Jueves, 14 de diciembre de 2017

No es lo mismo

Estaba sentado delante de la televisión, contemplando entre sopores de la siesta un programa de zapping, cuando he sentido una sacudida: anunciaban como en un programa emitido por la mañana se había contemplado en directo la detención por parte de la Guardia Civil de Diego Cañamero, dirigente del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT).

                        Acostumbrado como estamos todos al rosario de detenciones de políticos y sindicalistas por asuntos turbios me sobresalté, porque conociendo la honradez y honestidad de este dirigente campesino me resultaba imposible concebir que hubiera cometido cualquier irregularidad. Afortunadamente mi estupor duró poco: la detención de Diego Cañamero se debía a una orden judicial dictada para declarar por su participación en una protesta de su sindicato; la recordarán ustedes, fue la acción en la que llenaron carros de comida en un supermercado de una gran cadena de distribución, con el fin de distribuirlos entre jornaleros, acción realizada a plena luz del día con la finalidad de hacer patente la protesta por la situación de indigencia en la que se encuentran muchas de personas en nuestro paraíso capitalista.

                        Curiosamente (o no tanto, cada cual que piense lo que quiera) la detención se produjo cuando iba a comenzar una marcha reivindicativa exigiendo la libertad de otro líder obrero, Andrés Bódalo, que ha sido encarcelado por su actividad sindical.

                        Al observar la actitud de Cañamero en el momento de su detención no pude dejar de sentir admiración y orgullo: con total serenidad, con la frente alta, la mirada profunda y limpia, el gesto decidido, no opuso ninguna resistencia y aún tuvo el gesto de pedir puño en alto la libertad de Andrés Bódalo y no la suya propia. La dignidad que emanaba de su actitud era tan evidente que hasta los guardias civiles que lo detuvieron parecían estar apesadumbrados por tener que hacerlo.

                        Posteriormente, y tras negarse a declarar ante el juez, fue puesto en libertad. Estas situaciones no son nuevas para Cañamero, quien ya acumula sesenta causas judiciales por defender los derechos de los jornaleros andaluces y de todos los perdedores de este sistema cruel que nos imponen.

                        Es imposible, a la vista de las imágenes, escapar a la comparación con las conocidas detenciones de corruptos de gomina que se han pasado la vida delinquiendo y robando a manos llenas, y que esconden su rostro como si les quedara algún resto de decoro o de vergüenza.

                        Cuando estos delincuentes de cuello blanco y los que les defienden intentan mezclarlo todo para ocultar su mierda, y pretenden hacer ver que todos son iguales, es necesario repetir una y mil veces que no es verdad, que no todos son iguales y que aún queda mucha gente que pone en juego su propia libertad por defender la de los demás.

                        Se mezclan en la retina las imágenes de la detención de Cañamero con las imágenes de la detención de Rodrigo Rato. Basta con ver la dignidad de uno y otro en estos momentos para tener claro que no es lo mismo, que ni siquiera se puede comparar; por eso no podemos permanecer de perfil, es necesario tomar partido. Y yo tengo clara mi elección.