Domingo, 17 de diciembre de 2017

Versos en blanco y negro

Vivir al rojo vivo, escribir en blanco y negro,  parece haber sido la consigna de un poeta tan fecundo como silenciado hoy ... Tal vez sea mejor así, para aquel que dirigiéndose  " A la inmensa mayoría",  "que amó vivió y murió por dentro, y un buen día bajó a la calle y comprendió: entonces rompió todos su versos "

El centenario de Blas de Otero (Bilbao 1916- Madrid 1979) ha pasado por la orilla de la primavera  sin pena ni gloria. Sus versos desnudos, desgarrados, en pleno auge del existencialismo francés de mitad del siglo pasado, con el que compartió el afán de diálogo  con el absoluto y  el abismo de la nada como horizonte de la condición humana,  parecerán antiguos a unos, demasiado dramáticos  a otros. Las viejas ediciones de Losada en las  carpetas universitarias alimentaban, sin embargo, palabras nuevas  y  esperanzas  inéditas  de muchos jóvenes o menos jóvenes durante el franquismo.

Blas de Otero pasó de ser niño de buena familia, estudiar en los jesuitas,  gustar de   los toros, estudiar derecho,  a  trabajar en la mina, en los campos, y exiliarse en París. Al mismo tiempo  que  transitó desde una profunda religiosidad,  que parecía anclada en la ferocidad solemne del antiguo testamento, a un humanismo  absolutamente compasivo ( al modo de Camus)  que le llevaría a  afiliarse al partido comunista.

"Soy un hombre sin brazos, y sin cejas, y acaso

una sábana extiende su palor desde el hombro;

voy y vengo en silencio por la haz de la tierra,

tengo miedo de Dios, de los hombres me escondo."

Biografía y bibliografía  se superponen  en Blas de Otero con trazos sangrantes, en pinceladas intensamente expresionistas, como si de un mural se tratara, y lo que se ha dado en llamar poesía social, se nos torna en su voz relato de una época;   como el jinete azul de Kandinsky:   a medida que la figura se va desdibujando sobre la superficie colorida y confusa de la historia, a veces estridente y chillona, se perfila con más nitidez ese impulso vital, ascendente, rotundo, único, de compromiso con la verdad.

Ampliamente reconocido con premios y honores, siempre fuera de España, donde sufrió la censura,  además de Paris,  viajó a China, la URSS, Cuba, etc. Vasco, español y universal  el poeta "fieramente humano" viene a morir cuando en su querida patria ya soplan aires nuevos. Su trayectoria poética, forjada de preguntas y dudas, intempestiva, reivindicativa, iconoclasta,  desmitificadora de certezas,  es realmente paradigmática. Puede ser muy instructivo leer sus versos hoy,   para tratar de entender nuestra historia reciente,  esclarecedor  sobre el desvalimiento que nos asiste, sobre la confusión y el cansancio de eso que llaman identidades líquidas: "Ni una palabra /brotará en mis labios /que no sea /verdad./Ni una sílaba, /que no sea  /necesaria. /Viví /para ver /el árbol /de las palabras, /di /testimonio /del hombre, /hoja a hoja."