Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Egos subidos: Ejercicio práctico

Usted tiene el ego subido. No se preocupe, hay varias razones a su favor. La primera es que a usted le gusta. Podríamos decir entonces: “no se hable más”, pero el artículo se quedaría corto y desde este guindo se ven más cosas. La segunda es que gusta a muchos otros, que tal vez proyectan sus frustraciones o, con mayor probabilidad, sus deseos de futuro de ser como usted. Sí, ellos no lo reconocerán, incluso lo criticarán por detrás, pero el objetivo en su vida consiste en seguir su diáfano modelo –el de usted-. La tercera razón es que si trabaja en un ecosistema colectivo como la Universidad, o parecido, está en el mejor escenario para desplegar sus alas de pavo real y dar plena expansión a su ya de por sí extendido ego.

No voy a entrar en el por qué de ese ego amplio. Las causas pueden ser múltiples y las circunstancias variadas. Eso daría para alguna tesis y, por cierto, no de mi especialidad, por eso me conformo con hablar de algunas de las consecuencias, con la modesta coda de un sencillo atrevimiento.

Decía antes que usted se gusta, y eso es lo que se ve con claridad desde fuera, pero en el fondo esta primera conclusión puede ser discutible. El ego que ostenta podría ser la coraza de unas cuantas inseguridades, sean conscientes o inconscientes, pero en todo caso relevantes porque alimentan su propio ego. Es algo así como una insobornable técnica de despiste en la que usted juega consigo mismo. Y le gusta.

También añadía al principio que esas sus dos alas egóticas encantan al más pintado y frío de quienes le escuchan y de este modo envuelven a quien le rodea en un hipnótico estado de admiración y ensalmo que les lleva a decirle que sí a todo y a rendirse sin negociaciones, ni contemplaciones, a su exuberante yo. El problema es que esa magia tiene límites temporales. No dura, como casi nada, eternamente, y así es como lo que se inició como entrega incondicional, poco a poco, sin variación apenas visible, se va transmutando en indiferencia y alejamiento.

En tercer lugar, como iba diciendo, la Universidad es tierra fértil donde crece un sabroso pasto para egos hambrientos, y los hay. Con la característica adicional de que cuanto más se alimentan más hambre tienen, y así el círculo vicioso consigue combustible para una larga temporada, con lo que se consigue que a usted le guste, pero que guste cada vez menos a los demás, como he pretendido deducir de los dos argumentos anteriores.

Por esta compleja e incómoda consecuencia, con el mero propósito de llevar a cabo mi buena acción del día, le propongo un ejercicio práctico. No va a ser fácil, se lo adelanto. Pero para simplezas, no hace falta ni ponerse. Arremánguese para asuntos que valgan la pena y le hagan saborear algo distinto a lo que está acostumbrado a paladear. Una semana. Bastará una semana. Inténtelo con denuedo, al principio puede ser duro, quizás luego encuentre en ello algo de satisfacción, y ya sería un triunfo completo si pasan los siete días y puede afirmar, sin que se revuelva su conciencia, que ha sido capaz de estar tanto tiempo sin utilizar la primera persona del singular del presente de indicativo y, en definitiva, sin pronunciar la palabra  “yo”.