Lunes, 18 de diciembre de 2017

El cinturón va repartiendo agujeros...

            “ … un marido pedíale a su mujer que ahorrase aquel gasto, que no podía mantener; así entró un día éste con dos nuevos lebreles; y enfurecióse la señora, pero para quitarle, la razón, la dijo: “Calla, amiga, ¡no ves que siendo más los perros se reparte entre muchos el hambre, y les alcanza a menos!”…”

            Vista la historia castiza, parece que es lo mismo que la política y la economía  vienen aplicando a los ciudadanos. Cuantos más son los jodidos parece que a menos jodienda les toca. Cada día asistimos a explicaciones y encuestas más o menos amañadas y menos claras. Eso sí a miles o a puñados de familias no les salen ni las cuentas, ni siquiera a mitad de mes. El cinturón como a los lebreles va pasando y repartiendo agujeros.

            Una vez más es triste ver que desde algunas tribunas se aprovecha para hacer una campaña política sin respuestas a las demandas. ¿Qué nos queda a unos ciudadanos ante actitudes y discursos que se limitan en plena coyuntura de crisis económica y social a criticar a un candidato o representante de la oposición, o ante unos informativos que se preocupan de tal señorita de dudosa virtud, o señorito defraudador, y que no son capaces de informar de lo que se debate en los foros sociales más que políticos, y se fijan en lo folklórico de tal situación, sin dejar de hablar de fútbol, o de algún misil o satélite, etc.? Sin explicar las causas de que el Banco Central Europeo o la Reserva General Norteamericana no saben qué hacer un día sí y otro también, y el baile de las bolsas al son del barril de petróleo, en definitiva al son de los países que lo producen.

            La información no se da de forma clara y concisa mientras la ira latente de los pobres y ciudadanos de todas partes aumenta, gracias a los escándalos en los que siempre hay políticos, a la vida de la gente de la farándula, y a las fantasías televisadas en las que aparecen estilos de vida opulentos acompañados habitualmente de una conducta flagrantemente inmoral.

            El crecimiento es el alma de la economía, pero el bienestar general ya no guarda una correlación con el crecimiento, pues en muchos casos provoca el empobrecimiento de la mayoría, mientras el gran capital, hemos visto, va a parar a paraísos fiscales. Vivimos en un mundo y en una sociedad trágicamente mal gestionada, que va a costar tiempo de cambiar, pues no hay otra, y el pobre no tiene tiempo para cambiar el rugido continuo de sus tripas esperando el “sum sum corda” que le aplican. Cada día nos abandonamos más, viendo o no queriendo ver lo que vemos, porque ya no entendemos que significa el “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Nuestro idioma es el más rico del planeta pero es el que probablemente tiene más ciudadanos cansados de palabrería.