Miércoles, 13 de diciembre de 2017

La procesión

Me refiero a la “procesión” del cochinillo asado que, según noticia que me ha llegado por las ondas, se ha celebrado en Segovia: los cocineros, que están de moda, se han inventado una procesión singular para exhibir sus ricos asados de cochinillo, esos que parten con el canto de un plato. La procesión está formada por los cocineros de los restaurantes segovianos que van pasando por cada uno de los ojos del Acueducto romano famoso exhibiendo los lechones asados en sus fuentes, supongo que adornados con guirnaldas y otros aderezos comestibles. No la he visto, pero podemos suponer que es una procesión como la de las Vestales llevando sus ofrendas a la diosa Juno, y manteniendo encendido el fuego del hogar; en este caso el horno de leña, o eléctrico, o puede ser la “vitro”, siempre en disposición de complacer a los clientes. O también podemos imaginarnos cualquier procesión de las que todavía se conservan en los pueblos de nuestra Castilla, donde los fieles desfilan y ofrecen los frutos del campo a la Virgen o al santo de su devoción. Estos chefs, o más vulgarmente cocineros, ofrecen sus exquisitos dones a la Diosa Gastronomía, que ha sido entronizada en todas las televisiones para deleite de chicos y mayores, que gozan con el buen olor que sale de la pantalla durante horas y horas, que pagamos, en las televisiones públicas al menos, para que se exhiban los buenos cocineros, ahora que mucha gente, millones, en países pobres no tiene nada que cocinar.