Lunes, 18 de diciembre de 2017

Un payaso, un viejo y un burro

   Un párroco afirmaba con profunda convicción que, para que hubiera una buena comunidad se necesitaba en ella un payaso, un viejo y un burro.

   Un payaso, para que ayude a reír, para que la gente no se ponga demasiado seria, creyendo que Dios no podrá hacer nada sin ella.

   Un viejo, para que se dé tiempo al tiempo, sin desanimarse si las cosas no se consiguen a tiempo.

   Un burro, para persistir y aguantar el trabajo duro.

   Los tres personajes son necesarios, sin que uno domine sobre los demás. Se requiere un payaso que no sea muy burro, ni demasiado viejo, un viejo que no sea payaso y un burro que no sea viejo (José Marins).

   “Para que haya una buena comunidad, no pueden faltar un payaso, un viejo, un burro”. Para que la Iglesia cumpla su misión. Dios regala distintos carismas a sus fieles. Y se los ha regalado y los sigue dando  a nuestra Diócesis de Salamanca en su tarea de evangelización.

   Dios llama a personas, Abrahám, Moisés, no para sí solas, sino para prestar un servicio comunitario. Todas las comunidades de la tierra serán benditas por medio de ellos.

   Jesús llama a los discípulos a servir, no para que adquieran un estado especial o unos privilegios. Ellos tienen que ser la luz del mundo, para trabajar con Dios para Dios,  por su gloria.

   Cristiano es aquel que sigue a Jesús. Dios habla al corazón de cada persona y lo hace providencialmente, acomodándose al oído de cada uno. La llamada va encaminada a un compromiso eclesial.

 Pablo habla de cómo se manifiesta Dios y cómo él reparte sus dones, “carismas”, a cada uno para el servicio y beneficio de la comunidad. Ser apóstol, profeta, predicador, administrador…esta variedad de carismas debe ponerse al servicio de la comunidad eclesial.

   Los carismas, dados por el Espíritu, no se dan a un grupo particular, y aunque cualquier bautizado puede recibirlos, no se pueden separar de la comunidad. Todos van encaminados a la unidad y, del mismo modo, que el cuerpo es uno y tiene varios miembros, así la comunidad eclesial necesita de todos los dones para la construcción del Reino de Jesús.

   Y para servir no hay otro camino que el mismo que escogió Jesús: el de hacerse humilde y pequeño, el de optar por el último lugar. Quien desea trabajar en el Reino, ha de caminar en debilidad para que triunfe la fuerza de Dios, sufriendo incomodidades, angustias, persecuciones por amor a Jesús y por la salvación de la humanidad.

   Jesús no tiene, manos, pies, ojos, lengua, corazón.

 . Necesita nuestras manos para seguir curando, bendiciendo;

 . Nuestros pies para correr detrás de la oveja descarriada;

 . Nuestros ojos para mirar con amor y ternura a cada uno;

 . Nuestra lengua para anunciar la Buena Nueva;

 . Nuestro corazón para seguir amando…