Jueves, 14 de diciembre de 2017

Un libro que subyuga

 “Ambos, Caballero y Escudero, son también para mí personajes veladamente mesiánicos, tanto en la obra de Unamuno como en la de Alencart”, comenta el escritor israelí José Luis Najenson

"Yo sé quién soy". Esta afirmación del Quijote me vino a la mente después de leer ‘El pie en el Estribo (Edifsa, Salamanca, 2016), el entrañable libro de Alfredo Pérez Alencart, peruano español, salmantino por añadidura. Él, como el Caballero Andante, sabe quién es e invoca a la selva de su infancia, al Cristo de su brújula (p.37).

Y lo sabe porque ha buceado en sí mismo, con introspección esotérica: "Ahora la Luz/ viene de adentro/ para así no buscarnos/ a tientas" (p.36). Invoca también al "Ojo" que todo lo ve, porque no hay esoterismo sin Dios.

Su poemario me sugirió, mirándolo cabalísticamente, la idea de que a la izquierda estaba la Torá (el Pentateuco) -breve, clara, rotunda – y a la derecha el Talmud -extenso, complejo, multifacético- envolviéndola como a una flor, como el Reino de Este Mundo envuelve a la Shejiná, símbolo de la Presencia Divina, cautiva en la más baja de las Esferas Celestes por los pecados de los seres humanos.  

Si el ala de la izquierda es un sueño de su Quijote interior, el ala derecha tal vez sea un sueño de su Sancho exterior; aunque este Sancho sin duda se ha consubstanciado con su amo y viceversa, hasta formar una misma criatura dual y espléndida, porque el Quijote "figura tiene de Sancho" (p. 35) y Sancho lo admira y lo llama "pater", "padremío" (p. 35).

Ambos, Caballero y Escudero, son también para mí personajes veladamente mesiánicos, tanto en la obra de Don Miguel como en la de Pérez Alencart. No en vano se acentúa en esta última: "La victoria está en el Futuro" (p.35).

Por último, dada mi condición de poeta y no de crítico literario o profesor de letras, mi lectura sale del alma, no de la mente, y confieso que el poemario me ha subyugado.        

José Luis Najenson

(Jerusalén)