Martes, 12 de diciembre de 2017

Una Piedra Molesta

“Uno de los medios más eficaces para que las cosas nunca cambien por dentro, es renovarlas constantemente po fuera”

ENTRE PUENTES

UNA PIEDRA MOLESTA

El otro día; en el paseo matutino que debo hacer por recomendación médica, se coló en mi zapatilla deportiva, una pequeña piedra, el caso que, por no parar,  desatar, y volver a calzar, estuve soportando la “chinita” y según iba caminando hacia casa, me asalto la reflexión que da forma a este artículo. - Hay veces que cualquier cosa por nimia que sea, te enciende la luz-.

“Anda con suavidad y llega lejos”- dice un proverbio chino- Y la idea que nos sugiere para andar cómodos en el camino de la vida, es conveniente que no vivamos como difícil o imposible el hecho de detenernos. Y, es que a menudo en el camino de nuestra existencia, se nos cuela una piedra en los zapatos cuya presencia es sumamente incomoda. Lo razonable es detenerse y liberarnos de ella. Pero aunque resulte paradójico, a veces preferimos encajarla, antes que detenernos y volver a dejar a nuestra molesta inquilina en el camino.

Convertido en costumbre, los motivos de  preferir llevar la “china” con nosotros, puede tener que ver con la inercia de la prisa, la vergüenza o la pereza. Así la pequeña tortura puede llegar a acompañarnos un buen trecho, hasta casa, - como ocurrió con servidor-. Pero llegados a este punto la relación amor- odio puede dar mucho de sí. Por ejemplo, podemos optar por responder, a  quien  nos pregunte la causa de nuestros extraños andares, que tenemos una piedra incomodísima en el calzado, pero que no hemos encontrado aún la manera, el momento ni el lugar de quitárnosla de encima. Quizá, si nos interpelan y preguntan por qué no nos libramos de ella de una vez y en un simple gesto, argumentamos que en el fondo no es para tanto, o que al fin y al cabo no solo te acabas acostumbrando al dolor, sino que incluso le acabas cogiendo cariño a la “china”. En cualquier caso, la cantidad de argumentos es ilimitada y depende de la imaginación del propietario del zapato ocupado. Esta metáfora se antoja sumamente apropiada para reflexionar sobre aquello que a veces llevamos a cuestas y que nos complica un tránsito liviano, amable y en paz por la existencia. A saber:

Piedras mentales, determinados prejuicios y creencias que tenemos sobre nosotros mismos, los demás o la vida pueden ser un verdadero lastre para el camino de vivir. Esas piedras que se encargan de destruir encuentros, aprendizajes necesarios y experiencias reveladoras. Desnudase de prejuicios es un ejercicio sumamente saludable que nos abre una buena cantidad de relaciones. También convine revisar las creencias que tenemos sobre nosotros mismos que pueden ser verdaderas mordazas en el cambio de nuestra vida.

Piedra emocionales que se cuelan en forma de relaciones no deseadas, que en lugar de darnos satisfacción nos hunden anímicamente, compañías que en definitiva nos hacen sentir mal, que generan mal humor y pesimismo y nos abren las puertas del pesimismo y agotamiento psicológico. Son además causantes de daños en nuestra autoestima, son piedras de las que hay que despojarse antes de que acaben con nuestra paz interior, alegría y placer de vivir.

Piedras materiales basada en la nula utilidad de cosas que vamos acumulando, así como todas aquellas compras que nacen de una bulimia consumista y de la necesidad convulsiva de sentirnos vivos. Y es que, en realidad, quien vive de las necesidades ajenas, no se apura en resolverlas. Por ello es fácil que se nos llenen los zapatos de piedrecillas llamativas pero inútiles. Las piedras también se pueden colar en nuestra vida en modo de descuido de nuestra salud, de abulia o apatía a la hora de cuidarnos. La piedra de la resignación y la pereza apenas se notan cuando entra, pero a la larga sus efectos pueden ser devastadores. ¿Qué tal sacudirse de vez en cuando este tipo de piedras pasivo-agresivas y darnos, ahora si un buen paseo bien calzados, buscando compañías agradables con quien intercambiar ideas, interesantes?. El final de la reflexión, es en definitiva, quitar aquello que sobra o nos incomoda y que genere una acción de placer. Pero pata ello es necesario detenernos a observar aquello con lo que cargamos y que se nos ha colado para poder andar ligeros de equipaje con los zapatos de nuestras ideas, afectos y acciones… Y además llevarlos limpios y brillantes… ¡Pues eso!..

                Fermín González Salamancartvaldia                                      (blog taurinerías)