Jueves, 14 de diciembre de 2017

De nuevo el 25 de abril

España y Portugal siguen caminos paralelos desde hace décadas. Aunque en los setenta, utilizaron distintos procedimientos para llegar a una, entonces, deseada democracia: en la primera fue una transición y en la segunda una “revolución”, con el paso del tiempo se han vuelto a encontrar en las consecuencias de una gestión llevada al margen de la voluntad de sus pueblos respectivos quedando en manos de personas e instituciones que no son, ni votadas, ni utilizan medios democráticos en sus decisiones.

Esta semana se está celebrando a medias el cuadragésimo segundo aniversario de la revolución de los claveles en el país hermano. Digo a medias porque la división entre el poder político y económico por un lado, y el pueblo por otro, ha sido más que evidente. Cual espejo en el que mirarnos, como lo hicimos antaño, España sigue un camino demasiado parecido, desgraciadamente, como si se hubieran puesto de acuerdo los ladrones de dinero y de voluntades a ambos lados de la Raya en robarnos toda la ilusión que ambos pueblos crearon en los duros años de las dos dictaduras más largas del siglo pasado en el continente europeo a base de torturas, encarcelamientos, asesinatos o sentencias de muerte.

Hay que reconocer que hemos perdido, que nos siguen ganando, no ya la batalla, sino lo que decía una pancarta en una de las manifestaciones habidas en España a raíz de la degradación del estado del bienestar que nos ocupa: NO ES CRISIS NI ESTAFA, ¡¡ES LA GUERRA!! Y LA VAMOS PERDIENDO y además por goleada, añado.

Algunos dirán que hemos ganado la democracia, son los mismos que decían hace unos años que en España nos la dio Suárez. Ni nos la dio, ni la hemos ganado, simplemente la democracia, aún no ha llegado, ni en fondo ni en forma. Los caciques de pueblo siguen estando a sus anchas, haciendo y deshaciendo a su antojo con el consentimiento del poder, que para eso está, la gente no participa sino en los foros de internet o en los de la TV, no en su pueblo o en su barrio, el pueblo en la calle es demonizado como ocurrió el 15-M y el 22-M, los políticos, banqueros, mercachifles, y gente sin sentido de la solidaridad se lo llevan a manos llenas a paraísos fiscales, la casa real, en España, vive a todo lujo aunque se equivoque alguno de sus miembros , los empresarios despiden sin rubor y casi gratis, los sindicatos mayoritarios se venden, el gobierno en funciones hace lo que da la gana y justifica a quien le perece, los demás partidos al verlas venir (las próximas elecciones) los ricos cada día más ricos y los pobres aumentando en número, la gente se queda sin sus casas, los medios represivos son cada vez mayores, los cantamañanas salva-patrias salen por cualquier lado, los asesinados por el fascismo en los años oscuros siguen estando en las cunetas, los parados de cuentan por millones, la corrupción se extiende como una mancha de aceite, la gran banca tiene cuantiosos beneficios y el nazismo resurge amparado por los gobiernos mientras el poder judicial sometido al político reprime o aparta a los jueces que son díscolos o sigue dejando que miles de personas que huyen de las guerras de sus respectivos países se encuentran con otra guerra: la insolidaridad de los dirigentes de las “democracias” y la venta por un puñado de monedas de las responsabilidades que otrora generaron en sus países de procedencia.

Mientras tanto el pueblo, salvo casos contados como Stop Desahucios, PAH, 15-M, 22-M, Gamonal y poco más, duerme el sueño democrático que nunca llega, mecido por el pan y el circo futbolero y Portugal sigue siendo un espejo, republicano eso sí, de esta misma situación.

No me extraña que los que propiciaron la revolución de los claveles no hayan participado en los actos oficiales del neo-fascismo democrático asentado en el poder de la Troika y del dinero y que surjan voces de que es necesario otro 25 de abril, pero ahora le toca al pueblo, no al ejército. Si la historia se repite, el pueblo portugués y el español debieran revelarse de la misma manera y al unísono. Desde aquí propongo humildemente que ambos pueblos, portugueses y españoles o españoles y portugueses, tanto monta, nos unamos y luchemos contra el enemigo común juntándonos y al unísono, acabemos de una vez por todas la guerra que llevamos perdiendo desde hace demasiados años que aunque el enemigo se disfrace sigue siendo el mismo, nosotros también, pero de otra forma y además somos muchos más y tenemos la fuerza de la razón.

 

Victorino García Calderón