Sábado, 16 de diciembre de 2017

Cultura y cofradías


 

Guardado el Resucitado en la Capilla de la Vera Cruz y formalizados los análisis más inmediatos, balance de la hostelería y los hermanos mayores por ese orden, la Semana Santa de Salamanca deja de ser iluminada (y a la vez, ensombrecida) por el foco mediático. Resulta lógico que, concluida la semana, deje de ser actualidad. Puro rigor cronológico. No obstante, las cofradías en líneas generales sobreviven a sus procesiones, aunque un alto porcentaje de sus miembros, al esfumarse, refuten esa tesis, y sigue habiendo noticias de hermandades… o “de Semana Santa”. Más de las segundas.

 

Procesos electorales que este año abarcan a la Junta y a varias cofradías, artículos de opinión con cierto eco y debate como los que publica dos veces por semana la versión digital de Pasión en Salamanca, las habituales evaluaciones propuestas informalmente por la Tertulia Cofrade “Pasión” y en forma de pleno ordinario por la agrupación de hermandades, la sucesión de procesiones “de gloria” que suscitan el interés “semanasantero”… Las cofradías no desaparecen, e incluso su presencia en los medios de comunicación locales, también en las redes sociales, supera con creces el impacto de otros contenidos de actualidad eclesial. Interesan. Resultan relevantes. Venden. Aunque a veces lo más comentado sea un “ábreme aquella puerta” o un “cámbiame ese recorrido”.

 

Más allá de su frecuencia en la prensa, la aportación de las hermandades a la vida social salmantina ha ido creciendo sensiblemente. No tienen un peso muy grande, sino acorde a la limitada importancia de la celebración en la ciudad, pero tampoco se han aportado de esa dimensión de apertura que les es consustancial. Con todos sus problemas de identidad eclesial y de comunión, actúan como lo que son, la misma Iglesia, y no ocultan ni disimulan su fin primordial. Suponen, por tanto, un gran activo para la diócesis. Sin olvidar lo que las distingue, la manifestación de la fe en las calles a través de desfiles procesionales, últimamente han acudido a sus raíces y casi todas las hermandades ponen el acento, de algún modo, en su finalidad caritativo-asistencial. Seguramente todavía con planteamientos que requieren revisión, pero se ha avanzado en este sentido y el compromiso logrado en una parte de sus asociados es digno de elogio.

 

Por otro lado, como un complemento valioso y fundamental para evangelizar un mundo ya descristianizado, el ámbito de la cultura es cada vez menos ajeno para las cofradías. A las esporádicas exposiciones y publicaciones (esta Cuaresma un documentado estudio sobre el Nazareno y un delicioso disco del concurso de composición de marchas de la Vera Cruz; pendiente aún el tercer volumen de la trilogía “Semana Santa en Salamanca”), se les unen anualmente varios actos literarios ya consolidados (Poeta ante la Cruz, Luz y Palabra, oración poética ante Jesús Despojado), que atraen a un público no exclusivamente cofrade y sirven para posibilitar puntos de encuentro. Uno de ellos se plantea la semana próxima, precisamente bajo el título “Encuentros”, a modo de clausura del 400º aniversario de la procesión de Pascua. La Vera Cruz ofrece un ciclo de charlas que invitan a acercarse a la Resurrección desde las perspectivas bíblica y etnográfica, a la imaginería procesional que tiene entre sus piezas más brillantes la del Resucitado, y a la propia historia de este cortejo culminante de la Semana Santa salmantina, instituido en 1616. Del 3 al 6 de mayo, al caer la tarde, en el salón de la Purísima (plaza de las Agustinas), tendrán lugar estos “encuentros” de la mano de Gonzalo Escamilla, Eduardo Azofra, Javier Blázquez y Paco Blanco. Unos días más tarde, el lunes 16 en San Esteban, Tomás Gil y Juan Andrés Martín abordarán el tema “María en la imaginería procesional”, en el último Lunes Cofrade de este curso, por iniciativa de la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades.

 

Citas que no arrastran a centenares de cofrades, actividades que no ocupan portadas ni levantan polémicas, pero que, si se basan en la calidad, sin duda enriquecen y suman. No son resto, rescoldo, residuo, sino semilla, brote, pequeño fruto. En nuestra Salamanca pretendidamente cultural, con tradición de Semana Santa pero apenas cultura cofradiera, el diálogo cultura-cofradías puede ser un camino.