Sábado, 16 de diciembre de 2017

Las mujeres italianas en el siglo XXI: ¿acabó el tiempo de los “ángeles domésticos”?

A pesar de su posición a nivel político y económico, Italia sigue teniendo una visión de la mujer a medio camino entre el progreso que tiene en común con los otros países occidentales y la herencia que lleva consigo derivada de la cultura fascista y conservadora de los años pasados.

 

Salvina Ferrara. Activista por los Derechos Humanos

Los sociólogos hablan de “sexismo benévolo”(considerado más sutil que el machismo tradicional), que mantiene la visión del hombre como persona “fuerte, independiente, activo, dominante” y de la mujer como “emotiva, gentil, dulce, fascinante”, y con eso se crea un sistema “paternalista”.

     Y esto no es evidente solo en los hogares, pues no hay igualdad de mujeres y hombres en el empleo, estabilidad y remuneración. Además todavía el país no ayuda ni favorece el trabajo de las mujeres madres. En este sentido el semanario inglés “Economist” demuestra, a través de los datos de la OCDE, que Italia es uno de los países peores donde una trabajadora pueda vivir. De hecho, está por debajo del promedio de la lista de países en diferentes parámetros (acceso a la escuela secundaria, participación en la población activa, sueldos y maternidad).

     Siguiendo con el enfoque sobre la mujer en Italia, es imposible no mencionar su posición en la cultura de masas, bastante conocida por ser una de las más machistas. Publicidad y medios de comunicación muestran hombres y mujeres a través de ojos distintos: tienen sus perfiles claramente estereotipados, donde él es casi siempre un profesional trabajador y ella no se distingue necesariamente por su posición laboral, sino por su belleza. A pesar de la presencia del IAP (Instituto de la Autodisciplina Publicitaria) desde 1966 que reglamenta la comunicación comercial y que afirma la no existencia de este problema, lo que dicen las NU y el CEDAW (Comisión sobre la eliminación de la discriminación contra mujeres) es diferente. Este último, en particular, afirmó en 2005 estar “profundamente preocupado por la representación de las mujeres hecha por medios de comunicación y por publicidad en Italia, retratadas como objeto sexual y con papeles estereotipados”.

     Y aparte de eso, la mujer italiana, sea desde el hogar o desde el showbiz, no es todavía titular efectivamente de un derecho fundamental, ganado hace casi 40 años: el derecho a interrumpir su gestación. De hecho el aborto en Italia es legal desde 1978 con la famosa ley “194”, con la cual han decaído las condenas penales previstas antes; pero esta ley siempre ha permitido a los médicos y a todo el personal sanitario la “Objeción de Conciencia”. Si esa es una posibilidad que la jurisdicción italiana deja a los sanitarios, de verdad, ocurre que de mera “posibilidad” se ha convertido en una realidad casi única.Una situación tan evidente que el 10 de Marzo 2014 Italia fue condenada por el Comité Europeo de los Derechos Sociales por violar el artículo 11 de la Carta Social Europea que tutela el derecho a la salud. Lo que impugna el Comité es el hecho de que en Italia haya una ley que permite el aborto, entonces es legal, pero hay un sistema sanitario que no cubre todas las solicitudes, debido a que la mayor parte de los médicos no están de acuerdo por motivos éticos/religiosos; y critica a las regiones que no adoptan medidas adecuadas para equilibrar el derecho de las mujeres con los de los médicos. Y además es noticia de los últimos días (del 11 de Abril 2016) que Italia ha sido condenada otra vez por el mismo organismo, que admitió el recurso de la Cgil (uno de los sindicatos más influyente italianos), denunciando no sólo los obstáculos que encuentran las mujeres que quieren terminar sus gestaciones, sino que haya también una discriminación de los médicos y el restante personal sanitario que no es objetor de conciencia. Estrasburgo dice que:” ellos son víctimas de diferentes tipos de desventajas directas e indirectas”. Y el problema de la emancipación sexual no se para aquí:un problema muy controvertido a este respecto es el de la píldora del día después, que acaba de ser liberalizada sólo hace un mes (4 de Marzo 2016), después de una lucha entre instituciones religiosas y laicas y de una Directiva de la Unión europea del 2014, hecha particularmente por la Comisión europea para los Productos Medicinales Humanos que declaraba legal el vender este fármaco sin receta.

     Finalmente, otra cuestión sobre las mujeres particularmente espinosa es la de la violencia de género y del feminicidio. Una plaga de la que no está excluido ninguno de los países “evolucionados”, ni tampoco Italia, por cierto. Aunque el número de las fallecidas sigue disminuyendo (en el 2014 fueron 152, en el 2015 128), el problema no se para: hasta hoy (20/04/2016), las asesinadas en este año han sido ya 30, un número enorme y grave. Por la cuestión del feminicidio, después de la promulgación de la ley del Octubre 2013 (que endureció las penas y las medidas preventivas), se pronunció “Amnesty International Italia” que, en una nota, la consideró “el reconocimiento de que hay una situación grave y todavía no adecuadamente enfrentada”. La lucha de Amnesty Italia contra el feminicidio fue clara ya al inicio del mismo año a través de la campaña “Ricordati che devi rispondere” (“Recuerda que tienes que responder”). A pesar de la ley del Octubre del 2013, Amnesty International Italia denuncia que en el texto italiano no aparece clara la centralidad de los instrumentos de prevención y protección respecto a los represivos que hay en el Convenio de Estambul, y en cambio, hay más atención sobre el aspecto punitivo (típicos de los decretos leyes, lo que era antes esta ley), poco adecuados a políticas a largo plazo de prevención y de sensibilización social, que requiere una discusión parlamentar amplia. La organización nacional critica también la escasez de los recursos económicos destinados a esta causa, y que todavía falta en Italia una institución nacional independiente por los derechos humanos con una sección por los derechos de las mujeres, pedida también por la relatora especial de la ONU sobre la violencia contra la mujer, RashidaManjoo, y conforme a los “Principios de Paris” de 1993 (contenidos en la Resolución 48/134 del 20 de Diciembre de 1993 de la Asamblea General que incorpora también las conclusiones de la Conferencia de Viena sobre los derechos humano de Julio del mismo año).

     Hace falta un cambio no sólo legislativo sino también un cambio cultural en todas las capas sociales, a través una mayor sensibilización y una mayor difusión de “instrucciones” culturales. Porque, cuando hay ignorancia, hay prejuicio y cuando hay prejuicio hay discriminación.