Miércoles, 13 de diciembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

Pintamos el amor con palabras

Las personas estaban pletóricas, se iba a dar a conocer los ganadores del concurso de cartas de amor al cual nos habíamos presentado

Hoy, un día de orden ordinario en la semana que toca, sin estar reseñado especial.

Hoy nos hemos engalanado para la ocasión y acompañada de mi hija hemos ido al centro de la capital, en pleno corazón, a una de las vías más concurridas, la calle de Alcalá en sus comienzos.

Hemos tomado asiento en un lugar inusual, un salón lleno de columnas, con un entarimado al frente, gran  lámpara coronando el techo y filas de sillas esperando a ser ocupadas por personas que como nosotros, llevaban invitación para participar, en el acontecimiento que nos había reunido allí a las once de la mañana, un día cualquiera de la semana.

Para llegar hasta el salón desde donde estamos contando los hechos, hemos tenido que subir cuatro plantas. Lo hemos hecho a pie, el único ascensor que había, estaba muy solicitado por una riada de personas que querían alcanzar el cuarto piso con prontitud.

Ha merecido la pena hacer el esfuerzo de subir por la bonita escalinata que hemos pisado con solemnidad,  con un peldaño ancho y descansado y contemplar en la escalada que, en cada tramo, nos esperaba una colosal estatua griega, con un espejo de fondo,  dando mayor profundidad.

Nos encontramos en el círculo de bellas artes, edificio construido a principios del siglo pasado, con un estilo arbitrario, sin atenerse a una normativa arquitectónica. Se pensó hacer una ciudad, dentro de la ciudad, puesto que tenía de todo: estudios, bailes, teatro, dibujo, lectura, exposiciones, restaurante, bar, gimnasio y pista de patinaje. La torre es  un faro que iluminaba la ciudad; coronando el edificio está la  estatua de la diosa de la sabiduría Minerva, vestida de guerrero.

Hemos tomado asiento en la sala de las columnas. Observamos que el conjunto de personas, en general, que allí nos encontramos tenemos plateado el cabello aunque algunas lo disimulen.

Dominaba el murmullo en la sala.

Las personas estaban pletóricas, se iba a dar a conocer los ganadores del concurso de cartas de amor  al cual nos habíamos presentado.

El joven presentador estuvo hablándonos de la importancia de la palabra escrita como vehículo para expresar nuestros sentimientos, un lenguaje que está perdiéndose en esta aglomeración tecnológica, donde vamos olvidando por  comodidad, la costumbre de utilizar la grafía en nuestra comunicación.

Me gusta coger la pluma y que los borrones de tinta vayan cayendo con pausa en el blanco papel y que antes de secarse, tome vida propia cada palabra, que hagan juego entre ellas, se entrelacen para formar las frases y como entidad propia coloreen el sentimiento que va brotando.

La palabra queda coloreada.

Seguimos en la sala escuchando como se sigue dando importancia a la palabra hecha grafía, a seguir practicando el arte de escribir, describir el sentimiento; en un momento que el tiempo va deprisa, no nos percatamos de lo que nos rodea y no nos concienciamos de la percepción recibida.. Pasan muchas cosas a nuestro alrededor que no logramos asimilar, por eso es importante saborear el momento tomando nuestras pautas, tratando de alargar más nuestra captación.

Acompañando la palabra con el lenguaje del piano que, estuvo todo el tiempo sonando, y daba más colorido a la exaltación de la expresión sentimental. Plasmar el sentimiento con colores, con cariño, con chispas, hablar del amor, es hablar con el corazón, en sintonía, en comunicación.

Se fueron leyendo los textos ganadores por personas especializadas en la entonación adecuada de la palabra, personas que trabajan viviendo la palabra, transmitiendo sentir en su pronunciación. Entre líneas, o mejor entre texto leído y el que se iba a leer, el piano seguía cantando su sentir, sin abandonarnos, dando mayor intensidad en las pautas y marcando el fondo del encuentro con su gemido.

Llegó el momento de la entrega de premios, que el silencio se tornó murmullo y aplausos.

La música y el amor son portadoras de unas gotitas de embrujo que junto con una mirada, un roce de manos y unos labios en silencio, hacen florecer en nosotros el sentimiento, aunque tenga muchas connotaciones. Porque de un amor que ha caminado de la mano de dos almas que han sabido salvaguardar la llama que en un momento se prendió en el corazón, en ti , se puede ir abriendo los pétalos de la flor que entre los dos cuidamos, es nuestra flor..

Pero caminamos por otras sendas donde los pétalos de nuestro amor han ido formando la alfombra por donde pisamos y el recuerdo de aquel encuentro ha quedado grabado en el suelo y en las hojas de los árboles que nos dieron cobijo.

El evento terminó con una fuerte ovación a los galardonados, un premio y un gran ramo de flores.

Nos animaron a seguir plasmando el sentimiento y pintarlo con la palabra hecha grafía, con nuestras pinceladas de colores, haciendo partícipes a los demás.

Nos despedimos, la música se siguió oyendo hasta que fuimos saliendo de la sala, aunque ya nuestras voces dominaban el espacio.

La sala se fue quedando vacía y las luces cerraron definitivamente el momento.

Charo Nieto García