como poder legislativo, elabora las leyes verdaderamente imprescindibles para llevar a buen puerto estas políticas y, con las diferencias lógicas a la hora de desarrollar sus respectivos programas, se ponen de acuerdo en todo lo necesario para elevar el nivel de bienestar social, el respeto de los derechos del individuo y la clara apuesta para vigilar el cumplimiento de la ley. Qué fácil ¿verdad? Pues en muchos sitios funciona así.

 

Sin embargo, la realidad es muy otra, y el sufrido ciudadano, ese de cuyo votos se alimentan los políticos, se pregunta: aquí y ahora ¿por dónde andamos? Pues por los cerros de Úbeda. Sin acabar de asumir su incapacidad para llegar a un acuerdo que hiciera posible la gobernabilida, los partidos políticos, antes de que comience –ya llevamos medio año- lacampaña electoral, nos están “amenazando” con su intención de repetir la jugada.

Si los partidos políticos no han cambiado, los programas son los mismos y repiten los aspirantes a ocupar el Palacio de la Moncloa, mucho tendrían que variar los resultados del 26-J para que hayan desaparecido los inconvenientes que ya motivaron la imposibilidad de formar gobierno. A partir de esa fecha, lo único que podríavariar es la predisposición de algunos partidos para formar coalición con aquellos cuyos programas presenten suficientes puntos comunes en lo verdaderamente esencial. Sí, en eso que todos sabemos, y que no ha merecido el suficiente interés por parte de la clase política.

¿En qué se ha ocupado esa clase política que tiene la solución de nuestra delicada situación? En detalles tan significativos como cambiar el callejero de muchas ciudades –aspecto mucho más importante que, por ejemplo, la seguridad ciudadana, la limpieza, el tráfico, la educación, la sanidad, etc.-. Establecer como prioritario la derogación de la legislación laboral actual, porque está dejando en mal lugar a las anteriores. Oponerse al deseo de quienes pretenden presenciar en lugares públicos acontecimientos deportivos en los que intervienen equipos nacionales, o relacionados con la fiesta nacional –más que nada, para no herir susceptibilidades de quienes se declaran antiespañoles-. Procurar que no se les note mucho el rechazo de quienes se sienten ninguneados -léase los partidarios del “derecho parcelado adecidir”, de la multinacionalidad, de la comprensión con los pobres terroristas-. Condenar enérgicamente los casos de corrupción del adversario, pero no airear demasiado los del propio partido - más que nada por aquello de la presunción de inocencia-.Declararsu alergia a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad–porque suponen una intromisión en la intimidad del pacífico ciudadano-. Solicitar del Gobierno el alejamiento de las Fuerzas Armadasporque son contrarias al pacifismo que impera en todo el mundo, y, además pueden asustar a los niños -; ahora bien, en caso de catástrofe o calamidad, deben ser los primeros en aparecer, a ser posible, gratis- Por último, pero no menos acuciante, hay que acabar de una vez con la prepotencia de la Iglesia, que se permite sustituir al Estado en temas sociales. Menospreciar –y a ser posible despreciar- cualquier acto e carácter religioso; pero tener especial cuidado en hacerlo exclusivamente contra la religión católica.Nada de colegios religiosos concertados que, sin entrar a valorar su nivel de eficacia, significan un lavado de cerebro para nuestros jóvenes.

Con estas intenciones y con estos antecedentes, una de dos, o tenemos otras elecciones a final de año, o ¡que Dios nos coja confesados!