Domingo, 17 de diciembre de 2017

A las urnas

Por fin se ha desvelado el panorama. El volver a las urnas no es ningún fracaso. El fracaso es que los partidos políticos no hayan sido capaces de entenderse y de llegar a un acuerdo. Pero las urnas son signo de libertad y de democracia. Por eso, supuesto el intento de llegar a formar gobierno por parte de diversas formaciones políticas sin el menor éxito, hemos de alegrarnos de poder intentar arreglarlo volviendo a depositar nuestro voto en las urnas, que son urnas de libertad. Que el pueblo se exprese. Que aproveche el espectáculo que han dado nuestros políticos y, con la lección aprendida, vayamos todos a expresar nuestro voto y nuestros deseos y expectativas con la alegría y la responsabilidad con que el pueblo es capaz de dar lecciones a sus propios dirigentes.

¿Por qué no se han entendido nuestros políticos? ¿Por intereses personales o de grupo? ¿Por ideologías cerriles que cierran nuestros ojos y, sobre todo, nuestros corazones? Habíamos pensado que ya éramos un país moderno y guiado por valores de libertad y grandeza, y nos encontramos con una vuelta atrás, a un siglo antes, en que los radicalismos ideológicos hacían imposible todo entendimiento y nos llevaban a discusiones, enfrentamientos verbales e incluso violencia y guerras.

¿No podríamos conseguir unas actitudes de respeto, de discusión normal y de pactos de entendimiento que nos permitan salir adelante con dignidad y realismo? Si algo han favorecido estos cinco meses de intentos de solución y de espera, es precisamente la clarificación de las posturas de cada uno y de nuestros partidos políticos y dirigentes, con lo cual podemos participar con mayor responsabilidad y conocimiento de causa en las nuevas elecciones que tenemos oportunidad de poner en marcha para sacar adelante la marcha futura de nuestro país. Ojalá con posturas de entendimiento y cercanía, aunque cada uno mantengamos nuestro pensamiento y nuestras preferencias.  Los votos simplemente favorecen el sistema para clarificar los deseos y esperanzas con los cuales podemos encontrarnos en un lenguaje común y que, respetando las reglas marcadas por nuestras leyes, nos permiten acercar posturas y dar importancia a lo que es importante, dejando en segundo lugar lo que puede esperar hasta una nueva oportunidad electoral.

Nos quedan un par de meses para reflexionar y, viendo dónde han estado nuestros fallos, intentar encontrar una salida digna que ponga en marcha un país y una sociedad de moderación, que nos muestre como un país moderado y digno de una sociedad moderna que nos ofrezca una ilusión y una esperanza de futuro. Supuestos los deseos y voluntad expresada en los votos por los ciudadanos, que los responsables del gobierno y de los servicios al pueblo y, contando con la experiencia y la sabiduría de los técnicos, contribuyan a llevar adelante un proyecto común de país, que nos una a todos más o menos en los planes económicos, políticos y educativos que necesitamos.

En esta práctica de convivencia, podrían darnos algún modelo de práctica de vida común la que mantienen la dignidad de las organizaciones religiosas, conventos y familias de vida común. En ellas siempre el gobierno de la comunidad y las decisiones comunes de importancia se deciden por los votos de sus miembros, ateniéndose siempre a las reglas y reglamentos por las que se gobiernan.

Otras sociedades de buen gobierno podrían servirnos de modelo y estímulo, y animarnos a aprovechar su ejemplo para lograr buenas prácticas de convivencia política, económica y ciudadana. Cualquier mal entendimiento es preferible a todo tipo de enfrentamiento y violencia. Esperamos que las urnas, cuya práctica vamos a tener oportunidad de ejercitar, nos ayuden a encontrar caminos de reflexión y de cercanía, en la que todos saldremos ganando. ¡Viva la democracia!