Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Amargo aperitivo isidril con una mansada de Valdefresno

Las Ventas recibió a Fortes con la ovación más cálida de una tarde donde los mansos de Valdefresno prevalecieron sobre las que saludaron Abellán y Luque

Fortes, esta tarde en la primera de San Isidro

Fue sentida y de ley. Fue la expresión espontanea de una plaza que se rinde a quien ha pagado con sangre el privilegio de caminar su arena y, aún así, le agradece a la vida una nueva ocasión de destocarse ante este tendido. Fortes estrenaba nombre en los carteles venteños. Estrenaba vida, estrenaba feria y estrenaba hasta expresión, aunque eso no lo sabía Madrid cuando le tributó, cariñosa, la primera ovación del ciclo.

Era el reconocimiento al bravo que se anunció la misma tarde que dos que quisieron serlo ante los mansos de chiqueros. Fue él, el malagueño que se fue en silencio, el que menos artificios enseñó para lidiar animales y concurrencia. Ya tenían todos lo suyo con la que amenazaba con caer.

Le cayó al malagueño porque sabía la borrasca que no se inmutaría ante lluvia, viento, nieve o ciclón. Le cayó en el tercero para que no le importase enterrarse en el barro con el percal en la mano, ofrecerle los vuelos como si los fuera a tomar, levantar la mano de fuera con imperioso gobierno, llevarse al vientre la de dentro para que lo tocase al pasar e iluminar con el pecho volcado el mejor toreo de capa de la tarde ya gris. Apenas esa evidencia dejó Fortes en Madrid. Lo demás fue de bravo.

Lo fue su oferta de pecho y muslo en los cites de cinco metros, más ceñido en el toreo cuanto más avanzaba la tanda, pese a que desluciese el manso la obra propuesta por Saúl. Lo fue su verdad en la apuesta pese a saberse expuesto al juicio del que no ve –tan español y castizo-. Lo fue su arrimón espartano de quien acepta su sino porque nada más hay en la ocasión. Todo bajo la lluvia molesta que restó atención y espectadores cuando la noche anunciaba el final de esta función. Todo en Saúl fue de bravo, pese a que no acudiese el brillo en ayuda de su fe.

Ayuda tuvo Abellán por parte de un cuarto basto de apariencia, badanudo, largo, serio y fiel al tipo grandón que le embiste a Valdefresno.Ayudó, pero no fue bravo, distinción que desconocen los maniqueos custodios de la etiqueta fácil que hoy mantenían seca la piedra para más gloria rentable de esta primera bala. Le dieron tralla al mansito en varas, pero tuvo suficiente brío para arrancarse de largo al trapo que mostraba Miguel, que supo firmarla maciza cuando encontró la distancia de dispararle el trazo. Fue una serie. Cadente, precisa, ligada, armónica y rotunda, pero una nada más. Porque también fue chivata, puntillosa, transparente e inoportuna para que se pusiera la grada de parte del toro. Y por eso pareció mejor cuando se perdía Abellán en el natural correcto o quería volver al derechazo simplón. Correcto había estado, además, con el burraco primero, y en ambas lidias quedó el bravo en el hotel. Porque no es lo mismo Miguel cuando no cruza la raya.

Fingió que la cruzaba hoy un Luque que arrojaba al suelo la espada para torear con desnuda diestra al rajado quinto. Aburrido estaba ya el escurrido animal de verse molido a trapazos en los terrenos del 5 y de que se engallase el matador a esas alturas como si fuese a cortarle una pata. Fingió que era bravo Luque, pero fue precavido a la hora de pasar al segundo, girar talón y esperarlo perfilero, componer la figura tirando de su virtud y tragarle en el de pecho para hacer benévola la memoria del que se ponía en pie. Pero esto, pese al facilón 5, sigue siendo Madrid, y es muy grande la plaza. Tal vez por eso no salió a saludar cuando sonaba lejana en el 9 la ovación de los de enfrente.

Porque presidieron los mansos la primera del abono, aunque fuera bravo el del palco para no devolver a ninguno, que ninguno blandeó luego cuando les tocó morrar. Aunque buscasen excusas para abandonar el ruedo tanto como los paganos cuando arreciaba la lluvia con el último de función.

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Feria de San Isidro, primera de abono. Corrida de toros. Tres cuartos de entrada en los tendidos.

Cinco toros de Valdefresno y uno de Fraile Mazas (tercero), mansos en general, muy desiguales de presentación, protestados tercero y quinto por terciados. Noblón y obediente el soso y feble primero; manso exigente pero pasador el segundo; manso y remiso el arrollador tercero; mansito embestidor el aprovechable cuarto; repetidor y obediente sin clase el rajado quinto; manso y rajado el desentendido sexto.

Miguel Abellán (nazareno y plata): silencio y ovación tras aviso. 

Daniel Luque (marino y oro): silencio y palmas tras aviso. 

Fortes (tabaco y oro): silencio y silencio tras aviso.

Por MARCO A. HIERRO (CULTORO)