Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Irena Sendler: la letra pequeña de la historia enterrada bajo un árbol

“Ella era de izquierdas, sí, pero de una izquierda que ya no existe, preocupada por las personas "Anna Mieszkwoska

“Sólo hice lo que debía hacer” Irena Sendler

 

La letra pequeña de la historia dice cosas muy grandes a las que no siempre se presta atención. Las grandes guerras, las revoluciones que estudiamos en los manuales escolares, las catástrofes, los atentados, etc., arrasan la memoria de los niños, enturbian las imágenes del pasado, oscurecen las mejores acciones, hacen flaquear el ánimo y las esperanzas en un futuro mejor.

Lástima que los libros de texto no tengan letra pequeña, ni anotaciones al margen, donde señalar eso otro que siempre queda por decir:  el coraje como un balbuceo subterráneo es finalmente silenciado por el poder, la ideología, el éxito o el dinero. Lástima,  porque la voluntad de vivir, el afán de aprender, el crecimiento moral,  el despertar de los sentimientos solidarios en nuestros adolescentes ensimismados, necesitan historias ejemplares, como los niños necesitan los cuentos.

Estos días se cumplen ocho años del fallecimiento de Irena Sendler ( Polonia 1910-2008),  una enfermera católica polaca que salvó a  unos 2500 niños judíos del Holocausto nazi en el gueto de Varsovia. Por su trabajo en el área epidemiológica tenía fácil acceso a hogares y otros lugares donde las familias judías esperaban aterradas la inminente deportación a los campos de exterminio, ella se propuso sacar a todos los niños que pudiera por cualquier  medio imaginable: ataúdes, cajas de herramientas, carretillas que transportasen otros enseres, incluso basuras, etc., y los puso a salvo  en monasterios y conventos católicos. Al tiempo que gestionaba la filiación de estos niños en unos papelitos donde fue anotando minuciosamente los datos necesarios para identificarlos y devolverlos a sus familias cuando terminara la guerra; lógicamente la mayoría de ellos,  huérfanos,  hubieron de ser adoptados.

Los papelitos se encontraban enterrados  en unos frascos al pie de un manzano cerca de los cuarteles de la Gestapo,  que,   una  vez descubierta la trama,  torturaría brutalmente a Irena, llegándola a condenar a muerte, pero sin conseguir por ello que revelara su secreto. Por azares del destino  la resistencia consiguió liberarla del patíbulo.  A pesar de las secuelas de las torturas que sufrió,  ella seguiría haciendo sus trabajos como enfermera y asistente social, después de la guerra, en la Polonia comunista. Su propia  discreción, quizás  sus temores, además del velo ideológico y político con que la historia una vez más velara  la existencia palpitante de tanto sufrimiento anónimos, hubieran impedido conocer esta historia, que salió a la luz en 1999, gracias al azar de ciertas investigaciones  sobre el Holocausto que hicieron  unos jóvenes escolares de Kansas. Hermosa coincidencia: como si los nombres enterrados de tantos niños hubieran repercutido el eco agradecido de la vida, a lo largo de generaciones. https://www.youtube.com/watch?v=Df6jwilbNzA

Volviendo a la reflexión sobre la letra pequeña, no quiero cerrar estas líneas sin subrayar que Irena fue propuesta para el premio Nobel de la Paz en 2007, el premio se le concedió, con gran pompa y relumbrón,  a Al Gore, ex-vicepresidente de los Estados Unidos, como ha dicho alguien, "por unas bonitas diapositivas sobre el cambio climático". Hay árboles que dan sombra y protección, otros que son como una algarabía hueca de pájaros enloquecidos.