Domingo, 17 de diciembre de 2017

Fomentar el deporte o fomentar la competición

esa competición en la que nos metemos los padres para que nuestros retoños logren lo que a nosotros, por unas razones u otras, nos estuvo vetado

Recientemente el Ayuntamiento ha publicado las bases de la convocatoria de subvenciones a clubes deportivos. Una vez más, externalizamos servicios que funcionan peor cuando están en manos privadas. Y en este caso no funcionan peor por los objetivos económicos (perfectamente legítimos), del sector privado, porque estas entidades se supone que son “sin ánimo de lucro”, sino porque su objetivo, por su propia definición de privado, nunca puede ser el bien común, el bien para la mayoría de la población, objetivo que sí debería de ser el que motivara al Ayuntamiento, y más en este caso que estamos hablando de niños, de nuestro futuro.

 

Me explico: Esta convocatoria, parece que fomenta el deporte, pero lo que en realidad está fomentando es la competición, eso sí, desde el deporte. Y no la competición sana, esa que te hace superarte a ti mismo, sino la insana, la que anima a ganar a cualquier precio. Y lo que es peor, esa competición en la que nos metemos los padres para que nuestros retoños logren lo que a nosotros, por unas razones u otras, nos estuvo vetado.

Y es que, cuando nos encontramos con un niño en casa y no tenemos tiempo ni fuerzas para llevarle al parque (que es donde debería estar), buscamos soluciones que tengan al “diablillo” entretenido en una actividad sana y que a nosotros nos dé un respiro.

El primer sitio en el que buscas es en el cole, entre las actividades de por la tarde: que siempre será lo más cómodo, y además, cuando se cambió la jornada, se estableció que los colegios se comprometían a organizar actividades extraescolares precisamente para solventar esta cuestión. Pero no, llegas allí y no hay nada, bueno, casi nada. Para niños a partir de los 8 ó 9 años algo hay, pero para los críos de 5 ó 6 años casi nunca encuentras, así que tienes que recurrir a las iniciativas privadas, y ahí es donde la lías, te metes en la vorágine de las federaciones y unas veces queriendo y otras sin querer, te dejas arrastrar por la corriente de “mi niño será el próximo Messi o Gasol”.

 

Con las niñas hay menos problemas, porque entre que, en general son más tranquilas, y que las grandes deportistas, no suelen ganar mucho dinero, nos lo solemos tomar con más calma, pero aun así, yo conozco a bastantes padres de la próxima Amaya Valdemoro.

 

Con lo cual, en vez de entretener a los niños canalizando su energía en una actividad placentera que les inculque valores positivos, tanto de salud como de socialización, esfuerzo, constancia, organización del tiempo, amistad… y sobre todo el afán de superación personal que ha sido y será el mejor catalizador para el progreso, les hacemos entrar en la espiral de competitividad materialista y estresante de una competición reglada, al nivel al que suelen reglar las federaciones, o al menos la de fútbol, que es la que yo más conozco. No en vano, cada vez más niños acuden al psicólogo a causa del estrés que les provoca el estar todo el día pendiente del reloj.

 

Las federaciones deportivas están muy bien para lo que son: para toda aquella persona que quiera competir a un buen nivel, pero no para el grueso de la población infantil, que lo que tiene que hacer es jugar para crecer sanos. Y ahí es donde tiene que estar el Ayuntamiento, en fomentar que los niños crezcan sanos. Y por eso es por lo que debe de promocionar el deporte, pero el deporte como actividad saludable y placentera, lo cual no quita que en la programación se establezcan competiciones (juegos escolares), para hacerlo más atractivo e incluso más eficiente.

Claro, todo esto, salvo que nos aparezca un Rafa Nadal o una Gemma Mengual, que en ese caso, es la propia criatura la que pide más, y sus padres o sus entrenadores sabrán lo que más le conviene, que seguramente será apuntarle en la Federación correspondiente, que para eso están.