Domingo, 17 de diciembre de 2017

Un carril para borrachos

Imaginen la situación. Un grupo de alumnos universitarios, mantienen un debaten sobre la conveniencia o no de entregar de forma gratuita jeringuillas a los drogadictos y habilitar lugares especiales donde pueda inyectarse evitándose así contagios y problemas al resto de ciudadanos. Prácticamente todos están de acuerdo en las bondades de estas medidas, pero hay uno al que la solución no le gusta y dice: Si creéis que esa es una buena solución ¿por qué no reservar en todas las carreteras un carril para los conductores borrachos?

Se trata de una escena de la película “Leones por Corderos”, dirigida por Robert Redford. Se trata de criticar y reflexionar sobre ciertos problemas actuales, pero también estructurales de la sociedad norteamericana. Lo cierto es que la, en principio, sencilla situación, termina por dar que pensar. ¿Por qué no reservar un carril para los conductores borrachos? Ciertamente se trata de una pegunta incomoda, inesperada, formulada por un alumno díscolo que sorprende a sus compañeros, al profesor y debo reconocer que a mí también.

Derechos de los drogadictos frente a derechos de los alcohólicos, enfrentados. Derechos de dos grupos de ciudadanos con adicciones concreta que se trata de forma diferente. Mientras la venta y el consumo de drogas, está socialmente mal visto y prohibido en muchos países, la venta y el consumo de alcohol está socialmente aceptado y en ciertos casos se incentiva. ¿Cuál es pues la diferencia entre como percibimos a uno y otro grupo de ciudadanos? ¿Cuál de estos grupos causa mayores daños al resto de ciudadanos? Preguntas incómodas.

Dicen que nuestros derechos, y también nuestras libertades, terminan justo donde comienzan los derechos y las libertades de los demás, pero hay tantas listas y tipos de derechos: humanos, civiles, económicos, medioambientales, de los niños, de las mujeres, de las personas mayores, derecho a la salud, a la educación, a la libertad de expresión, de religión, a la intimidad, etc., inclusos está el derecho de costumbres y tradiciones. Hay derechos para todos, derechos de todos los tipos, y con esto confeccionamos un conjunto de normas que permiten resolver los conflictos en el seno de las sociedades. ¿Por qué facilitar las cosas a los drogadictos y no a los alcohólicos? ¿Tenemos más miedo a las drogas que al alcohol aunque el número de conductores que potencialmente puede llegar a conducir borrachos sea muy superior al de drogadictos? La propuesta plateada por el alumno insumiso puede parecer ridícula a primera vista, pero no es fácil de contestar con razones concluyentes.  ¿Por qué no un carril especial para borrachos?

Tal vez parte de la respuesta esté en nuestro imaginario colectivo, en ese conjunto de mitos, formas, símbolos, tipos, motivos o figuras que una sociedad acepta en un momento dado y contribuye a crear eso que llamamos “opinión pública”. El alcohol está socialmente aceptado, las drogas no, el alcohol se puede comprar legalmente y consumir casi con toda libertad, las drogas no. Beber alcohol está bien visto, drogarse no.

El imaginario colectivo es una construcción social compartida en cada sociedad y en cada época, que se alimenta a través de los medios de comunicación, del cine, de la pintura, de la literatura, de la publicidad, del ocio, etc.; y en estos tiempos, principalmente de Internet. Los mensajes que recibimos, unas veces nítidos y otras claramente tendenciosos, van conformado nuestras jerarquía de valores, aquello con lo que nos identificamos, nuestra “vara de medir” lo bueno y lo malo, lo que está bien y lo que está mal, qué prejuicios y estereotipos aceptamos o cuáles no. El problema es que no llegamos a ser plenamente conscientes de que los que ostenta el poder, pretenden constantemente influir en la prioridad de nuestros valores. Todo es cuestión de estrategias, porque “imaginario” deriva del vocablo latino “imaginarius” cuyo significado es aparente, ilusorio y todos sabemos que de ilusión también se vive.

A mí no me resulta fácil contestar al díscolo alumno, no sé a ustedes, pero les animo a intentarlo y si tienen ocasión contrastarlo con otras personas. Si no les atrae esta propuesta, les recuerdo que esta misma semana – casualidades de la vida - ha comenzado la nueva temporada de “Juego de tronos” tanto en la ficción como en la vida real de nuestro país, ¡qué Dios nos coja confesados!