Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Pálpitos populares

Algo se mueve en el Partido Popular, parece que algo palpita en su interior.

Doy fe que el partido de la gaviota es mucho más que las caras que vemos en la prensa, que butacas en salones de plenos y parlamentos varios. También puedo constatar que hay buenas y honradas personas representándonos a todos nosotros con la doble pe en sus espaldas.

Pero con la misma certeza no me duelen prendas en teclear, no sin cierto rubor, que hoy el Partido Popular, este Partido Popular. El de aquí, el de allá y el de maracuyá. Necesita abrir puertas y ventanas para convertirse en una organización moderna, que de respuestas dentro y  fuera. Y trinque de una vez el pulso del vulgo.

Hace años que el partido, hoy de Rajoy, ha dejado de tener los mejores proyectos, las mejores iniciativas. Enrocado como nunca en una espiral de supervivencia, de corporativismo rancio y lealtades convenientes que lo asfixian. Donde la critica genera sospecha, lo dispar asusta y las verdades se revisten de felonía.

Y era de esperar que ante todo esto, no tardaran en emerger voces que desde el propio intestino del centro derecha pidan ese golpe de timón, ese cambio de rumbo, que insufle no solo cordura. Si no que desate las ataduras a una formación que se pasea con cierta sensación de inercia en un panorama político necesitado de algo más que  ese dejarse llevar con discursos vacuos y canijos.

A título individual, algunos han sido los que han levantado la mano pidiendo visión y adaptación, eso si desde fuera de la arena. Otros, de manera colectiva, como la Red Floridablanca, abren canales contra ese inmovilismo que pierde votos y atornilla sillones. Pero ahora han sido los más de mil afiliados populares agrupados en el Foro de Pensamiento y Desarrollo, los que han dado un golpe en la mesa con una demanda a su propio partido por pasarse los estatutos, su biblia de funcionamiento, por el arco del triunfo. Y es que hace más de un año que se debería haberse celebrado congreso nacional, máxima expresión de democracia interna, para elegir nueva dirección del partido. Y el Sr. Congreso ni está ni se le espera. Por cierto, en Salamanca la demora congresual  sigue el mismo guión, se celebrará cuando toque…

Y en medio del lío se encuentra nuestro políticamente polifacético alcalde, y Presidente del Comité Nacional de Derechos y Garantías, acusado de ningunear al colectivo que harto de apelar a que se les escuche tiran por la vía judicial. Y es que ya se sabe que es complicado eso de abarcar y apretar…

Un claro ejemplo de cómo anda la cosa. Militantes que piden congresos cuando tocan de verdad, que además les gustaría que fuesen puros y abiertos a todos los afiliados. Que abogan por la modernidad, el control y la renovación. Que no contentos con eso, se rebelan contra una corrupción ante la que hay que asumir responsabilidades sin miramientos ni dobles discursos. Pero que sobre todo añoran ser escuchados. Vamos, una verdadera  locura…

¿Y que se encuentran? Un partido torpe, incapaz de cumplir sus propias normas, de argumentos tardos. Con un Fernández Mañueco que da la sensación, solo la sensación, de estar más pendiente de los jefes que de los indios. Y es que ya saben que en este negociado los que deciden, al menos de momento, no son los nativos.

Pero lo peor del asunto es el soniquete o el aria, como prefieran. No es la primera vez que en los últimos tiempos se oye o se lee, también en esta tierra charruna, eso de pedir reuniones, intercambio de pareceres, sin que nadie responda ni de la cara. Parece que lo de “hacerse un Rajoy” es lo más in. Dejar que la cosa fluya, que se desvanezca por ciencia infusa como decepcionante constante.

No sé hasta donde llegará la cuestión, si finalizará con una buena sesión de maquillaje, con un congreso de los de antes o de los de ahora. Pero si que espero y deseo que de una vez por todas el Partido Popular se suba al carro de la nítida transparencia, el dialogo noble, el aire puro y la participación abierta.

Habrá quien utilice la deslealtad para etiquetar este tipo de movimientos, el resquemor, las ansias no satisfechas. Pero creo que no hay más deslealtad, resquemor y ansia enganchada,  que la de quien  con el mandato bajo el brazo elude responsabilidades, huye del dialogo, señala al discordante y traiciona lo colectivo a favor de adquirir el máximo de flotabilidad. Creo que hay pocas cosas que destilen más lealtad que intentar mejorar, evolucionar e intentar evitar la necrosis.

Pero tampoco me hagan mucho caso, esto no es más que una simple opinión sobre un pálpito. Otro desahogo semanal más sobre esas cosas que pasan.