Jueves, 14 de diciembre de 2017

Hablar del tiempo

 

Hablar del tiempo no es una expresión cualquiera, pero su sentido literal, en ocasiones, no responde al empleo que hacemos de estas palabras.

Son los meteorólogos quienes se ciñen exactamente al significado de estos vocablos. Nosotros, hablamos del tiempo en contextos diferentes. Por ejemplo, para romper el silencio en un ascensor, o para iniciar la conversación con alguien que encontramos en el parque mientras paseamos con nuestra mascota.

No hemos de excluir, asimismo, la importancia de esta locución en boca de los agricultores. Ellos hablan del tiempo en un sentido más amplio. Su conocimiento no está reglado; pero sí avalado por la reiterada observación de fenómenos atmosféricos. Sobre todo, cuando la predicción del tiempo no se facilitaba con la fiabilidad con que hoy se hace. Los labradores de antaño, conocían el momento de enterrar la semilla, y la época de recolectar el fruto, antes de que las primeras lluvias echaran a perder las cosechas.

Dicho todo lo anterior, hablar del tiempo no es lo importante, sino el momento que sigue; cuando la conversación ya ha comenzado y discurre de forma fluida. Sin embargo, esta sana costumbre la estamos perdiendo.

Una relación que se iniciaba con algo tan trivial, hoy, casi no tiene sentido. Escuetos mensajes de whatsapp, amputados y contrahechos, cumplen dos funciones: evitar las relaciones interpersonales, con lo que esto significa, y maltratar la pureza de la lengua.

Hay verdaderos expertos en este lenguaje que, por ganar tiempo, desvirtúan el idioma. Suprimen letras, signos de puntuación, espacios y todo lo que se les ocurre. Marcan sus propias reglas sin ceñirse a protocolo alguno.

Estos grafiteros de la lengua, cuentan con no pocos seguidores. Es mucho el tiempo que ahorran al digitalizar los mensajes y, lo que comienza siendo un atajo en aras de la eficacia, termina en despropósito, por el daño que ocasionan a la pureza del idioma.

Somos tan contradictorios, que convertimos lo insustancial en norma de conducta. Pues, no tardará la Real Academia Española (RAE) en reconocer este sistema de escritura, por su masiva utilización.

Me quedo con lo anterior, aunque tenga que hablar del tiempo, cuando es el tiempo lo que menos me interesa. No es comparable la palabra frente a nuestro interlocutor, con esta nueva forma de comunicarnos.

La cercanía está aderezada con gestos, que son la salsa del  encuentro. Mucho más elocuentes que las palabras. A veces, basta una mirada para entender un mensaje que, por el teléfono, se perdería en una papelera virtual que solo vaciamos cuando el dispositivo se queda sin memoria.