Domingo, 17 de diciembre de 2017

Lazarillo y la ciudad de Salamanca

Hace unos días presenté en la Sala de la Palabra del Liceo mi libro “Lazarillo. Una misteriosa carta”. Como he repetido en alguna entrevista previa a la presentación publicada en este periódico y en el acto de presentación, el libro está basado en la tesis doctoral que defendí en la Facultad de psicología de esta universidad, hace unos trece años. Es decir no es un pequeño ensayo más, ni una novela histórica a partir de algún personaje imaginario, que ahora tanto se lleva, ni otra teoría más sobre su bien escondido autor anónimo. Resumir más de cinco años de trabajo es imposible; solo  podría afirmar que el libro va en la línea de “seguir ahondando”, siguiendo al anónimo, en su lectura: el libro es una invitación a  dejar atrás la ingenua lectura de las aventuras de un pequeño pícaro con múltiples amos y leerlo como lo que es, una radiografía entera de la sociedad española del siglo XVI, o, dicho con otra metáfora, es el envés de todo el tejido social de la España de Carlos V.

Estas líneas son una pequeña reflexión sobre el acto de presentación, sobre la respuesta del público salmantino a este acto. No evidentemente a mí, autor del ensayo, que soy tan desconocido en mi ciudad natal, como en su tiempo lo fue y lo es todavía el autor de Lazarillo. La reflexión me viene dada no por la presencia de un público que siguió con interés tanto la conferencia de mi amigo y poeta A. B. Sequeros, sobre el marco socioeconómico español de la primera mitad del siglo XVI, como mi resumen del contenido del libro y mis respuestas a las preguntas del público, sino por la significativa ausencia al acto de alguna institución. No se puede achacar ni que el acto no estuvo suficientemente anunciado  (la Sala de la Palabra y el grupo PENTADRAMA son probados eficaces organizadores de estos actos culturales salmantinos)  ni que hay muchos estudios sobre Lazarillo de Tormes; la realidad es la contraria, una tesis doctoral sobre Lazarillo de Tormes, al menos estadísticamente, es un acontecimiento extraordinario.

Estando situado mi estudio en un campo interdisciplinario entre la psicología moderna y la filología (la dirección y el tribunal de la tesis fue así, interdisciplinario) me pareció obvio que habría al menos algunos miembros de ambas facultades (alumnos, profesores…), simplemente por la curiosidad humana de conocer novedades sobre las riquezas públicas culturales, como es  Lazarillo de Tormes. Esta ausencia universitaria me llamó la atención, como científico, y por qué no decirlo, me frustró como salmantino, que aunque ausente muchos años de esta ciudad, nunca me he alejado de ella emocionalmente.

Comenté durante la presentación que era curioso que (parecería) que Salamanca “se hubiera apropiado” de la obrita,  cuando el relato lo que hace es describir la primera infancia del “héroe” en Salamanca, y sacarle de nuestra ciudad, a buscarse la vida, en cuanto deja de ser un niño. Tendría más sentido que Toledo “se la hubiera apropiado”, como ciudad donde encuentra su futuro y cobijo.

Quizás ocurre que en el fondo Salamanca no valora esta pequeña joya, no la hace suya, pues, aunque no se diga, Lazarillo de Tormes es un regalo envenenado para los amantes de las apariencias y los deseosos de que nada esencial cambie en España, desde los Reyes Católicos. Pues, como dice mi vecino, “en todos los sitios cuecen habas”.