Viernes, 15 de diciembre de 2017
Ledesma al día

Joaquín Araújo reinvidica la poesía como “el lenguaje de la naturaleza”

Literatura, paisaje y cultura se dan la mano en un paseo para descubrir dos nuevas placas con los poemas del escritor y naturalista
Joaquín Araújo ha descubierto la segunda placa en la Peña del Castillo

Respira el paisaje toda la luz de mis ojos. Pero sigue dormida. Oigo hasta el murmullo de la savia que busca cielos. Pero sigue callada... Son los versos del poema Me devolvió la mirada, de su último libro El Placer de contemplar leídos por su autor, Joaquín Araújo, y que ya forman parte del Libro Abierto de Juzbado. Versos que miran hacia el paisaje ribereño de Juzbado, y que han quedado grabados en una de las dos placas de bronce descubiertas este Día del Libro -colocadas en la conocida como casita de Agustina y en la Peña del Castillo- en un paseo que ha aunado naturaleza y literatura, y en el que ha estado acompañado, entre otros, por el poeta salmantino Raúl Vacas y el director del Centro de Iniciativas Ambientales Raúl de Tapia. Un encuentro para reinvidicar “el derecho de los pueblos a la cultura de calidad” y, en especial, una invitación a contemplar, punto de partido esencial para “aprender y respetar”. En palabras de Raúl Vacas, “Araújo nos ha enseñado a reflexionar sobre el paisaje, a tratar de ser lo que vemos”. “No es lo mismo mirar que contemplar, porque esto último exige reflexionar”. 

La poesía es la traducción del lenguaje de la naturaleza, porque los poetas son naturalistas y los naturalistas son poetas”, ha subrayado Araújo. Naturaleza y poesía van de la mano en una sociedad, apuntó, “que ha desertado de las dos cosas más importantes para comprenderse a sí mismo, leer y contemplar, y el de la naturaleza es el libro más grande para ser leído”. 

Tras el paseo literario ha tenido lugar un pequeño acto poético, con firma de libros, con El placer de contemplar, a cargo de Joaquín Araújo, y Niños Raros, de Raúl Vacas, para los más pequeños. 

El proyecto Juzbado Libro Abierto cuenta ya con una treintena de placas repartidas por el municipio. Todas ellas invitan a la lectura poética y a la contemplación y enriquecen un legado que nos recuerda la necesidad de reinventar el mundo rural.