Martes, 12 de diciembre de 2017

Los mayores, escuela de humanidad

Mensaje en la fiesta de laVirgen de los Desamparados, en la residencia San José de Ciudad Rodrigo

Un año más, tengo la alegría de celebrar con vosotros esta Memoria de la Virgen de los Desamparados. Hace menos de una semana compartíamos, en esta misma Residencia, el Jubileo de los Enfermos y Mayores, y hablábamos de la Virgen como “Icono de acogida y de Misericordia”. Así se puede denominar también a la Virgen de los Desamparados, cuya hermosa imagen luce en esta misma Capilla.

La Virgen, este año, me pide que hable de ella y también, de vosotros, los residentes. Porque, junto a Jesús, presente en el Sagrario, sois el mejor bien de la casa y la razón de ser del carisma de las Hermanitas. Para todo ello, me voy a servir de las palabras de nuestro querido Papa Francisco, entresacadas del Primer Encuentro Internacional con los Mayores, que tuvo lugar en septiembre del 2014.

Comienzo hablando de vosotros, los Residentes. Dijo el Papa que sois la memoria viva de nuestro pueblo creyente y la gran familia de la Iglesia. Sois como árboles maduros que seguís dando fruto.

La vejez no es una desgracia; sigue siendo un tiempo de gracia, en el que el Señor os renueva su llamada, para que sepáis custodiar y transmitir vuestra fe, y para que seáis personas orantes e intercesoras.

Además, los mayores, sois escuela de humanidad; tenéis mayor capacidad para comprender las situaciones difíciles y orar por ellas. Vuestra sabiduría existencial es el mejor tesoro y la mejor herencia que podéis transmitirnos.

Por eso, el Papa Francisco os recuerda que los mayores debéis estar muy bien atendidos, como así es una realidad en esta Casa. No podéis estar abandonados ni maltratados. ¡Un pueblo que no custodia a sus mayores es un pueblo sin futuro! – Porque ha perdido lo mejor de su memoria y es como si hubiera arrancado sus propias raíces. Hasta aquí el mensaje para vosotros, los mayores, en este día.

Ahora deseo hablar de la Virgen, desde el Pasaje evangélico de la Visita a su Prima Isabel. María es muy joven. Isabel es ya anciana. Pero el Dios de la Misericordia ha obrado en ella un gran milagro: la estéril va a dar a luz a un hijo.

María, la Virgen, nos muestra el camino hacia los mayores: ir a su encuentro, para ayudarla pero, también y sobre todo, para aprender de ella y dar gracias a Dios por todos los milagros que ha obrado en su vida.

La joven María escuchaba de su prima las cosas de Dios y de la vida, y las conservaba en su corazón. Era experta no sólo en lo humano sino en los misterios de Dios.

Seguro que la Virgen, junto a Isabel y Zacarías, rezó el Salmo 71: “Tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza desde mi juventud… No me rechaces ahora en la vejez; cuando me van faltando las fuerzas, no me abandones… No me abandones, Dios mío, hasta que pueda contar tus hazañas a la nueva generación”. La Virgen María, con sus primos, reforzó su esperanza existencial, junto a la fe y al amor. También nosotros, y en esta Casa, tenemos mucha necesidad de ello. Y, una lección que no podemos olvidar: siempre el encuentro entre mayores y más jóvenes. ¡Porque los jóvenes tienen la fuerza para caminar como pueblo, pero los mayores robustecen esta fuerza con la sabiduría humana y cristiana!

Pedimos al Espíritu Santo que nada ni nadie nos roben la fe, la esperanza, el amor, la alegría y la misericordia. Sólo, así, como siempre me escucháis, haremos de esta Residencia un cielo y no un infierno. Que así sea de verdad. ¡Santa María de los Desamparados, ruega por nosotros!

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo