Domingo, 17 de diciembre de 2017

¿De quién eres?

Utilizaremos los términos derecha e izquierda como atajos cognitivos, aún conscientes de que tal diferenciación es en si misma una trampa.

Aquellos que no somos socialdemócratas, de izquierda, tenemos varios problemas para alcanzar al ciudadano que no está especialmente interesado en la política pero al que le afecta esta de forma inexorable.                El primero y básico  es el cainismo sistémico, así como que somos capaces de conocer nuestros problemas, transmitirlos a los además, reconocerlos públicamente y seguir incurriendo en ellos.

Somos tan chovinistas que nos envolvemos en el himno, la bandera y los emblemas patrios sin ser conscientes que la legítima defensa de los mismo puede ser perjudicada o servir de rechazo a los que con igual valor, pero desde diferente planteamiento político lo contemplan, en la medida que nos apropiamos de ellos. Usar nuestros símbolos: Si, pero mesuradamente y con el debido respeto

Nos empeñamos en librar al mundo de todos los males y nos olvidamos de que lo primero es ofertar soluciones al vecino, al ciudadano, que está al lado, que los tiene y nos necesita, independientemente de su credo, ideología o planteamiento social.

Nos preocupa el progreso social, el avance, el rearme ético y moral, aplicar criterios de solidaridad en una sociedad desigual, pues ello no es propiedad de la izquierda que cuando alardea nos quedamos callados, como pidiendo perdón, y no, rotundamente no. Somos tan solidarios, progresistas y sociales como la izquierda, con otra oferta, con otra forma de hacer las cosas, pero no menos que ellos.

Frente al planteamiento de la omnipresencia de “papá Estado”, nosotros creemos en que ese Estado debe de estar donde no llega el ciudadano, para reequilibrar las desigualdades, resolver los problemas colectivos, pero que quien debe de ser libre y no sometido a tutela es el ciudadano, eres tu. Que mal lo explicamos         

Cuando hablamos de reducir los impuestos no somos capaces de explicar que con ello pretendemos que cada uno gaste lo que tiene y que nadie le meta la mano en el bolsillo al otro, pero cuando la izquierda nos dice que defendemos al rico, se nos queda cara de tontos y nadie les contesta que no es cierto, que el dinero de cada uno debe de ser de cada uno y que ellos son los que quieren que el dinero de cada uno sea de ellos, no de todos, sino de ellos, para actuar como les plazca. Pues no, la libertad está por encima de la decisión de un político.

Cuando la izquierda se arroga la voluntad de diálogo, de negociación, de pacto, los de la derecha ponen cara de póquer y no se atreven a decirles que eso no es una cuestión de posición política, sino de cada persona, que el famoso talante no depende del color y que esas actitudes no pueden ser nunca cesión en lo fundamental, no pueden poner en riesgo el campo de juego que debe de ser asumido por los jugadores y quedarse fuera de él aquellos que con su actitud, su planteamiento o su voluntad no quieran jugar, sin miedos, sin complejos y sea quien sea el que queda fuera. Las personas tóxicas o los planteamientos corrosivos deben de quedar fuera.

Cuando la izquierda habla de libertad oculta que ellos dicen cuál es tu libertad, manipulan los controles y desmontan el Estado democrático y cuando la derecha mantiene silencio, no actúa, se acompleja, lo que sucede es que procede como la izquierda y se mimetiza con el entorno. Ese es el algodón que no engaña. Cómo se actúa, no las siglas tras las que buscas el engaño.