Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Religiones monoteístas, un desafío de paz

Me sigue interesando el tema del domingo: Mi paz os dejo, mi paz os doy, paz de Moisés, paz de Jesús, paz de Mahoma/Muhammad: Shalom, Shalam, Eirene...

Judíos, cristianos y musulmanes se encuentran enfrentados ante una tarea urgente de paz, que ha de llevarles a la unión en la tarea al servicio de la nueva humanidad, al enfrentamiento, ni al dominio de una religión para las otras.

-- El verdadero peligro para los judíos no son los cristianos o los musulmanes, ni viceversa… El peligro para una religión no es nunca otra religión, sino la injusticia, la opresión, la muerte...

-- El peligro para un grupo religioso no es otro grupo religioso, sino la imposición de un sistema (de tipo político-económico o cultural), que sea dictatorial y violento y que amenace con la destrucción de la humanidad.

No es la paz para la religión... sino la religión para la paz... para aquello que judíos y musulmanes llaman shalom/shalam... para aquello que los cristianos llamamos el "reino de los cielos", es decir, el reino universal de la paz del Dios de Cristo.

Estamos, unos y otros, judíos, musulmanes y cristianos, ante el riesgo de un nuevo Diluvio provocado por las armas, por la imposición violenta de unos sobre otros o por la degradación de la vida sobre el mundo.

En este momento todos los pueblos de la tierra necesitamos firmar un pacto al servicio de la vida, como ha dicho el Papa Francisco, y debemos comenzar haciéndolo las religiones monoteístas (otro día hablaré de las religiones de tipo místico/sapiencial de Oriente).

1. De nuevo el riesgo de Babel

Estamos ante el riesgo de una una nueva Babel, es decir, de una falta de comunicación, impuesta desde arriba, por el sistema de poder que nos domina a todos, utilizando incluso nuestras religiones…

-- Podemos detenernos y dejar de construir esta “torre”, y hacerlo de un modo violento, que es, en el fondo, otro modo de caer en el diluvio, en la destrucción de todos contra todos.

-- O podemos dejar de construir la gran torre, pero en amor y confianza. No necesitamos conquistar el cielo arriba (como quisieron los constructores de la tierra), debemos construirlo abajo, dándonos todos la mano y renunciando a tipo de violencia suicida.

Los símbolos de nuestras tradiciones son semejantes, y así podemos seguir hablando (empezar a hacerlo de verdad), cristianos, judíos y musulmanes:

(a) Hay que salir de Egipto, para encontrar en la montaña al Dios de la libertad…Y ese Egipto es el gran sistema de violencia/poder que domina sobre la misma Jerusalén actual y sobre todo el mundo, amenazado de cien formas por la bomba..

(b) Hay que salir de la Jerusalén que mató a Jesús… Y esa Jerusalén puede haberse instalado en las iglesias cristianas que han pactado con el poder/economía del sistema, y en las religiones que han dejado de ser fuente de fe y amor mutuo (en libertad), para convertirse a veces en escuelas de odio.

(c) Hay que salir de la Meca de los comerciantes/capitalistas mentirosos, para rehacer la comunidad de los creyentes, en otro lado… Ante esa tarea de humanidad han de unirse las tres religiones, ofreciendo sus experiencias y utopías.

a. Insuficiencia de una vinculación puramente racional, de tipo impositivo.

El occidente secularizado tiende a crear cauces de entendimiento humano sobre una base puramente mundana (desacraclizada). Esa base o referencia es buen, pero resulta insuficiente. Una y otra vez descubrimos que la democracia formal no basta, sino que lleva al dominio del más fuerte, a no ser que sea democracia y amor de corazón.

En el fondo de nuestra democracia (que juzgamos insustituible y necesaria) tiene que alentar un espíritu humanista o religioso de tolerancia y entrega mutua, de respeto y diálogo positivo entre los hombres. Es aquí donde pueden y deben ayudarnos los ideales religiosos, cada uno desde su propia perspectiva.

En ese contexto han de insertarse los ideales que han desarrollado, de formas distintas pero convergentes, las religiones monoteístas. Ellas son una de las grandes riquezas de la humanidad: han alimentado la vida de pueblos, dando que pensar (ofreciendo a los humanos formas de comprensión de la realidad) y sobre todo dando que actuar (abriendo para ellos nuevos caminos de comunicación afectiva, social, económica).

En esa línea, junto a la comunicación formal, desideologizada, de la democracia y la comunicación espiritual de las grandes religiones debemos situar la democratización económica y cultural, simbolizada por el pan compartido, que es sacramento primordial de Dios para los cristianos.

2. Aportación de las religiones.

Voy a fijarme de un modo especial en la aportación del mensaje de Jesús, pero no como exclusivo, sino como signo o expresión concreta de la aportación de las otras religiones. No intento imponer el cristianismo, no busco el triunfo de mi propio grupo religioso (quizá social), sino el despliegue de lo humano. En esa línea quiero indicar que el triunfo del cristianismo es todo lo contrario a la imposición de un grupo, conforme a estos dos elementos.

(a) El cristianismo sólo puede expandirse en línea de gratuidad, es decir, a través de la entrega de la vida y del servicio gratuito en favor de los demás. Éste es un triunfo paradójico que se consigue únicamente abandonando el deseo de triunfo. Sólo cuando la lógica de la imposición desaparece y cuando el mismo cristianismo está dispuesto a morir (en cuanto grupo aparte) puede expandirse su verdad, es decir, la pacificación de todos los hombres y mujeres, superando el riesgo de diluvio y de la torre de Babel.

(b) El cristianismo sólo tiene sentido cuando está al servicio de la comunidad mundial, es decir, de una vinculación humana en la que hay sitio para todos los pueblos y culturas (para judíos y árabes, para chinos e hindúes, para africanos y europeos).

Lo que decimos del cristianismo lo podemos y debemos decir de las otras religiones.

-- Sólo es verdadero un cristianismo que no quiere triunfar como cristiandad, un cristianismo que no quiere imponerse como victoria de un grupo o pueblo, de una clase social o cultura.

-- Sólo es verdadero un Islam o judaísmo que tampoco quiere la “conquista mundial”. En ese sentido, el judaísmo tiene que mantener su “reserva mesiánica”, presentándose como fermento de humanidad, pero sin imponerse como pueblo, dejando que cada uno de los pueblos y culturas tenga un lugar en la tierra. Por su parte, el Islam tiene que recuperar su experiencia originaria de “respeto” a las religiones del libro (es decir, a las religiones monoteístas); un Islam que quiera destruirlas no es el Islam de Muhammad, sino una dictadura. Esto significa que, si estos principios se llevan hasta el final, las tres religiones, cada una a su manera y las tres pactando, tienen que potenciar grandes cambios económicos y sociales en el mundo

3. ¿Dictadura o libertad monoteísta?

Se ha extendido en algunos círculos políticos e intelectuales la sospecha de que todo monoteísmo resulta dictatorial: si Dios es único y se revela de una única manera, ese Dios hace lo que quiere y nos impone desde arriba su propia voluntad, de manera que no tenemos capacidad de rechazarle o de sentirnos libres a su lado. Si conocen de antemano la voluntad de Dios, que se les manifiesta y les dice lo que deben hacer, los monoteístas tienen que ser dictadores…

Éste es un problema que requiere discusión más amplia. Ciertamente, empezaremos confesando que algunas veces el monoteísmo ha sido impositivo (dictatorial) y así lo sigue siendo en ciertos casos donde triunfa un mal fundamentalismo religioso aplicado a la política. Pero, teniendo en cuenta ese riesgo y buscando aquello que está en la raíz de las grandes religiones monoteístas, podemos y debemos afirmar.

(1) La fe en Dios libera al hombre de todos los restantes absolutos, poniéndole en manos de su propia libertad. El Dios en el monoteísmo es aquel que de tal forma nos fundamenta y arraiga que nos invita a descubrir y realizar la propia libertad; si nos obligara dejaría de ser el Dios monoteísta.

(2) La fe en Dios nos invita a creer en los demás seres humanos. De maneras distintas pero convergentes, judíos, musulmanes y cristianos vinculan el amor de Dios (la aceptación de su misterio) con el amor al prójimo, es decir, con el diálogo no impositivo con los otros.

(3) No hay fe monoteísta sin un tipo de democracia, en el sentido radical de la palabra: es decir, reconocimiento del valor de los demás y sin diálogo.

Cristianos, judíos y musulmanes creen que Dios se encuentra en el fondo de su mismo diálogo, de su esfuerzo por entenderse y compartir la vida
Frente al riesgo de una dispersión politeísta (¡todos los dioses son equivalentes!), frente al peligro de una evasión panteísmo (¡haga lo que haga, soy parte de Dios), frente al desinterés del deísmo (Dios no se interesa por nosotros), el monoteísmo defiende el camino del diálogo de todos los humanos. La ley (judíos), la palabra encarnada y crucificada (cristianos), la revelación del juicio en el libro del Corán (musulmanes) pueden y deben capacitarnos para un diálogo creador y amoroso que supere todas las posibles dictaduras.