Lunes, 18 de diciembre de 2017

Árbol y río conocen a la mejor jardinera

Exitosa representación teatral en Fresno Alhándiga
Como siempre, lleno hasta la bandera para ver la obra de Teresa de Jesús

Hace muchos siglos, con sus centenares de años, en tierras de Alba de Tormes había una población fortificada con una hermosa torre defensiva y un río, que a sus pies, llevaba ajeno a cualquier batalla, un nombre musulmán. Alhándiga era y sigue siendo su nombre. Y en aquel entonces la torre, que a pesar de tenerlo a su merced, lo veía cada día junto a ella corriendo risueño y cantarín, independiente y feliz, tomó su nombre, y pasó a llamarse La Torre Alhandeja. Ella se miraba, fuerte y esbelta en el espejo de sus aguas, y él, seguro de su fidelidad, le susurraba con sus notas de aguas inquietas, todas las noticias que a su corriente llegaban, desde el viento, la lluvia, los sonidos de la noche, el cantar de las aves, el murmullo de las hojas, o las voces de los hombres. Así, Río y torre, se enteraron de que estos hombres, que al igual que ellos se miraban con amor en los ojos de un Gran Creador, con el que también tenían una complicidad de espejo, por un extraño sentimiento indescifrable para sus esencias de piedra y agua, se mataban en nombre de ese Ser Sublime. Y musulmanes y cristianos se destruían frente a ellos por no querer compartir las maravillosas diferencias que se les habían regalado.

            En aquellos parajes existe ahora un pueblo que conserva el nombre musulmán de su río, Alhándiga, y el recuerdo de su torre Alhandeja, que dio nombre a aquella lejana batalla. La fortaleza, como la de las torres, permanece siempre en el recuerdo, afianzada y protectora; de la misma manera que el correr de los ríos los convierte en distintos e iguales al mismo tiempo, según las miradas de los hombres. Con la fuerza también de unas raíces bien afianzadas, el nombre de un árbol, ha sustituido a nuestra desaparecida torre. Y así, a pocos kilómetros de Salamanca, en plena Tierra de Alba, está ubicado Fresno Alhándiga, que para celebrar sus fiestas de La Cruz de Mayo, ha invitado a formar parte de ellas, a “Teresa, la jardinera de la luz”. Gracias a esta singular obra de teatro, numerosas localidades que de ella han disfrutado, descubren que conocer a Teresa de Jesús, da luz a los pequeños jardines que habitamos y los frutos en los que se pueden convertir nuestras vidas.

            Lazarillo de Tormes, grupo teatral responsable de la puesta en escena de “Teresa, la jardinera de la luz”, superado ya el año de estreno del montaje y alcanzadas y rebasadas de largo las 100 representaciones, toma conciencia, por el creciente interés que su trabajo sigue suscitando, de que al igual que con Teresa, las semillas por ellos sembradas con esta obra, hace más de año y medio, se han convertido en una cosecha maravillosa. Por el pasillo de la iglesia parroquial de san Miguel Arcángel, de Fresno Alhándiga, vuelven a desfilar las hermanas carmelitas, como si en el convento de Alba de Tormes entraran, para pasar los que parecen ser los últimos momentos de vida de su querida madre. Todos los altares de las iglesias en los que ha sido representado este montaje, se han convertido a lo largo de la hora que dura, en la iglesia del convento de Alba, tan próxima a Fresno Alhándiga, donde se nos descubre una increíble figura de mujer, la de Teresa de Jesús, en las postrimerías de su vida.

            Como el fresno, árbol, de rica savia e imagen de vida, próximo a los ríos de los que se nutre, así también descubrimos a la carmelita del XVI, alimentada por el inconmensurable amor a Dios, cuya estrecha y personal relación con El a través de la oración, nos la cuenta con la bellísima imagen de un río. Dios inundaba su ser como el río da vida a todo ser que a él se acerca. Hechos tan propios de la figura de Teresa de Jesús se nos van desgranando de forma cercana y a la vez con una enorme carga de profundidad que a la luz de lo que fue su vida y obra nos resulta perfectamente comprensible. El sencillo texto que el guión del reputado dramaturgo Denis Rafter nos ofrece con esta obra parece reflejo de lo que se nos da a conocer en Teresa. Simple en sus manifestaciones, como el recorrido que en este trabajo se hace a través de su vida y escritos. Y sin embargo, según avanzamos en el conocimiento de esta mujer, estamos seguros de hallarnos ante algo que nos trasciende, y que a pesar de nuestra naturaleza humana, como la suya, nos intuimos capaces también de poder alcanzar.

            De la misma manera que las flores, sencillas y fuertes, que en este iniciado mes de mayo inundan el campo, acariciadas por la brisa, las famosas “monjas de Teresa”, envueltas por la música renacentista del órgano del maestro Salinas, aparecieron de nuevo en el altar de la iglesia parroquial d Fresno Alhándiga con sus hábitos de lana de oveja de la época, ante el dominico que en lo alto del púlpito acaba derrumbándose ante sus argumentos sobre la madre. En un incansable diálogo de sencilla dialéctica lleno de humor, indignación y cariño, se nos revela los maravillosos frutos que las semillas que sembró Teresa de Jesús dieron entre las mujeres que en su tiempo se acercaron a ella, así como entre todos los que la conocieron. Que su espíritu llegó igualmente a los asistentes a la representación, no se pone en duda dado el alto grado de atención y emoción que se percibía entre el público. Por eso no podemos dejar de insistir en que la idea del productor, Javier de Prado, de que los altares de las iglesias serían el mejor de los escenarios para “Teresa, la jardinera de la luz”, ha sido, sin duda otro de los grandes aciertos que han contribuido al éxito del montaje. En cada iglesia vive a lo largo de los tiempos la energía de todo ser humano que por allí ha pasado, crea o no en la divinidad del recinto. Porque Teresa de Jesús a pesar de su cercanía a Dios fue ante todo humana, tanto que en una conmovedora escena del principio, la hermana Soledad ante la obviedad de la próxima muerte de su madre dice con una cariñosa ingenuidad que sobrecoge: ”Nuestra madre no puede morirse; ella dijo que siempre estaría con nosotras”. Este gran amor que a Teresa le inspiraba la figura de su amado Jesús de Nazaret, entregado por todos, fue un valor que supo Transmitir a los suyos. Por eso es admirable volver a oír a la actriz Rosario Bernal, en su papel de Soledad, sintiendo humana compasión y transmitírnosla tan maravillosamente, hacia aquél que las ataca, el padre dominico. Sorprendentemente dice con sinceridad: “Pues a mí me parece buena persona el reverendo…”. Y en otro momento ante las increpaciones de otra de sus hermanas: “Pobre, que está cansado…”, como si ellas no lo estuvieran, después de tan largo viaje.

            Un pueblo con nombre de árbol como cualquier árbol del que se pudo tallar la cruz donde muriera Jesús de Nazaret; y de río, como nos describe Teresa su forma de acceder a su Amado Crucificado, mediante la oración, se ha felicitado y ha felicitado al mismo tiempo, al grupo Lazarillo de Tormes porque con su obra “Teresa, la jardinera de la luz”, han dado, a través de Teresa de Jesús, un nuevo sentido a sus fiestas de la Cruz de Mayo, tan llenas de vida y luz.

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