Martes, 12 de diciembre de 2017

DEJA HUELLA la Vida entregada en el Silencio

Me gustaría comenzar esta reflexión haciéndome una pregunta, la cual comparto con todos aquellos que en estos momentos comiencen también a leer estas letras.

¿Qué cosas marcan mi vida? ¿Qué ofrezco yo al mundo que resulte imborrable?

Este tema que Cáritas nos ofrece profundizar y  hacer mío, me devuelve a la pregunta por aquello que compromete mi vida, de tal modo, que hace que sea una vida que deje huella, que genere frutos, una vida que en el fondo, engendra y ofrece algo nuevo.

Esto, que de palabra suena precioso y apetecible: dejar huella, dar vida, comprometerse para engendrar, dar futuro,… es un auténtico reto porque lo primero que me sale contestar, es que no quiero dejar huella a cualquier precio, no estoy dispuesta a que la vida se me vaya en cosas que no queden ancladas en lo que importante.

Podemos aspirar a dejar la huella en la arena de una playa, o dejar huella para siempre en el vida de alguien, alguien, que quizás no tenía referencias, alguien que tal vez, nunca tuvo la oportunidad de contrastar sus decisiones, quiero dejar este tipo de huellas, la huella por la  que el otro sepa, que puede contar conmigo, la huella de la vida compartida, la huella de los intentos.

Y precisamente huella me deja a mí una compañera de trabajo que día tras día y de manera callada compromete su tiempo y su vida sin medir de manera generosa. Y cuando le pregunto, cómo es posible que no hayas comido, cómo es posible que hoy se te haya escapado el tiempo entre hospitales y médicos, me devuelva una preciosa frase: “ha merecido la pena, ¡siempre aprendo con estos maestros!”

Sin lugar a dudas, esto me hace comprender que el tiempo entregado con calidad y calidez nos hace participar de la desmesura, de la generosidad, y de la incondicionalidad de ese Otro con mayúsculas que así se muestra con cada uno de nosotros. Esta es, la huella que se fragua en la vida para siempre, que construye un mundo esperanzado y que sin lugar a duda practica la justicia. La huella que edifica mi vida desde criterios diferentes y que me animan a querer ser mejor persona.

Trabajar codo a codo con gente que desde lo pequeño hace grandes cosas, sin lugar a duda deja una huella que es imborrable, impronunciable.

Gracias, querida compañera por hacer del cada día un entrega fecunda, gracias por tratar y trabajar con el otro y por el otro de manera tan gratuita, gracias por no escatimar tu tiempo y recordarme, que la vida tiene colores preciosos por descubrir además del tono del que tanto hablamos (el marrón), gracias por dejar en mi esa huella que me compromete más y mejor hacia este mundo herido, pero tan necesitado de nuestro tiempo, nuestra mirada y sobre todo de nuestro calor.

Vivir en esta clave, permite tatuajes que dejan el cuerpo embellecido y dejan la vida marcada para bien.

Noemí García Carlos

Educadora de la casa de acogida para personas sin hogar. “Padre Damián”