Lunes, 18 de diciembre de 2017
Guijuelo al día

Viaje al interior de la mafia andaluza

GUIJUELO | Solvente cinta de intrigas delictivas, venganza y acción

Hay géneros cinematográficos que nunca mueren. Ni lo harán. Uno de ellos, sin duda alguna, es el de las películas de mafiosos, una rama del thriller  muy peculiar y reconocible. El mundo del hampa ha sido retratado en la pantalla desde los mismos inicios del cine, demostrando la extraña atracción que ejerce el mundo criminal y sus atormentadas historias sobre los cineastas. Toro es una película que bajo una capa muy ligera de frescura argumental, esconde una historia de mafiosos muy poco original, pero a fin de cuentas llamativa, como todas las del género y que aumenta su calidad con varios afortunados elementos.

La premisa es simple. Toro es el apodo de  un matón a las órdenes de un poderoso capo del sur de España. Tras un fallido golpe, pasa cinco años en la cárcel. Tras ese tiempo se encuentra con su hermano, quien le ha robado al mismo jefe mafioso una considerable suma de dinero. La película nos llevará tras una breve introducción a una vibrante historia en la que los secretos, la violencia y la venganza serán los platos fuertes del menú. Como podemos comprobar, el argumento incluso puede resultar un tanto sobado en Hollywood. Pero es interesante ver como el cine nacional, lejos de imitar, replantea ideas establecidas, intentando dar una nueva vuelta de tuerca. En este caso, el director Kike Maillo (responsable de la genial Eva y la no tan genial Tu y Yo) apuesta por dibujar unos personajes interesantes que atraigan la atención del espectador. Algo que consigue aceptablemente con el protagonista, Toro (Mario Casas) y con el villano de la historia, Romano (José Sacristán), que consigue a medias con López (Luis Tosar) y que claramente fracasa con prácticamente el resto de secundarios, especialmente Estrella, la novia de Toro (Ingrid García Jonsson) y Ginés, el matón actual de Romano (José Manuel Poga).

El ritmo de la película es realmente bueno. El filme comienza con una secuencia introductoria que nos presenta a los personajes principales, sus motivaciones y nos regala diez minutos de acción y persecuciones. Esas escenas de acción, al igual que todas las de la película no destacan especialmente por su calidad. Aunque no echan a perder la verosimilitud de la cinta, no son recomendables para el público que busque exclusivamente acción en el cine, puesto que le sabrán a poco. Sin embargo, el resto del aspecto visual, como localizaciones, fotografía y dirección artística brillan con luz propia, creando un ambiente propicio para la historia.

El punto fuerte de la película es precisamente el malo, el capo, el mafioso José Sacristán. El veterano actor se encuentra cómodo con un papel escrito con ganas de dar una dimensión realista al personaje de Romano, pero al mismo tiempo dejando suficientes trazas de crueldad y violencia como para temer al personaje. Sin duda lo mejor de la cinta. Por su parte, Mario Casas demuestra una vez más que quiere mejorar como actor, más allá de su conocida faceta de torso parlante. En esta ocasión, al igual que en Palmeras en la Nieve, tiene momentos de lucidez interpretativa y momentos en los que sobraba alguna mueca y algún chorretón de baba (literalmente), pese a ello, aprueba justo para llevar el peso de la película ante dos grandes del cine español. El segundo grande tras Sacristán, es Luis Tosar, que esta ocasión salió perdiendo en el reparto de libreto y le tocó el personaje más flojo del trío protagonista. Plagado de clichés y sin mucho tiempo en pantalla para desarrollar a López, hermano de Toro, Tosar hace lo que puede con un papel que claramente no pasará a la historia.

La historia mostrará desde el principio pinceladas de violencia acordes con la naturaleza del mundo en el que se mueven los personajes. Violencia bastante gráfica, pero sin llegar a ser grotesca, apareciendo en momentos puntuales para ayudarnos a creernos a ciertos personajes que cuando amenazan, lo hacen en serio.

En definitiva, película recomendable para aquellos que gusten del género, fans de Mario Casas o, mejor aún, de José Sacristán. Un notable bajo para Toro, pero un sobresaliente para el director, que sigue apostando por géneros fuera de lo habitual, lo cual se agradece sobremanera en panorama nacional cargado hasta los topes de comedias y dramas sociales. 7/10

Toro se puede ver en Cine Guijuelo en los siguientes horarios:

Domingo 8 de mayo 20:30 horas

Lunes 9 de mayo 20:30 horas (día del espectador)

También en proyección

Norman del Norte

Domingo 8 de mayo 18:00 horas

Agradecimientos a Multicines Béjar, gestora de Cine Guijuelo, por hacer posible esta crítica.