Lunes, 18 de diciembre de 2017

Pórtico para un poeta colombiano

Alfredo Pérez Alencart firma el texto que abre el poemario ‘Ufano aliento’ de Arturo Bolaños, quien participó en el Encuentro de Poetas Iberoamericanos celebrado en Salamanca en 2009
El poeta Arturo Bolaños Martínez

Me alegra recibir, recién editado por la Fundación Común Presencia, el excelente poemario de Arturo Bolaños. Me comenta que el sábado pasado ha sido presentado en la Feria del Libro de Bogotá. Junto con mis palabras van otros dos textos de calidad, escritos por Julio César Goyes Narváez Carlos Vidales. Completan el libro algunas fotografías de Luis Camargo y Federico Ortegón.

He aquí el texto que pergeñé para este excelente poeta colombiano:

DOS LUSTROS PARA UN DÍA FUTURO

(Ofrendas de Arturo Bolaños)

I.

El mejor cedazo, la errancia: ella esculpe sobre la lava solidificada de tantas erupciones cotidianas que toda expatriación conlleva. Así el Poeta que se instala en la fragilidad, en lo que no se adensa a simple vista: así Arturo Bolaños Martínez, colombiano del que admiro su defensa del cielo en el cojinete de unos versos que desprenden sus alas cuando se saben lectura futura, anexando hacia adentro la crecida niñez del ahora que se retrasa y retrata en una década entrañando Barcelona.

II.

Bolaños Martínez  pergeña sus textos bajo la pulsión de una vena primitiva que no se enluta nunca: tiene el dominio para que algo siempre suceda en los cimientos de sus talladas ‘criaturas’: así los Versos que contienen Poesía, algo infrecuente en la embalsamada tropa de versificadores al por mayor. Dice, y dice virginando la existencia: “Estar ahí / abrir la boca / para que entre el pájaro / que tiene su nido / en el pecho”. Su respiración no se asfixia: Tampoco los poemas de espigada imagen que ofrece como dádivas, ya abotonados a su carne viva por el derecho que tiene a apostarlo todo al poder elemental que apuntala lo porvenir.

III.

Las tres partes primeras de “Ufano aliento” espejean cartografías y presagios que nos conmueven. Su cruzada aparente es revelarnos Barcelona y otros enclaves españoles, especialmente andaluces. Pero tras la experiencia viajera lo que subyace son las cicatrices de un silencio que no calla, escombros de esperanzas y una caritativa pedriza de íntimos fuegos interiores: también interrogaciones, como ésta: “¿Será tal vez en ese niño /  nido de cielo / que a cada segundo y en cada lugar /está por nacer?”. De sus textos germinan la noche, el tiempo, la soledad, la lluvia, la memoria, el silencio, el poeta como oficiante, las sombras, el pájaro, los sueños alejados de la leyenda…

IV.

La última sección del poemario es, qué duda cabe, la que contiene una mayor dosis de poesía cívica: Aquí el poeta se retira de afelpados senderos y se aposta a la intemperie; entonces clama contra lacerantes inequidades. Oigámosle: “…Hasta hoy no importó. // En la otra orilla del mundo / la mosca vuela sobre su presa / cuando el niño del hambre / exhala su último suspiro.// La misma mosca / busca su próximo bocado / de reojo / me mira”. La poderosa realidad queda retenida en lo que apunta el poeta: el pan escasea, pero relumbra su invicta voz.

V.

Arturo Bolaños Martínez juramenta, más allá de cualquier ufanía, por todo lo que sobrevive, por la niñez eternal que no se desarraiga del hombre: sus límpidos poemas son palabras que piden resurrección, sea bajo este cielo o más acá de la llave solar, si atendemos su advertencia: “Compañera que me olvidas en la noche / te espero / como al sol”.

Leamos, con intención profunda, lo que por dos lustros estuvo acopiando -y decantando- el poeta  de San Juan de Pasto.

 

Alfredo Pérez Alencart

  • Sylvia Miranda, Arturo Bolaños y Astrid Cabral (Salamanca, 2009)