Sábado, 16 de diciembre de 2017

Vuelta a las urnas

El plazo para elegir nuevo gobierno se da por expirado y ha ocurrido lo que se veía venir desde hace meses: toca votar de nuevo. Aunque a nadie le sorprende este hecho sí que nos molesta que tengamos que volver a las urnas apenas medio año después de las últimas elecciones generales, como si votar no hubiese servido para nada.

 

El paisanaje español se afana en buscar culpas y culpables de esta vuelta a las urnas, con el afán de castigar a quien llegue a identificar como tal. La realidad, en cambio, es algo más complicada, y se puede explicar en que nadie ha querido dar su brazo a torcer, entre otras cosas, porque todas las fuerzas consideran mejorables sus resultados de diciembre. Vayamos por partes analizando el caso de las principales formaciones.

 

En primer lugar, el Partido Popular dio por hecho que no podría obtener apoyos suficientes de cara a que Mariano Rajoy pudiese repetir en el cargo, por lo que no hicieron ni ademán de buscar formar gobierno. En este sentido, apenas podía contar con el apoyo o abstención de Ciudadanos (C’s), pues la ‘gran coalición’ no tenía visos de poder llevarse a cabo, ya que supondría un harakiri para el PSOE, a quien su electorado le hubiese abandonado cual desodorante barato. No obstante, la estrategia del PP ha sido la de dejar correr el tiempo (valorando en principio que el mal resultado de C’s les beneficiaría en unos nuevos comicios) y procurar no hacer mucho ruido (debido a varios casos de corrupción relacionados con el PP que han salido a la luz desde las elecciones).

 

El Partido Socialista, por su parte, quizá haya sido el que se ha encontrado más entre la espada y la pared. Y es que, si bien el haber evitado ser pasado por Podemos le hacía tener una posición de fuerza sobre la formación morada, la insuficiente suma de las izquierdas para poder conformar un gobierno estable le llevó por decantarse por pactar con Ciudadanos, a quien nadie esperaba en esta ecuación. Con ello, lo que el PSOE intentaba era no tanto formar gobierno (pues sabían que Podemos no aceptaría un programa económico neoliberal como el pactado entre PSOE-C’s), sino más bien buscar un argumento de cara a unas nuevas elecciones, señalando a Podemos como culpable de que Rajoy siguiese como presidente en funciones.

 

Precisamente Podemos, que estuvo a punto de sobrepasar al PSOE en diciembre, ha sido consciente desde el principio de que le convenía una nueva cita con las urnas. A estas alturas parece que la condición del referéndum en Cataluña era más postureo político que otra cosa. Quizá si hubiesen sabido del pacto que iban a firmar PSOE-C’s no se hubiesen tirado ese farol, pues les hubiese resultado del todo innecesario. Ahora las espadas están en todo lo alto en la batalla por la preeminencia en la izquierda donde, de confirmarse una coalición entre Podemos e Izquierda Unida, el PSOE tiene todas las papeletas para ser sobrepasado y, por tanto, de tener que negociar con Podemos-IU la formación de un gobierno en condiciones de inferioridad.

 

El cuarto en discordia, Ciudadanos, tuvo en diciembre unos resultados muy por debajo que lo que le daban las encuestas (algo que ya le había ocurrido en las autonómicas de mayo), aunque ha sabido sobreponerse del gatillazo merced al pacto con el PSOE. Éste le ha permitido una mayor visibilidad en los medios de comunicación (que le permitiría ser visto como una opción con posibilidades), y ha evitado que sus mediocres resultados en las generales (respecto a las expectativas que tenían) les condenasen a un papel más residual. No obstante, toda vez que se estima que sus votantes proceden en un 70% del PP, habrá que ver si repiten su voto o si, por el contrario, el pacto con el PSOE le acaba pasando factura en este sentido.

 

En cuanto a Izquierda Unida, la formación de Alberto Garzón cosechó en diciembre unos buenos resultados en cuanto a número de votos (si tenemos en cuenta que algunos auguraban su desaparición fagocitado por Podemos), pero fue severamente castigado por la Ley D’Hondt de cara a obtener diputados. Así, en las autonomías donde no concurrió en coalición, IU obtuvo cerca de un millón de votos, que se tradujeron en 2 diputados. No obstante, contaría en la cámara con 5 diputados en total, pues obtuvo otros 3 en las coaliciones En Comú Podem en Cataluña (2) y En Marea en Galicia (1). El millón de votos de IU, en todo caso, evitaría que fuese ninguneado por Podemos en una posible coalición, mostrando de paso que, pese a que con el sistema provincializado apenas se traduzca en escaños, posee una fuerza nada desdeñable en número de votos que podría resultar clave en una coalición Podemos-IU (de cara a sobrepasar al PSOE).

 

Saliendo ya de las grandes formaciones, cuya nueva correlación de fuerzas veremos en menos de dos meses, hay cuestiones interesantes a valorar respecto a aquellas formaciones de ámbito autonómico. En Cataluña se dirimirá un interesante duelo en el seno del catalanismo, donde ERC y DiL pugnarán por ser la fuerza preponderante dentro del nacionalismo catalán, habiendo estado separados por apenas 34.000 votos hace medio año. Se da por hecho, eso sí, que la coalición En Comú Podem será la que venza en Cataluña en las nuevas generales, por encima de las dos fuerzas nacionalistas catalanas, a las que sacó más de 300.000 votos en diciembre.

 

En el País Vasco, por su parte, si bien Podemos fue la formación más votada, fue el PNV quien obtuvo más escaños. No obstante, en este caso una hipotética coalición Podemos-IU podría tener como resultado que ésta venciese al PNV tanto en votos como en escaños. De repetirse los resultados de diciembre, en Álava el PSOE perdería su escaño, que iría a Podemos-IU, aunque los 3.000 votos que separaron a PSOE de PNV en esta provincia se traducirían en que quizá el diputado lo acabase perdiendo el PNV, lo que supondría que por primera vez en democracia el nacionalismo vasco se quedase sin representación por Álava en el Congreso. En cuanto a Vizcaya, una coalición Podemos-IU, con los resultados de diciembre, desbancaría al PNV del primer escalafón y le haría perder un escaño (que sumaría Podemos-IU), mientras que en Guipúzcoa esta coalición no produciría efectos respecto al reparto de escaños.

 

En el País Valenciano, el PP repetiría a priori como fuerza más votada, pero una coalición entre la actual Podemos-Compromís e IU podría significar que fuese por poco margen, y que ésta superase al PP en la provincia de Valencia, dándose por hecho que PSOE y Ciudadanos, como en diciembre, quedarán bastante por detrás.

 

Respecto a Andalucía, la probable coalición Podemos-IU tendría importantes efectos y haría perder al PSOE un escaño en Jaén y otro en Sevilla, así como a C’s el escaño de Almería, quedando bailando los que obtuvo en Cádiz y Córdoba, que también podría perder. En Aragón y Asturias, por su parte, la coalición izquierdista pasaría al PSOE como segunda fuerza, haría perder al PP un escaño en Teruel y otro en Zaragoza, y C’s perdería el suyo en Asturias, por lo que se daría un triple empate a 4 escaños en Aragón entre PP, Podemos-IU y PSOE, y un doble empate a 3 en Asturias entre PP y Podemos-IU, donde esta última coalición podría superar al PP como la más votada.

 

En las Islas Canarias, el mapa cambiaría ligeramente, la coalición Podemos-IU desbancaría al PP como primera fuerza en Las Palmas y al PSOE como segunda fuerza en Tenerife, arrebatándoles un escaño a cada uno y erigiéndose con 5 escaños en primera en representación en las islas. Pero, sin duda, uno de los territorios donde más alteraría una hipotética coalición Podemos-IU el reparto de escaños sería en Castilla-La Mancha, siendo Ciudadanos el gran damnificado, que perdería sus escaños por Albacete y Guadalajara, mientras que el PP perdería uno en Ciudad Real y el PSOE uno en Toledo. En Murcia, por su parte, dicha coalición se traduciría en la pérdida de un escaño por parte de Ciudadanos, que ganaría Podemos-IU.

 

Las comunidades autónomas donde la formación de dicha coalición no supondría cambio alguno en el reparto de escaños serían Baleares, Cantabria, Extremadura, Madrid, Navarra y La Rioja, mientras que en la de Castilla y León el único efecto (aunque no derivado de ello) sería la pérdida de un escaño por parte de Ciudadanos, escaño que no ganaría nadie, ya que sería el resultado de que la provincia de León elegirá en junio un escaño menos por pérdida de población.

 

De todos estos datos se desprende que, si se dan unos resultados en votos similares a los de diciembre, una posible coalición Podemos-IU haría variar el resultado en escaños bastante más de lo que a priori pudiese parecer. La formación menos perjudicada por ello sería el PP, que se mantendría como primera fuerza, mientras que la segunda posición se dirimiría en una disputa abierta entre PSOE y la coalición Podemos-IU, que en votos parece claro que ganaría la coalición, pero que en escaños no está del todo claro quién podría quedar por delante. Ciudadanos, de repetir resultados, bajaría a una horquilla entre 30-35 escaños, mientras que entre las formaciones nacionalistas apenas se esperan cambios con la única salvedad del PNV, que podría verse superado por Podemos-IU en número de escaños en el País Vasco.

 

Nos quedan menos de sesenta días ya para las nuevas elecciones y aún queda mucha tela que cortar. No obstante, si finalmente se concreta la coalición entre Podemos e IU los resultados parece que serán bastante diferentes a los de diciembre, y la suma de las izquierdas podría llegar a sumar (o rozar al menos) la mayoría absoluta, algo que se antoja casi imposible entre las derechas, a las que sólo les quedaría la baza de buscar la denominada ‘gran coalición’. Veremos qué parlamento sale del 26 de junio.